Los aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico se encaminan hacia una mayor implicación en la guerra contra Irán, tras una serie de ataques que dañaron sus economías y aumentaron el riesgo sobre el control del estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio energético mundial, según The Wall Street Journal.
Las medidas recientes de los países del Golfo refuerzan la capacidad de Estados Unidos para ejecutar ataques aéreos y abren un nuevo frente de presión sobre las finanzas de Teherán. Aunque esas naciones no han desplegado abiertamente sus fuerzas armadas, la tensión crece en un contexto de amenazas iraníes contra la región.
Arabia Saudita autorizó, según fuentes cercanas a la decisión, el uso de la base aérea Rey Fahd por fuerzas estadounidenses. Antes del conflicto, el reino había declarado que no permitiría que su territorio o espacio aéreo se usaran para ataques contra Irán, en un intento por mantenerse al margen.
Esa postura cambió tras los ataques iraníes con misiles y drones contra instalaciones energéticas saudíes y contra la capital, Riad. Fuentes consultadas por The Wall Street Journal indicaron que el príncipe heredero Mohammed bin Salman busca restablecer la disuasión y evalúa una posible participación en los ataques.
El ministro de Asuntos Exteriores saudí, Faisal bin Farhan, declaró: “La paciencia de Arabia Saudí ante los ataques iraníes no es ilimitada” y añadió: “Creer que los países del Golfo son incapaces de responder es un error de cálculo”.
En paralelo, los Emiratos Árabes Unidos adoptaron medidas contra activos vinculados a Irán, entre ellas el cierre del Hospital Iraní y del Club Iraní en Dubái, según fuentes cercanas. Las autoridades sanitarias confirmaron que el centro dejó de funcionar.
El gobierno emiratí afirmó: “Ciertas instituciones directamente vinculadas al régimen iraní y a la Guardia Revolucionaria Islámica serán clausuradas mediante medidas selectivas tras comprobarse que han sido utilizadas indebidamente para promover agendas que no benefician al pueblo iraní y en violación de la legislación de los Emiratos Árabes Unidos”.
Esas acciones buscan limitar el acceso de Irán a divisas y a redes comerciales internacionales, en un contexto de presión económica interna. Los Emiratos habían advertido que podrían congelar miles de millones de dólares en activos iraníes tras los primeros ataques sufridos.
Si bien los países del Golfo sostienen públicamente que no participarán en ataques ni permitirán el uso de su espacio aéreo, los indicios sobre el terreno son menos claros. Videos verificados por The Wall Street Journal muestran que algunos lanzamientos de misiles contra Irán provinieron de Bahréin.
Incendio en la refinería Ras Tanura de Arabia Saudita tras un ataque con un dron iraní
Además, un ataque iraní alcanzó aviones de reabastecimiento de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la base aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudita, provocando daños en tierra. El ejército estadounidense evitó confirmar si los países árabes participan en la ofensiva.
El conflicto también aumenta los riesgos estratégicos para las monarquías del Golfo. Un ataque directo contra Irán podría convertirlas en blancos de represalias, mientras que un eventual cambio de postura de Estados Unidos podría dejarlas expuestas frente a Teherán.
El régimen de Irán aumentó la presión al plantear su intención de influir en las operaciones del estrecho de Ormuz tras la guerra. Según fuentes cercanas a las conversaciones citadas por The Wall Street Journal, autoridades iraníes informaron a funcionarios árabes de su intención de cobrar peajes por el paso de buques.
La amenaza se suma a recientes ataques contra infraestructuras energéticas en la región. Qatar condenó el ataque contra el centro energético de Ras Laffan como una “peligrosa escalada y una amenaza directa a su seguridad nacional”. Por su parte, los Emiratos Árabes Unidos informaron que repelieron más de 2.000 ataques desde el inicio del conflicto.
Los países del Golfo mantienen contactos con el gobierno estadounidense para exigir medidas contra las capacidades militares de Irán.
Funcionarios árabes señalaron que la situación refuerza la percepción de que será necesaria alguna respuesta para restablecer la disuasión. Paralelamente, aumenta la frustración por la limitada influencia sobre las decisiones estratégicas de Washington.
El analista Gregory Gause afirmó: “Están atrapados en ese dilema estructural que siempre sufren los partidos más débiles al aliarse con uno más fuerte” y agregó: “Si el partido más fuerte adopta posturas belicistas, temen verse arrastrados a una guerra que no desean librar”.
La evolución del conflicto coloca a los aliados del Golfo frente a una decisión compleja, en un escenario que altera su estrategia regional y aumenta la incertidumbre sobre el alcance de su participación.

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