Especialistas: la guerra en Irán desatará una “carnicería” que impactará precios y la política energética argentina

Mientras los equipos de emergencia peinaban los escombros de Ras Laffan, los mercados energéticos de Europa y Asia enfrentaban una crisis súbita en el suministro de gas.

En condiciones normales, Ras Laffan aporta el 20% del gas natural licuado a nivel mundial. Este complejo industrial —que ocupa una superficie casi tres veces mayor que París, se desarrolló durante treinta años y requirió cientos de miles de millones de dólares— es clave para el abastecimiento global.

Las terminales de GNL están entre las infraestructuras más grandes y complejas jamás construidas, y Ras Laffan es la principal. Desde allí se procesa el gas catarí para convertirlo en un combustible superenfriado y fácil de exportar a todo el mundo. Así operaba antes del reciente ataque con misiles iraníes.

Anne-Sophie Corbeau, exjefa de análisis de gas en BP y actual integrante del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, calificó la situación como el peor escenario posible para el sector. Para ella, este era el evento que no quería que ocurriera.

Dos intermediarios del mercado del gas dijeron sentirse impactados tras el doble ataque iraní, que consistió en el lanzamiento de misiles balísticos sobre Ras Laffan, primero el miércoles por la noche y luego en la madrugada del jueves. Uno de ellos aseguró que nunca antes se había vivido algo semejante.

Al reanudarse las operaciones en los mercados europeos, el precio del gas subió un 30% y ya ha más que duplicado su valor desde el inicio de la guerra, mientras los analistas intentan dimensionar las consecuencias de la ausencia del gas catarí durante meses o incluso más tiempo.

El petróleo también registró un alza del 10%, que llevó su precio cerca de los 119 dólares por barril, ante el temor de nuevos ataques contra instalaciones energéticas.

QatarEnergy, la empresa estatal que administra Ras Laffan, dijo a Reuters que la reparación de dos de sus plantas de GNL, en las que ExxonMobil es socio, demandará entre tres y cinco años, implicará pérdidas de 20.000 millones de dólares anuales y obligará a cancelar contratos de largo plazo con Italia, Bélgica, Corea y China.

La cantidad de gas que dejará de exportarse representa aproximadamente el 17% de la capacidad total de Qatar.

Hasta antes del ataque, los operadores esperaban que el flujo de GNL desde Ras Laffan pudiera reanudarse tan pronto disminuyera la tensión en Medio Oriente y se restableciera la seguridad en el Estrecho de Ormuz.

Los precios, que habían subido la semana previa, se mantenían por debajo de los máximos alcanzados durante la invasión rusa a Ucrania en 2022.

Un operador advirtió que los precios del gas en Europa podrían mantenerse altos “hasta 2027” y que será más complicado para el continente recargar sus reservas este verano, ya que los compradores asiáticos, como Japón y Corea del Sur, buscarán GNL estadounidense para compensar la falta de suministro.

Asia ya atravesaba problemas de escasez y racionamiento a raíz de la disminución del gas procedente del Golfo.

Europa, que ahora depende más del GNL tras la reducción de los envíos rusos por gasoducto, deberá competir directamente con los países asiáticos por los cargamentos disponibles.

Laurent Segalen, banquero especializado en energías limpias, aseguró que la situación es catastrófica y anticipó meses especialmente difíciles para los importadores de gas.

Ras Laffan cuenta con 14 unidades de licuefacción y una capacidad anual de 77 millones de toneladas de GNL, suficiente para abastecer todo el consumo anual de Japón, o incluso más que el conjunto de Reino Unido e Italia.

La tecnología necesaria para enfriar el gas es altamente sofisticada y su reemplazo será un proceso laborioso, que solo podrá comenzar cuando las autoridades cataríes confirmen que la zona es segura para los trabajadores.

Tom Marzec-Manser, experto en GNL de la consultora Wood Mackenzie, dijo que, independientemente de cuándo termine el conflicto, la vuelta a la normalidad en la producción de Qatar no será rápida. Antes del ataque calculaba que Ras Laffan podría reanudar operaciones en unos 40 días, pero ahora descarta ese plazo.

La expansión de Ras Laffan en Qatar, que preveía sumar seis nuevas unidades de licuefacción entre este año y el próximo, quedará demorada y se anticipa una reducción de la oferta de gas durante varios meses.

Algunos proyectos estadounidenses están por iniciar operaciones, pero no pueden reemplazar fácilmente el gas qatarí sin implicaciones políticas, en un contexto donde ya surgen propuestas para flexibilizar restricciones al gas ruso.

Al mismo tiempo, varios países recurren nuevamente al carbón para generar electricidad y algunas industrias del sudeste asiático enfrentan recortes o cierres, lo que profundiza la brecha global en el acceso a la energía.

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