El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, advirtió este domingo a Estados Unidos horas después de que concluyeran sin acuerdo las primeras negociaciones directas de alto nivel entre los dos países desde la Revolución Islámica de 1979.
“Si los estadounidenses ponen de nuevo a prueba nuestra determinación, les daremos una lección aún mayor”, afirmó en un mensaje difundido por la televisión pública iraní, IRIB. Qalibaf encabezó la delegación de Teherán en Islamabad y es ex comandante de la Guardia Revolucionaria Islámica, uno de los halcones más prominentes del sistema político iraní.
Las declaraciones se produjeron tras el colapso de 21 horas de conversaciones en la capital paquistaní que no lograron salvar las diferencias sobre el programa nuclear y el Estrecho de Ormuz. El vicepresidente estadounidense JD Vance, que encabezó la delegación de Washington, confirmó el fracaso antes de abandonar Pakistán: señaló que no se había alcanzado ningún acuerdo y que eso era una mala noticia para Irán mucho más que para Estados Unidos.
Qalibaf rechazó que las presiones norteamericanas puedan doblegar a Teherán. “No nos someteremos ante ninguna amenaza. Las amenazas no tienen ningún efecto sobre la nación iraní”, sostuvo. Dejó abierta una vía diplomática condicionada: “Si elegís la guerra, lucharemos. Si venís con lógica, responderemos con lógica”. En un mensaje publicado en X, afirmó que su delegación presentó iniciativas de cara al futuro, pero que la parte estadounidense no logró ganarse la confianza de Teherán.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Esmaeil Baghaei, moderó las expectativas al señalar que nadie debería haber esperado alcanzar un acuerdo en una sola sesión, según la emisora estatal IRIB. El ministro de Exteriores paquistaní, Ishaq Dar, instó a ambas partes a mantener el alto al fuego anunciado el 8 de abril, subrayando que era imperativo que continuaran cumpliendo su compromiso con el cese de hostilidades.
Las conversaciones de Islamabad constituyeron el encuentro directo de mayor nivel entre Washington y Teherán desde la Revolución de 1979. La guerra estalló el 28 de febrero cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques masivos contra Irán, incluido el asesinato del líder supremo Alí Khamenei. El conflicto lleva seis semanas y ha causado más de 2.000 muertos. La delegación iraní llegó vestida de negro en señal de luto y portó pertenencias de estudiantes muertos en un bombardeo sobre una escuela contigua a un complejo militar, hecho que el Pentágono dijo estar investigando.
Los dos puntos de ruptura fueron el programa nuclear y el Estrecho de Ormuz. Washington exigió un compromiso vinculante de que Irán no desarrollará armas atómicas ni accederá a las herramientas que se lo permitan. Teherán rechazó esa condición, reiterando que su programa es de uso civil, pese a que antes de la guerra enriquecía uranio a niveles muy por encima de cualquier aplicación pacífica y obstruía sistemáticamente la labor de los inspectores internacionales. Irán exigió además el reconocimiento de su control sobre el Estrecho de Ormuz —por el que transita el 20% del suministro mundial de crudo— y el fin de todos los combates en la región.
El tono confrontacional de Qalibaf contrasta con la mesura del Ministerio de Exteriores: dos registros de una misma estrategia que busca sostener la presión retórica sin cerrar la puerta a un entendimiento que, por ahora, ninguna de las partes parece dispuesta a alcanzar al precio que la otra exige.
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