Los líderes de la Unión Europea se reúnen este jueves en Bruselas con el objetivo de destrabar un préstamo de 90.000 millones de euros destinado a Ucrania, en medio de un bloqueo encabezado por el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, que condiciona el acuerdo a la reapertura de un oleoducto clave. La negociación enfrenta a Budapest con el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, en un contexto de urgente necesidad financiera para Kiev.
El gobierno húngaro mantiene su rechazo al paquete de asistencia y exige soluciones por los daños en el oleoducto Druzhba, una infraestructura estratégica que transporta petróleo ruso hacia Hungría y Eslovaquia. La interrupción del suministro tensó las relaciones entre ambos países y Ucrania, a la que Budapest acusa de demorar las reparaciones necesarias.
Orbán dejó clara su postura esta semana con una advertencia directa: “Sin petróleo, no hay dinero”. En la misma línea, añadió: “Si el presidente Zelensky quiere recibir su dinero de Bruselas, entonces hay que reabrir el oleoducto Druzhba”. Sus declaraciones elevaron la presión en las negociaciones previas a la cumbre europea.
Desde Kiev la respuesta fue inmediata. Zelensky calificó de “chantaje” la decisión de vincular la asistencia financiera europea con el conflicto energético, en un momento en que Ucrania enfrenta necesidades presupuestarias críticas tras cuatro años de guerra.
La Comisión Europea intentó mediar enviando un equipo técnico para colaborar en la restauración del tránsito de petróleo. Sin embargo, el gobierno húngaro rechazó la iniciativa y la describió como “teatro”, lo que profundizó el estancamiento.
En Bruselas, diplomáticos europeos reconocen el desgaste que genera la postura de Orbán, quien en reiteradas ocasiones ha retrasado decisiones clave vinculadas a Ucrania. Un diplomático del bloque resumió el clima interno: “Todos queremos que esto se resuelva”, y añadió que varias capitales están “más o menos hartas” de la actitud del líder húngaro.
El conflicto presenta además una complicación política: Orbán ya había dado su visto bueno al préstamo en una cumbre anterior en diciembre, lo que aumenta la presión para que cumpla ese compromiso. En ese marco, algunos gobiernos europeos ven señales de un posible avance en la cuestión energética.
Un funcionario del gobierno alemán citado por AFP señaló que existe “cierto impulso” en las conversaciones sobre el oleoducto y consideró que un encuentro cara a cara entre los líderes podría facilitar un acuerdo. No obstante, otras fuentes diplomáticas mantienen una visión más escéptica sobre un desenlace inmediato.
“¿Lograremos avances? Tengo serias dudas”, afirmó otro diplomático de la UE, quien anticipó que Orbán “no iba a ceder” en una postura que conserva respaldo dentro de su electorado. Hungría celebrará elecciones nacionales el 12 de abril, y el primer ministro enfrenta una competencia ajustada frente a su principal rival, Peter Magyar.
Este factor electoral influye en la estrategia de Budapest y también condiciona a los demás líderes europeos, que buscan evitar una confrontación pública que refuerce la imagen de Orbán como figura desafiante dentro del bloque.
Si la cumbre no logra romper el estancamiento, fuentes europeas consideran probable que la decisión se postergue hasta después de las elecciones húngaras. Ese escenario genera preocupación en Bruselas por el impacto financiero sobre Ucrania.
Según estimaciones internas, Kiev necesita una inyección de fondos a comienzos de mayo para sostener sus operaciones, lo que obliga a adoptar una decisión sobre el préstamo a mediados de abril. La incertidumbre sobre los plazos añade presión a las negociaciones.
En paralelo, surgieron discusiones sobre posibles mecanismos alternativos para asistir a Ucrania sin el respaldo de Hungría. No obstante, esa opción fue descartada por diplomáticos europeos.
“No hay soluciones provisionales ni plan B. Solo hay un plan, y ese es el plan A”, sostuvo un segundo diplomático. En ese sentido, concluyó: “Orbán debería cumplir su promesa“.
(Con información de AFP)

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