El presidente libanés, Joseph Aoun, anunció este miércoles que el Líbano acudirá este jueves al Departamento de Estado de Estados Unidos para reclamar la extensión del alto el fuego pactado con Israel y el cese inmediato de las demoliciones masivas de viviendas que las fuerzas israelíes llevan a cabo en el sur desde que entró en vigor la tregua. Beirut estará representado por Simon Karam, ex embajador libanés en Washington, en lo que constituirá la segunda ronda de negociaciones directas entre los dos países en dos semanas.
“La posición del Líbano en las próximas negociaciones es clara: ninguna concesión, ninguna transigencia y ninguna rendición, excepto aquellas que garanticen la soberanía del Líbano y los intereses de todos los libaneses”, declaró Aoun ante una delegación parlamentaria, según un comunicado de la Presidencia. El jefe de Estado pidió que el país presente una postura “nacional unificada” para impedir que Israel se aproveche de sus “debilidades internas”.
La primera ronda tuvo lugar el 14 de abril en Washington, cuando la embajadora libanesa Nada Hamadeh Moawad y el embajador israelí Yechiel Leiter se reunieron durante más de dos horas bajo la mediación del secretario de Estado Marco Rubio. Aquellas conversaciones, las primeras directas entre ambos países desde 1993, derivaron en la entrada en vigor de un alto el fuego de diez días el pasado viernes. Beirut aspira a que la tregua abra paso a negociaciones para un acuerdo estable a largo plazo, un objetivo que el grupo terrorista chií Hezbollah rechaza frontalmente.
La realidad sobre el terreno complica esa perspectiva. Desde que entró en vigor el cese de hostilidades, las fuerzas israelíes han continuado con operaciones de demolición en localidades del sur, entre ellas Khiam, Naqoura y Chamaa, según la Agencia Nacional de Noticias del Líbano. El Centro Nacional para Peligros Naturales y Alerta Temprana registró 220 violaciones del acuerdo solo en los primeros días de vigencia, entre ellas 52 ataques de artillería, 15 incidentes con armas automáticas y siete bombardeos. Un alto cargo aliado del presidente del Parlamento, Nabih Berri, denunció que Israel destruyó inmuebles en 39 aldeas y calificó los hechos de “crimen de guerra”.
Israel justifica las demoliciones como parte de una “zona de defensa avanzada” en la franja fronteriza, medida que impide el retorno de desplazados y que Beirut exige suspender de inmediato. Las conversaciones se desarrollan sin Hezbollah, cuyo líder, Naim Qassem, tildó las negociaciones de “inútiles” y acusó al gobierno de ofrecer “concesiones gratuitas” al enemigo.
El actual gobierno libanés llegó al poder a comienzos de 2025 con un programa que incluía el desarme de grupos armados no estatales. Desde entonces, Beirut declaró persona non grata al embajador iraní, prohibió las actividades de la Guardia Revolucionaria y criminalizó la actividad militar de Hezbollah, lo que marca una ruptura con la posición histórica del Estado libanés frente al grupo. Aoun ha defendido la vía del diálogo argumentando que las guerras anteriores solo produjeron “muertes, destrucción y desplazamientos”.
La posición israelí es sustancialmente distinta. Tel Aviv enmarca las conversaciones como negociaciones orientadas al desarme de Hezbollah y no ha aceptado ningún compromiso de retirada del sur del Líbano. Washington instó a las delegaciones a mantener un diálogo “directo y de buena fe”, mientras Trump anunció que invitaría a Aoun y a Netanyahu a la Casa Blanca.
La brecha entre las posiciones hace improbable un avance sustancial el jueves. El Líbano quiere el alto el fuego ampliado antes de abordar cualquier otro asunto; Israel insiste en el desarme de Hezbollah como condición estructural. Entre tanto, el reloj de la tregua de diez días corre y las excavadoras israelíes siguen trabajando en el sur.
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