El estrecho de Ormuz, epicentro de tensiones: historia de incidentes que tensionan el comercio y la política global

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha vuelto a situar al estrecho de Ormuz en el foco de un conflicto geopolítico. Casi todo el tráfico marítimo se ha paralizado en la vía que conecta el Golfo Pérsico con el resto de los océanos, interrumpiendo una ruta clave para el flujo mundial de petróleo. Los ataques a buques mercantes y las amenazas de nuevas ofensivas han impedido que la mayoría de los petroleros transporte crudo, gas y otras mercancías a través del estrecho. Esto también ha obligado a recortes en la producción de algunos de los mayores exportadores del mundo, cuyo petróleo no tiene destino.

No es la primera vez que el estrecho de Ormuz se utiliza como arma. Incautaciones de buques y enfrentamientos previos en la región han generado inquietud entre las flotas mercantes y, en ocasiones, han complicado gravemente la navegación. Irán también ha amenazado repetidamente con cerrar el paso en respuesta a sanciones y otras tensiones a lo largo de los años, aunque nunca ha interrumpido por completo el tráfico. Aun con la mayor parte del tránsito paralizado por la guerra actual, decenas de embarcaciones han logrado cruzar el estrecho, según plataformas de datos marítimos y comerciales.

Aunque Irán y Omán poseen territorio en el estrecho de Ormuz, sus angostos canales de navegación se consideran aguas internacionales por las que pueden transitar todos los barcos. No obstante, Teherán ejerce una influencia considerable sobre el paso gracias a su presencia militar cercana y al control de islas estratégicas en la zona.

El último enfrentamiento, que ya lleva tres semanas tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, en los que murió su líder supremo, ha tenido consecuencias importantes para los mercados energéticos: aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial transitaba por el estrecho de Ormuz antes de la guerra, y la reducción de la oferta ha impulsado los precios del combustible.

He aquí otros ejemplos en los que el tráfico en el estrecho de Ormuz se ha visto interrumpido o amenazado:

Durante la sangrienta guerra de ocho años entre Irán e Irak en la década de 1980, ambos bandos atacaron petroleros y otras embarcaciones en el estrecho y sus alrededores, empleando minas navales para obstaculizar el tráfico en determinados puntos. Estados Unidos también se involucró en la llamada Guerra de los Petroleros: la Armada libró una batalla de un día contra Irán en 1988 y, poco después, derribó por error un avión comercial iraní al confundirlo con un caza, causando la muerte de 290 personas.

El estrecho no llegó a cerrarse por completo. Durante la guerra, barcos estadounidenses escoltaron petroleros kuwaitíes para protegerlos de los ataques iraníes. Aun así, el paso se volvió extremadamente peligroso y el transporte marítimo sufrió interrupciones.

A fines de 2011 y principios de 2012, Irán amenazó con cerrar el estrecho de Ormuz en respuesta a nuevas sanciones occidentales por su programa nuclear. La Unión Europea empezó a aplicar una prohibición a la compra de petróleo iraní, y Estados Unidos adoptó medidas similares contra el sector energético del país, prohibiendo además transacciones con el banco central iraní. Eso llevó a que otros países redujeran sus compras de crudo iraní.

Sin embargo, Irán terminó retirando parte de esas amenazas y no cerró el estrecho. Aun así, la inestabilidad y las variaciones en la oferta provocaron cambios en los precios del petróleo. El crudo Brent —el referente internacional— cotizaba por encima de los 100 dólares en diciembre de 2011 y durante gran parte de 2012, llegando a superar los 126 dólares por barril en marzo de 2012, antes de moderarse a fin de año.

En mayo de 2018, durante su primer mandato, el presidente estadounidense Donald Trump se retiró del acuerdo nuclear con Irán alcanzado en la administración Obama y comenzó a reinstaurar sanciones. A pesar de algunas excepciones, Trump prometió cortar definitivamente todas las exportaciones de petróleo iraní. En respuesta, el entonces presidente iraní Hassan Rouhani volvió a amenazar con cerrar el estrecho de Ormuz.

Una vez más, Irán no cerró el paso. Y pese a cierta volatilidad y una presión particular sobre la producción de algunos miembros de la OPEP, el Brent cerró ese año cotizando cerca de 54 dólares por barril, por debajo de los aproximadamente 75 dólares por barril que marcaba cuando Trump anunció la retirada en mayo de 2018.

La Armada estadounidense responsabilizó a Irán de una serie de ataques con minas lapa contra buques cerca del estrecho que dañaron petroleros en 2019, así como de un ataque con drones en 2021 que resultó fatal para un petrolero vinculado a Israel. Teherán negó su implicación en aquel momento. En cualquier caso, estos episodios aumentaron las primas de los seguros y generaron temor entre las navieras.

Mientras tanto, Irán incautó varias embarcaciones en el estrecho, incluyendo varios petroleros extranjeros que, según afirma, transportaban combustible de contrabando a finales del año pasado, según medios estatales. El país también capturó un buque de carga con bandera portuguesa en 2024 y retuvo dos petroleros griegos durante meses en 2022, entre otras incautaciones. No obstante, el estrecho permaneció abierto en todo momento.

Los temores de un posible cierre del estrecho de Ormuz se reavivaron durante la guerra de 12 días del año pasado entre Israel e Irán, sobre todo después de que Estados Unidos interviniera en el conflicto con bombardeos contra tres instalaciones nucleares y militares iraníes.

Pero Irán no cerró el estrecho y el petróleo no sufrió alzas sostenidas. Aunque los precios subieron ligeramente al inicio del conflicto, el mercado experimentó una notable caída ante las dudas de los operadores sobre la probabilidad de ataques a cargamentos de crudo. Al término de la guerra, el Brent cotizaba por debajo de los 67 dólares por barril, unos pocos dólares menos que antes.

(AP)

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