Viale es una localidad donde todos se conocen. Pero también por su dimensión demográfica y humana, a veces el silencio también puede ser una forma de ejercer el poder. Este fin de semana, un episodio que pudo haber terminado en tragedia vuelve a poner en el centro de la escena a los llamados “hijos del poder”: jóvenes que, amparados por la posición social, económica o política de sus familias, parecen moverse al margen de las normas que rigen para el resto y ante la pasividad de las autoridades.
El hecho es tan simple como alarmante. Al menos ocho menores de edad -ninguno habilitado para conducir- circulaban en un automóvil por un camino rural cuando protagonizaron un siniestro vial. El desenlace, afortunadamente, no dejó víctimas fatales ni heridos graves. Pero, el verdadero escándalo no radica solo en la imprudencia juvenil, sino en lo que ocurrió después.
Según fuentes policiales, no hubo intervención formal de la Fuerza de Seguridad por pedido expreso de la autoridad municipal. En el lugar actuó la Guardia Urbana, y en medio del procedimiento se hizo presente un influyente dirigente político, vinculado a uno de los menores, quien habría sugerido -tras comunicarse con el actual intendente- evitar dar aviso a la Policía y resguardar el vehículo para ocultar pruebas.
Ese accionar configura, al menos, un preocupante manto de protección institucional. La pregunta es inevitable: ¿qué habría ocurrido si el accidente hubiese tenido consecuencias fatales? ¿Se habría intentado ocultar de la misma manera?
La indignación no tardó en llegar, incluso entre las propias familias involucradas. Porque la irresponsabilidad no es solo de los menores que conducían sin autorización, sino también de los adultos que permiten, facilitan o encubren estas conductas.
En Viale, el concepto de “hijos del poder” deja de ser una etiqueta abstracta para convertirse en un problema concreto. Cuando las normas se vuelven flexibles para algunos, la justicia pierde credibilidad para todos. Y el riesgo ya no es solo un siniestro vial evitado por milagro, sino una cultura de impunidad que crece sin freno y amenaza a toda la comunidad.

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