Patricia Bullrich puede ser en 2027 candidata a vicepresidenta o a jefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Son dos posiciones posibles que responden a su imagen pública actual y a su reconocimiento entre quienes votan a la derecha. La novedad —y lo que inquieta en el entorno de Karina Milei— es que existen varios escenarios, cada vez más probables, en los que Bullrich podría consolidarse como la candidata que aglutine ese espacio, si Javier Milei no puede exhibir grandes logros económicos y la sombra de la corrupción se hace más presente. Toda la interna de LLA conoce esa posibilidad. También la tienen en cuenta en PRO y en fuerzas afines.
La tormenta desatada por las denuncias sobre los viajes de Manuel Adorni con su mujer, tanto en la comitiva presidencial a Nueva York como en Carnaval a Punta del Este, abrió nuevos escenarios y dejó en evidencia que no hay una sola interna en el entorno del poder, sino varias. Es sabido que hoy el llamado triángulo de hierro está unido únicamente por la participación común de Javier y Karina Milei y Santiago Caputo en la causa $Libra. Pero hay otra sombra que parece afectar a Karina y a Adorni y, si todo se complica, al propio Javier: el lugar expectante de Patricia Bullrich, que se desmarcó de los problemas del Ejecutivo y que cuenta con distintos elementos a su favor.
El primero es que es la política de todo el espectro que hoy muestra mejor imagen, incluso dentro del oficialismo. La consultora DC midió en febrero qué ocurriría si Javier Milei no fuera candidato en 2027 y ese resultado encendió alarmas en Balcarce 50. Entre los votantes libertarios, Patricia Bullrich consiguió 37,5 puntos. Muy por detrás quedaron Victoria Villarruel con 21,9 y Manuel Adorni con 15,6. Estos números datan de antes de las últimas noticias sobre corrupción.
El segundo elemento, más intangible, es la certeza de la ambición que atraviesa la trayectoria de la exministra y actual senadora. La dirigente nunca ocultó su deseo de ser presidenta y puede toparse con distintas circunstancias que la favorezcan.
Deslomados. En los últimos quince días la interna con Karina Milei —y con el propio Adorni— se tensó nuevamente hasta el punto de que cada gesto en el Senado o en la Ciudad se interpreta como un movimiento pensado para 2027. La compleja relación de la hermana presidencial (ver nota aparte) con muchas de las mujeres que interactúan con Javier Milei, junto con el carácter autogestivo de la ex candidata presidencial del PRO, agregan una capa de complejidad al entorno presidencial.
Hasta hace poco existía consenso en que el deseo de Bullrich era ser vicepresidenta; ella aspira a ser la compañera de fórmula de Javier Milei en una reelección. Es conocido que prefiere el Poder Ejecutivo: dice que allí las decisiones son más rápidas y que le atrae la gestión con mando directo. Por ahora, el Presidente valora esa fidelidad, sobre todo si se la compara con el ostracismo de Villarruel, con quien Milei ni siquiera se cruza una palabra en público. El abrazo en la apertura de sesiones del Congreso el 1 de marzo tuvo una foto con mensaje. Milei necesita a Bullrich para disciplinar el Senado y para mantener la alianza con los restos del que aún no regresan al redil de Mauricio Macri. Y Bullrich necesita a Milei para seguir siendo la número dos del espacio más votado del país. ¿Necesitaba o necesita? Es un interrogante que cada vez está más abierto.
¿Contra Mauricio en la Ciudad? Dentro de LLA hay un Milei disconforme: es Karina. La hermana del Presidente, dueña de la lapicera del partido, no mira con buenos ojos que la senadora se esté sobreexponiendo como si ya estuviera en campaña. Durante febrero los cortocircuitos fueron públicos. Desde el círculo más duro del karinismo aseguran que la desconfianza creció cuando Bullrich empezó a celebrar, con videos propios, cada avance legislativo en el Senado. La jugada que dejó al kirchnerismo sin cargos en la Cámara alta fue un golpe de eficacia política que festejó el Gobierno, pero también mostró una autonomía que molestó en la Rosada. Karina no tolera que nadie construya estructura fuera de su control. Y Bullrich, con su experiencia en el PRO, sabe cómo forjar poder territorial sin pedir permiso.
A esto se suma el mal momento de Adorni, acosado por las acusaciones en su contra y con un ánimo cada vez más decaído. Sostenido “a muerte” por la pareja de hermanos Milei, el jefe de Gabinete duda sobre su futuro. Además existe un escenario plausible: un Mauricio Macri que compita en la Ciudad. Si Adorni cae, Bullrich sería la política con más votos: en la última elección se impuso con el 50,2%.
Por ahora Bullrich apuesta a la lealtad. Sabe que en el universo mileísta la moneda más valorada es la fidelidad al líder. Su estrategia consiste en esperar.
La hermana y los “sanguchitos” intragables
La frase de Victoria Villarruel sobre el “sanguchito” que constituían dos mujeres empoderadas en el entorno de Javier Milei abrió una lectura que remite más a la psicología del poder que a la política estricta.
Karina Milei, enfrentada con Villarruel en un primer momento, hoy alejada de Patricia Bullrich y sometida a críticas de ex referentes como Marcela Pagano, aparece como guardiana del origen del presidente.
Karina llegó antes que el fenómeno Milei. Fue quien creyó en Javier cuando nadie lo hacía, quien le prestó dinero para los libros, quien lo apoyó en sus años de panelista furioso y quien diseñó la estrategia de comunicación que convirtió al economista en presidente. Ella no llegó después de la fama: la fama llegó después de ella. El presidente afirmaría incluso que la fama le llegó a ella, “el jefe” en el lenguaje del presidente.
Esa genealogía puede explicar el rasgo inicial de su vínculo con cualquier mujer que se acerque a Javier: Karina no las percibe como aliadas, sino como intrusas; como alguien que llega a cosechar lo que ella sembró. La celotipia no es sólo emocional, es existencial. Si alguien ocupa un lugar de confianza o cercanía con Javier, ese lugar le pertenece. No se negocia.
Los analistas que han observado la dinámica del círculo íntimo de Milei describen un fenómeno que podría llamarse el síndrome de la hija única en el poder. Karina creció en un vínculo simbiótico con Javier: la madre salió de escena temprano y el padre mantuvo una relación conflictiva con los hijos. Karina y Javier construyeron una dupla en la que ella fue la cuidadora, la organizadora, la que puso orden en el caos.

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