La Unión Europea y Australia acordaron un tratado de libre comercio que pone fin a casi una década de negociaciones, en un esfuerzo por estrechar lazos y revitalizar un orden basado en normas que se encuentra amenazado por la administración Trump.
La conclusión de las negociaciones fue anunciada el martes en Canberra por el primer ministro Anthony Albanese y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Según un comunicado conjunto, el acuerdo deberá ser ratificado por ambas partes.
Además, ambas partes rubricaron una Alianza para la Seguridad y la Defensa destinada a facilitar una cooperación más eficaz en la gestión de crisis y en los desafíos de seguridad.
“Estos pilares de cooperación reconocen el valor de una sólida alianza entre Australia y la Unión Europea para abordar los desafíos globales compartidos y apoyar la prosperidad y la seguridad, y permiten una mayor colaboración entre Australia y la Unión Europea”, declararon Albanese y von der Leyen en el comunicado.
Australia y la UE buscan proteger sus economías frente al programa arancelario del presidente Donald Trump y ante las restricciones chinas a los minerales críticos. La UE firmó recientemente acuerdos comerciales con India y el bloque Mercosur, reactivando negociaciones que en algunos casos acumularon años de retrasos.
Según el Fondo Monetario Internacional, Australia registró un déficit comercial de 33.000 millones de dólares con la UE el año pasado, exportando bienes por casi 12.000 millones de dólares e importando por más de 44.000 millones de dólares.
El TLC se inició en 2018 y estuvo a punto de firmarse en 2023, antes de que Australia se retirara por considerar insuficiente el acceso de sus productos agrícolas al mercado de la UE. Las conversaciones se reanudaron el año pasado y cobraron mayor urgencia ante la amenaza de la administración Trump de desestabilizar el sistema comercial mundial.
Durante semanas los negociadores rozaron un acuerdo, pero las tratativas se encallaron en temas como el comercio de carne. Australia presionó para que la UE ampliara la cuota de carne de vacuno que puede ingresar al bloque en condiciones preferenciales, un asunto sensible para la UE, que busca proteger a su propio sector agrícola.
(Bloomberg)
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