Un luchador estrella de 19 años y otros dos jóvenes fueron ahorcados en Irán esta semana, lo que ha encendido las alarmas entre organizaciones de derechos humanos por la posibilidad de una ola de ejecuciones, mientras las autoridades, que enfrentan los constantes ataques de Estados Unidos e Israel, buscan acallar la disidencia pública.
Los tres son los primeros ejecutados entre las decenas de miles detenidas durante la represión de las protestas nacionales en enero. Organizaciones de derechos humanos sostienen que más de 100 personas podrían enfrentarse a la pena de muerte.
El luchador Saleh Mohammadi fue ahorcado en la madrugada del jueves, junto a Mehdi Qasemi y Saeed Davoudi, en Qom, al sur de la capital Teherán, informaron medios estatales. Habían sido condenados por el delito de “moharabeh”, o “declarar la guerra a Dios”, por el presunto asesinato de dos policías durante las protestas en esa ciudad.
Amnistía Internacional declaró que las condenas de los tres, y de otros detenidos durante las protestas, se dictaron en “juicios manifiestamente injustos” que se basaron en confesiones obtenidas mediante tortura.
Las ejecuciones buscaban “infundir miedo en la sociedad y disuadir nuevas protestas” en medio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, dijo Mahmood Amiry-Moghaddam, director de Iran Human Rights, un grupo con sede en Oslo que ha documentado las detenciones.
Amiry-Moghaddam manifestó su preocupación de que muchas más “ejecuciones de manifestantes y presos políticos sean inminentes”.
Según Amiry-Moghaddam, su grupo ha documentado al menos 27 condenas a muerte contra personas detenidas durante las protestas. Otras 100 personas enfrentan cargos que conllevan la pena capital, y los medios estatales iraníes difundieron cientos de confesiones forzadas por delitos castigados con la muerte, añadió.
Las protestas nacionales, iniciadas a finales de diciembre, alcanzaron su punto máximo en la primera semana de enero, desencadenando la represión más sangrienta de las fuerzas de seguridad iraníes desde la llegada al poder de la República Islámica en 1979.
Determinar el número total de fallecidos ha sido difícil por las restricciones de internet impuestas por las autoridades. La agencia Human Rights Activists News Agency, con sede en Estados Unidos y basada en una red de contactos dentro de Irán, confirmó que más de 7.000 personas murieron y que investiga miles más. También informó que más de 50.000 personas fueron arrestadas en algo más de seis semanas. El gobierno reconoció que más de 3.000 personas murieron.
En el punto álgido de las protestas, las autoridades iraníes insinuaron que se avecinaban juicios y ejecuciones rápidas.
En ese momento, el presidente estadounidense Donald Trump sugirió que una acción militar podría ser una opción para detener la represión mortal. Pero poco después dijo que había sido informado de que los planes de ejecuciones se habían suspendido, lo que indicaba que una operación militar ya no era una opción.
Apenas un mes después, Israel y Estados Unidos emprendieron una intensa campaña de ataques aéreos contra Irán, bombardeando instalaciones militares y golpeando a la cúpula política y de seguridad iraní. También se han atacado agencias de seguridad señaladas como responsables de la represión mortal contra los manifestantes.
A pesar de la guerra, las autoridades iraníes han continuado la represión contra la disidencia. Según oficiales, decenas de personas han sido detenidas desde que la guerra comenzó el 28 de febrero, incluidas algunas que participaron en las protestas de enero.
Por el bloqueo de internet en Irán se conocen pocos detalles sobre los tres hombres ejecutados el jueves. Amiry-Moghaddam aseguró que Davoudi nació el 20 de marzo de 2004, por lo que fue ejecutado un día antes de cumplir 22 años. Añadió que la edad de Qasemi era desconocida.
Mohammadi se destacaba en la lucha libre, deporte muy popular en Irán. En 2024 obtuvo una medalla de bronce en un torneo internacional juvenil de lucha libre en la ciudad rusa de Krasnoyarsk.
En su cuenta de Instagram, Mohammadi compartía fotos y videos de sus combates y entrenamientos, junto a mensajes inspiradores como “sin dolor no hay recompensa”. En su última publicación a finales de diciembre, publicó un video en el gimnasio y escribió: “Resistimos más allá de lo imaginable. De vuelta otra vez #culturismo #entrenamiento #lucha”.
“Estaba lleno de energía”, dijo Shiva Amelirad, una profesora iraní radicada en Toronto que habló con Mohammadi en 2022, cuando él aún cursaba la escuela secundaria.
Amelirad aseguró que Mohammadi había participado en las protestas antigubernamentales que estallaron a principios de ese año, tras la muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial luego de ser detenida por no llevar correctamente el velo. Esas manifestaciones también fueron duramente reprimidas por las autoridades.
Según contó, Mohammadi le dijo que ejercitarse y comer helado eran sus únicas formas de “olvidar toda esta catástrofe a la que nos enfrentamos”.
“Siempre intentaba demostrar que era feliz”, dijo Amelirad.
Según diversas organizaciones de derechos humanos, Mohammadi, Qasemi y Davoudi fueron arrestados en Qom el 15 de enero. No se conocen las circunstancias de sus detenciones ni está claro si se conocían entre sí.
Amnistía Internacional y Iran Human Rights señalaron que fueron acusados del asesinato de un agente de policía el 8 de enero y condenados a principios de febrero.
Durante su detención, Mohammadi fue golpeado y sufrió la fractura de una mano, según una carta abierta del 19 de febrero dirigida al poder judicial iraní que criticaba el procesamiento de decenas de manifestantes arrestados. Amnistía Internacional añadió que Mohammadi negó los cargos y se retractó de sus confesiones ante el tribunal, alegando que habían sido obtenidas bajo tortura.
“Las autoridades han sometido sistemáticamente a los detenidos en relación con las protestas a la desaparición forzada, la detención incomunicada y la tortura para extraerles ‘confesiones’ forzadas”, afirma Amnistía Internacional en la carta.
Mizan, la agencia de noticias oficial del poder judicial iraní, anunció el jueves la ejecución de los tres acusados y difundió un video en el que aparecen sentados en el tribunal con uniformes de prisión. Según la agencia, habían confesado haber asesinado a dos policías con “cuchillos y espadas”, y mostró otro video en el que supuestamente recreaban los asesinatos ante funcionarios judiciales.
Amiry-Moghaddam, de Iran Human Rights, sostuvo que la República Islámica está luchando por su supervivencia “y es muy consciente de que la principal amenaza a su existencia no proviene de agentes externos, sino del pueblo iraní que exige un cambio fundamental”.
(Associated Press)

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