Un hombre que pasó toda su vida en el campo y cuidando animales en una isla, con la honestidad de quien responde sin vueltas y la frescura de la memoria de quien vive al aire libre, comprometió a un productor ubicado en el extremo opuesto del desigual orden social rural: Leonardo Airaldi, un ganadero con miles de hectáreas y miles de cabezas. Federico Albino Ríos contó que una vez vio aterrizar en su isla El Pillo a dos avionetas y a un helicóptero, lo que complicó aún más la posición del productor en el juicio por narcotráfico. Ese mismo día declaró un exempleado de Airaldi que, sin cuestionar al patrón, mostró un gran temor cuando se reprodujo un audio en el que le advertían: “le metería un tiro en la frente si no cumplía con su trabajo”.
Airaldi, terrateniente y expresidente de la Sociedad Rural de Diamante, está acusado en dos expedientes acumulados en un único juicio: por un lado, por organizar la distribución y venta de drogas en Diamante y Paraná; por otro, por el almacenamiento de casi 30 kilos de cocaína hallados en 2022 en la casa del puestero de su isla El Pillo, en Puerto Gaboto (Santa Fe). Airaldi se encuentra bajo el régimen de presos de alto perfil del Servicio Penitenciario Federal, en el penal de Ezeiza.
“Dos avionetas amarillas que me pasaron por arriba”
Ríos relató: “Airaldi lo conocí cuando era un gurí chico que andaba con el padre, después ya no, y las veces que lo he visto fue por televisión nomás. Estaba en frente de Diamante sobre la isla del lado de Santa Fe, isla El Simbolar, en ese tiempo era del marido de mi patrona, Edith Airaldi, cuidaba los animales. En 2024 yo me pasé a la isla del Correntoso para abajo, que es de los mismos dueños. Al padre de Airaldi lo conocí en los 90, le decían Guido, empecé a trabajar con una hermana de él, que ya está fallecida, se llamaba Mirta Nélida, sobre la isla El Pillo. Tenían un pedazo cada uno de esa isla. Yo cuidaba animales. Estuve cuatro años y siete meses con ella, después me fui con Edita Airaldi que es la prima”.
Recordó también el allanamiento del 8 de marzo de 2024: “Cuando le hacen el allanamiento, le hacen a Leonardo en la isla El Pillo, del lado de Entre Ríos. Ahí no había nadie en el puesto de Leonardo, fueron y me buscaron a mí. En ese puesto hubo gente trabajando, un tal Castañeda, pero no estaba y me buscaron a mí”.
Ante la consulta del fiscal general José Ignacio Candioti sobre si había visto vuelos en la zona, Ríos dijo: “Un día estando unos turistas en mi casa, anduvo un avión ahí. El avión se asentó en el puesto de Airaldi, en la isla El Pillo”. Luego precisó: “Eran dos avionetas amarillas, eran chiquitas. Fue el mismo día que vi el helicóptero que se asentó. Primero vi el helicóptero, porque yo había salido del campo y hacía rondas, y después se bandeó para el otro lado. Y se asentó en el puesto de Arialdi, estuvo un momentito. Después se fue y no lo vi más”.
Amplió que primero vio el helicóptero, que luego dejó de ver, y que las avionetas pasaron “una hora y media” después: “Vino la avioneta, que iban y venían, después yo llego a mi puesto, veo el helicóptero devuelta que se asienta en el puesto de Airaldi. Habrá estado 10 o 15 minutos y se fue. De lejos lo vi medio azul o gris”.
Ríos dijo además haber conocido a Diego “Pete” Torres, señalado como el puestero que tenía en su casa de Puerto Gaboto los casi 30 kilos de cocaína atribuidos a Airaldi: “Cuando yo fui estaba un Torres, que al tiempito se fue. Lo conocí porque se bandeaba para el lado donde estaba, fue unas veces a mi puesto, yo no lo conocía, y después ya no fue más. Cruzó el correntoso, me dijo que era Torres, que se llamaba Diego. Me dijo que era el puestero de El Pillo. Ni se bajó de la lancha. Las otras dos o tres veces se bajó, charlamos, pero conmigo bien. Hablamos del campo, de los animales”.
Sobre su aspecto y la embarcación que usaba, Ríos contó: “Tenían una lancha, un casco con un motor rápido, un fuera de borda, creo que era de 90 caballos. Decían que era de Airaldi, la usaba Torres. Era una lancha grande, blanca con marrón. Era un muchacho joven, morrudito, morocho, una persona más bien alta. Pelo corto y sin barba. Me lo recordaron por Pete, pero es lo que escuché nomás”.
“Un tiro en la frente”
El primer testigo del día fue Alejandro Gabriel Alarcón, un joven de Las Cuevas que dijo haber ido a la estancia en busca de changas y terminó contratado como puestero: “Salí de testigo en el allanamiento en la estancia, fue cuando lo detuvieron a Airaldi. Estaba yo y otro muchacho, Luciano Vera. Sacaron las cosas que tenían que sacar, armas largas, como 12 armas más o menos, balas. No me acuerdo, estaba más nervioso ese día que otra cosa”.
Describió sus tareas: “Cuidaba animales, vacunos y caballos, que no se perdieran, darles de comer, darles medicamentos que me mandaban de la estancia. Estaba de lunes a viernes, por ahí andaba todo el día, no tenía horarios para volver. Dormía en el puesto que estaba ahí. Iba en la lancha que estaba en la estancia, tenía un Mercury 90. Estaba solo en la isla. No había nadie más en esos cinco meses. Leonardo iba muy poco. Iba en una lancha con un 150, que conducía él. Iba con los otros peones que iban a trabajar, cuando se trabajaba con animales para vacunar y esas cosas. Leonardo anotaba los animales. Cuando yo estaba había 1300 vacunos, y habrá habido 20 caballos”.
Sobre la estancia principal, afirmó que Airaldi tenía unas 250 vacas y 80 o 90 caballos, y que allí trabajaban los hermanos Luciano y Lucas Vera. Respecto de la presencia de Airaldi en el campo, dijo: “Leonardo iba una o dos veces a la semana. Estaba un rato y después se iba. Controlaba lo que estábamos haciendo nosotros y nada más. Por ahí iba solo y por ahí con la mujer. También tenían una Amarok gris”.
Alarcón negó haber visto a Airaldi drogado o alcoholizado y aseguró que nunca oyó hablar de drogas en la estancia. A las preguntas de la defensa respondió: “¿Alguna vez vio policías en el lugar?”. “No”. “¿Vio avionetas?”. “Mientras yo estuve no”. “¿Pistas de aterrizaje?”. “No”. “¿Embarcaciones?”. “Las veces que yo estuve ahí nunca llegó nada”. Tampoco vio “otras personas, policías, gente de la política”.
Recordó además que, tras un accidente en la isla en el que se quebró una mano, fue Airaldi quien lo llevó a atenderse a la clínica de Diamante: “Teníamos un seguro por día”.
Conectado por Zoom desde el penal de Ezeiza, Airaldi le preguntó directamente sobre otros campos y pistas de aterrizaje; Alarcón respondió que no sabía ni había trabajado en Los Ombúes ni vio pistas ni vehículos desconocidos ingresar o salir.
La Fiscalía pidió reproducir un audio de WhatsApp enviado por Airaldi a otro empleado, Chano Vera: “Chano, por favor a los caballos y las yeguas encerrados, mínimamente dos raciones al día, el Ale no le da, porque si no le voy a poner un tiro en la frente”. Alarcón, serio, dijo no reconocer la voz cuando se le preguntó.
Un punto que incriminó a Airaldi fue el celular que Alarcón entregó a la Policía durante el allanamiento: era un teléfono que, dijo, le había dado su patrón para comunicarse y donde sólo tenía agendado el contacto de su pareja; en la pericia aparecieron otros contactos —Rita Tania Castellano, Leandro Canale y un tal Javier alias Ardilla— que Alarcón dijo no conocer y afirmó que “los había agendado Airaldi”.
La defensora pidió apartar al fiscal Candioti
La audiencia comenzó con un nuevo planteo de la abogada defensora Mariana Barbitta, vinculado a la causa en el Juzgado Federal de Gualeguaychú que investiga la denuncia de Daniel “Tavi” Celis sobre un supuesto plan criminal de Airaldi para atentar contra el juez federal Leandro Ríos y el fiscal general José Ignacio Candioti, ampliada por otros dos presos que sumaron como posible víctima al ministro de Seguridad y Justicia, Néstor Roncaglia.
Barbitta había pedido la nulidad de lo actuado en esa causa —rechazada por el juez federal Hernán Viri— y presentó luego un recurso ante la Cámara Federal de Apelaciones de Paraná. Allí, el fiscal general interino es Candioti, quien se inhibió de intervenir en ese expediente al considerarse una presunta víctima y alegar una posible “violencia moral”.
“La objetividad se tiene o no se tiene, no puede haber violencia moral en un expediente y en otro no”, afirmó la defensora y argumentó que, al comunicarle a Airaldi esa información, él le manifestó temor por una presunta falta de objetividad del fiscal. “No podemos consentir que Candioti sostenga la acusación en este debate. No es un motivo personal, es más, nos solidarizamos con Candioti, Ríos, el ministro de Seguridad”, agregó Barbitta.
Candioti respondió que el planteo “no tiene asidero en lo más mínimo” y explicó que su excusación fue formulada en otra causa distinta a la que se juzga en este debate, por un hecho que, dijo, no guarda relación con el proceso actual. También cuestionó la actitud de la defensa desde el inicio de las audiencias y pidió que se permita que la Justicia actúe: “Vamos a hacer el debate oral y público. Muchas veces nosotros pedimos las absoluciones. Olivero (otro imputado) está con domiciliaria porque nosotros dijimos que su participación puede ser menor. Todos nos conocen cómo actuamos, trabajemos seriamente, dejemos que la Justicia se expida en este debate y salgamos adelante”.
Tras un cuarto intermedio, Noemí Berros informó la resolución del Tribunal: el planteo de apartamiento fue rechazado. El Tribunal consideró que, aunque el fiscal general podría ser una presunta víctima en la otra causa —donde aún no existe imputación ni alguien sindicado con grado de sospecha suficiente—, en este proceso no hay indicios de que su objetividad esté afectada y recordó que Candioti nunca manifestó encontrarse en una situación de violencia moral en estas actuaciones ni se había inhibido en el juicio actual.

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