Tensión regional: cinco misiles desde Irak impactan una base militar en Hasaka, Siria

El Ejército sirio informó este lunes que cinco misiles fueron lanzados desde las inmediaciones de la aldea iraquí de Tal al Hawa —a unos 20 kilómetros de la frontera— contra una base próxima a Al Yarubiye, en la provincia nororiental de Hasaka. El ataque llevó a las fuerzas armadas a declarar el máximo grado de alerta y motivó que Damasco iniciara contactos con Bagdad, según el comunicado de la agencia estatal SANA. El Ejército iraquí respondió con operaciones de búsqueda para localizar a los responsables, y hasta el momento ningún grupo había reivindicado la autoría.

Ninguna fuente oficial identificó a los autores. No obstante, el norte de Irak alberga diversas facciones de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), la coalición de milicias chiíes vinculadas a Teherán que ha empleado territorio iraquí para hostigar instalaciones de la coalición occidental. Según fuentes de seguridad iraquíes, desde el inicio de la llamada Operación Furia Épica —el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero— esas milicias intensificaron su actividad en el corredor sirio-iraquí.

La provincia de Hasaka tiene una importancia estratégica evidente. Hasta hace pocas semanas albergó la base de Qasrak, principal enclave de la coalición antiyihadista liderada por Washington; tropas estadounidenses comenzaron a retirarse en febrero tras un acuerdo entre Damasco y milicias kurdas integradas al Ejército Nacional Sirio. Hoy la coalición mantiene una sola base en suelo sirio —Rmelan, también en Hasaka— y la presencia residual de infraestructura vinculada a Occidente convierte a la provincia en un objetivo potencial para grupos que buscan ampliar el frente.

Siria ha mantenido una política de distanciamiento frente al conflicto. El presidente de transición, Ahmed al Sharaa —quien llegó al poder en diciembre de 2024 tras derrocar al régimen de Bachar al Asad al frente de Hayat Tahrir al Sham (HTS)— reafirmó el 20 de marzo su voluntad de mantener al país “al margen de todo conflicto” derivado de la guerra. Esa postura contrasta con la de otros países de la región —Líbano, Irak, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait y Baréin— que han recibido misiles o drones iraníes o de sus aliados.

Esa neutralidad declarada convive, sin embargo, con tensiones internas persistentes. En el sur, Al Sueida volvió a ser escenario de combates entre fuerzas gubernamentales y milicias drusas respaldadas por Israel. El 20 de marzo, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) atacaron un centro de mando y arsenales en campamentos militares sirios, en lo que describieron como una respuesta a una agresión contra civiles drusos. El Ministerio de Exteriores sirio calificó el ataque de “flagrante violación del derecho internacional” y reclamó la intervención del Consejo de Seguridad de la ONU.

La comunidad drusa —que representa entre el 3 y el 4% de la población siria y se concentra en Sueida— vive desde julio de 2025 bajo un alto el fuego alcanzado tras enfrentamientos con tribus beduinas sunitas que dejaron cerca de 1.800 muertos, según cifras oficiales. Un comité creado por las propias autoridades reconoció esta semana “graves violaciones de los derechos humanos” en aquellos combates, entre ellas asesinatos, torturas y destrucción de viviendas.

El ataque del lunes abre un nuevo frente para un gobierno que afronta la presión israelí en el sur y la amenaza de grupos armados que operan desde Irak en el norte. Flanqueada por actores en conflicto abierto mientras reconstruye su propio Estado, Siria dispone de cada vez menos margen para mantener la neutralidad que proclama Damasco.

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