Una emboscada perpetrada por rebeldes armados en el noroeste de Nigeria dejó nueve soldados, un agente de policía y un civil muertos.
El ataque tuvo lugar la noche del martes en la aldea Giron Masa, en la región de Shanga del estado de Kebbi. Según Yahaya Sarki, portavoz del gobierno estatal, los efectivos de seguridad se habían desplazado al lugar tras recibir alertas sobre un posible atentado.
Imágenes difundidas por las autoridades mostraron vehículos calcinados de las fuerzas de seguridad en una vía rural envuelta en vegetación, un testimonio gráfico de la violencia que azota la zona.
Este episodio se suma a una sucesión de ataques de grupos armados en regiones con escasa presencia del Estado, donde tanto las comunidades como las fuerzas de seguridad han sido blanco habitual de agresiones.
Mientras la violencia se intensifica en el noroeste, el noreste de Nigeria también enfrenta desafíos por la actividad de grupos extremistas.
Las Fuerzas Armadas informaron hoy la detención de 18 personas vinculadas al suministro y apoyo logístico al grupo yihadista Boko Haram, cuando se preparaban para realizar una entrega en la localidad de Gubio, en el estado de Borno.
Las autoridades militares detallaron que, tras la captura, los detenidos confesaron su participación en el comercio ilícito de materiales, motivada por dificultades económicas.
En un mensaje en la red social X, el Ejército advirtió contra la colaboración con grupos terroristas, subrayando que cualquier tipo de asistencia, ya sea logística, de inteligencia o material, constituye un delito grave.
Desde 2009, la región ha sido escenario de ataques tanto de Boko Haram como de su escisión más reciente, el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP).
Ambos grupos buscan imponer un Estado regido por normas islámicas, en un país donde la población musulmana predomina en el norte y la cristiana en el sur.
El mensaje incluyó además un llamado a reforzar el apoyo socioeconómico a las comunidades vulnerables, con el fin de reducir la probabilidad de que la población local se involucre en actividades ilícitas a cambio de compensaciones económicas.
Por otro lado, hace unos días se registró otro hecho lamentable que evidencia la situación delictiva del país: una serie de atentados suicidas coordinados sacudió Maiduguri, en el noreste, y dejó al menos 23 muertos y 108 heridos tras explosiones en dos mercados y un hospital, según autoridades locales.
El presidente de Nigeria, Bola Tinubu, calificó los atentados como un acto desesperado de los terroristas ante la presión de las fuerzas de seguridad y aseguró que “no existe ningún lugar seguro para los extremistas” en el territorio.
Tinubu reafirmó el compromiso del Gobierno de localizar, combatir y derrotar por completo a los responsables, subrayando que Nigeria no cederá al miedo y que las Fuerzas Armadas cuentan con el respaldo total del Ejecutivo para enfrentar la amenaza.
(Con información de AP y EFE)
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