El desembarco de la activista Olivia DiNucci en el puerto de La Habana a bordo del “Granma 2.0” no fue solo simbólico: la escena fue registrada, amplificada y difundida por una red internacional vinculada a Neville Roy Singham, un empresario tecnológico estadounidense radicado en China. Según una investigación de Fox News Digital, ese entramado transfirió USD 9,1 millones a una empresa en Shanghái para la producción de propaganda alineada con los intereses del Partido Comunista chino.
La operación, que involucra a más de 200 organizaciones en Estados Unidos y el extranjero, utiliza entidades sin fines de lucro como vehículos para canalizar fondos y mensajes. Entre 2017 y 2025 se detectaron 223 transacciones por un total de USD 591 millones, que circulan a través de cinco anillos concéntricos de lo que los investigadores describen como un canal ideológico global.
Las autoridades estadounidenses han manifestado su preocupación por la magnitud de estas transferencias y la posible injerencia extranjera. El presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara, Jason Smith, afirmó que parte del dinero se destina a “sembrar discordia” dentro de Estados Unidos y reclamó una revisión del estatus fiscal de las entidades implicadas.
En el núcleo de la red operan once organizaciones sin fines de lucro estadounidenses, que habrían recibido alrededor de USD 401 millones procedentes de Singham y su entorno. Entre ellas se cuentan BreakThrough BT Media, CodePink Women for Peace y The People’s Forum Inc., todas con figuras clave vinculadas entre sí por lazos personales y políticos.
Los fondos, canalizados mediante donaciones deducibles de impuestos, financian la producción de contenido mediático —videos, transmisiones y campañas— que refuerza narrativas favorables a China y críticas a la política estadounidense. Los eventos se filman, se empaquetan y se difunden, transformando el activismo en una herramienta de propaganda.
El modelo, según expertos citados, busca debilitar la cohesión social y la legitimidad institucional, aplicando estrategias inspiradas en las doctrinas de Mao Zedong sobre el trabajo propagandístico. La red promueve ecosistemas de activismo político que presentan conflictos locales como parte de una lucha sistémica global.
Un elemento central del entramado es la relación financiera con Shanghai Maku Cultural Communications Co. Ltd., una empresa ubicada en el mismo edificio que la operación de Singham en Shanghái. Tres organizaciones estadounidenses de la red realizaron siete pagos por un total de USD 9,1 millones a esa firma para la producción de programas informativos online; según documentos fiscales, las transferencias comenzaron en 2021.
Shanghai Maku se presenta como productora de contenido alineado con la narrativa oficial del Partido Comunista chino. Entre sus directivos figura Guo Xiao, exejecutivo de la tecnológica Thoughtworks, compañía fundada por Singham y posteriormente vendida por cerca de USD 800 millones.
La proximidad física de Shanghai Maku a universidades y a figuras académicas vinculadas a Singham refuerza la integración entre el aparato propagandístico y las instituciones chinas, incluida la East China Normal University, que cuenta con una Escuela de Marxismo y promueve el concepto de “periodismo marxista”.
El funcionamiento del sistema se aprecia en episodios como el viaje del “Granma 2.0”, cubierto por medios asociados a la red, como BreakThrough News. Esa plataforma, fundada en 2020 y con estatus de organización sin fines de lucro, recibió USD 1,1 millones de Singham en dos años, según registros fiscales.
El contenido producido por BreakThrough News y otros medios del grupo se difunde en redes sociales y respalda campañas internacionales, especialmente en temas como la solidaridad con Palestina o la oposición a la política migratoria estadounidense. La cobertura procura vincular luchas locales con una narrativa global de resistencia al “imperialismo”, en la que China aparece como actor liberador.
La estrategia de la red no se limita a la producción mediática: también impulsa protestas y actos públicos que son grabados y retransmitidos. Las imágenes de DiNucci en La Habana o de manifestaciones frente a la Casa Blanca integran un ciclo en el que la acción y la propaganda se retroalimentan.
El gobierno de Estados Unidos ha iniciado investigaciones sobre el funcionamiento de estas organizaciones. El congresista Smith solicitó al secretario del Tesoro la revocación del estatus de nonprofit de entidades señaladas por su presunta vinculación con intereses chinos. Las organizaciones no respondieron a las solicitudes de comentarios de Fox News Digital.
El caso de NewsClick en India ilustra la dimensión internacional del esquema. La filial local de la red recibió USD 10,5 millones del Justice and Education Fund antes de ser clausurada por las autoridades indias, que acusan a Singham de interferencia electoral y lavado de dinero.
Psicólogos y expertos en seguridad alertan sobre los riesgos de esta guerra informativa. “Existe una guerra por las mentes de los estadounidenses”, afirmó la psicóloga Orli Peter a Fox News Digital. Los especialistas recomiendan reforzar los mecanismos de defensa frente a campañas de confusión y manipulación.
En síntesis, la red encabezada por Singham ha evolucionado hasta constituir una maquinaria transnacional de protesta y comunicación, con presencia en distintos países y un flujo financiero que conecta organizaciones estadounidenses con entidades alineadas con la narrativa del Partido Comunista chino. Los hechos documentados muestran la sofisticación de la estrategia, que convierte el activismo en un arma política y mediática de alcance global.
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