Triste, solitaria y judicial: cómo se desvaneció la influencia política de Cristina Kirchner

Cristina Kirchner regresó a Comodoro Py lejos del acompañamiento de otras épocas. No hubo grandes manifestaciones, ni enérgicos actos políticos, ni colas de dirigentes en los medios reclamando su liberación. Apenas un puñado de kirchneristas leales y un pequeño grupo de organizaciones, encabezadas por La Cámpora, intentaron que su jefa política no quedara totalmente sola.

En el banquillo de los acusados tampoco hubo sorpresas. En sus 45 minutos de defensa, la ex presidenta pronunció un discurso político más que una argumentación jurídica sobre la causa Cuadernos. Aseguró, entre otras cosas, que el expediente era una “farsa judicial”. Nada nuevo.

Fueron apenas un par de horas de protagonismo: tras la declaración regresó a San José 1111, saludó a la militancia que la esperaba y volvió a su edificio para continuar con el arresto domiciliario.

El ostracismo. El Partido Justicialista, que continúa presidido por Cristina, pareció no haberse enterado de la indagatoria. Sólo estuvieron presentes los diputados Germán Martínez y Eduardo Valdés; los senadores Eduardo “Wado” de Pedro y Anabel Fernández Sagasti; y las intendentas Mayra Mendoza y Mariel Fernández.

El gobernador Axel Kicillof apenas publicó un tuit: “El partido judicial de la mano del gobierno de Milei continúa su acoso contra Cristina”, escribió. Y su ministro de Justicia afirmó que, si dependiera de él, “la indultaría el día uno (de Gobierno)”. Pero desde el kirchnerismo le reprocharon la falta de reacción.

CFK generó otro cortocircuito con el peronismo. Durante su declaración vinculó al gobernador de Salta con el supuesto armado de causas en su contra. Gustavo Sáenz se defendió: “Intenta ensuciarme con mentiras y difamaciones”, dijo. La relación de Cristina con el partido está lejos de recomponerse.

La ex presidenta acumuló demasiados enemigos internos, incluso en la vieja guardia. Eso quedó claro cuando ingresó a la sala de audiencias de Comodoro Py: saludó con un apretón de manos a Roberto Baratta, pero evitó cualquier contacto con Julio De Vido, de quien se distanció hace una década, cuando el ex ministro se dio cuenta de que lo habían dejado solo. “Yo no pongo las manos en el fuego por nadie”, dijo la ex presidenta en 2017 al ser consultada por él. Ahora es ella la que quedó en el destierro.

La resistencia. Máximo Kirchner encabezó la convocatoria, aunque no con demasiada convicción: “Quiero pedirles una cosita hoy: que el martes ahí a la mañanita acompañemos a Cristina y la esperemos cuando vuelva a San José”, dijo, micrófono en mano, en un acto partidario.

La pérdida de poder de Cristina se refleja en Máximo: Kicillof le arrebató la presidencia del PJ bonaerense y, en las internas distritales, está a punto de imponerse, relegándolo otra vez.

Mayra Mendoza, otra de sus acompañantes, insiste en cuestionar al gobernador: lo fustigó semanas atrás por no nombrar a la ex presidenta en la apertura de las sesiones ordinarias de la Legislatura bonaerense y ahora por su ausencia en el reclamo por la inocencia de la líder del PJ.

El problema del grupo que aún apoya a Cristina es que son cada vez menos. La Cámpora había diseñado un operativo de clamor para su jefa política, que por cuestiones de salud se mantuvo al margen del debate político durante el verano. Pero, más allá de algunos mensajes aislados y del hashtag frustrado de #Cristina Libre, la consigna no prosperó.

Incluso el Gobierno insiste en agrandar al kirchnerismo. Javier Milei los colocó en el centro del ring durante su discurso en el Congreso: los libertarios quieren que sean sus contendientes, para frenar el avance de un peronismo de centro y porque creen que, si el balotaje es contra los K, conservarán el poder en 2027. Pero la estrategia está en mal estado: la imagen de la ex mandataria ya no contagia como antes.

“Me puedo morir presa con este Poder Judicial”, protestó Cristina. Pero el principal problema de la ex presidenta es que su última visita a Comodoro Py dejó en claro su falta de convocatoria. En el peronismo de centro confían en que esta escena la convenza de que su tiempo ya pasó.

 

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