Las cuentas públicas muestran una de las principales fortalezas de la economía, en contraste con las dificultades que todavía enfrenta la actividad. Con superávit primario y financiero, el país se ubica entre los que exhiben mejores resultados fiscales a nivel global. No obstante, los mercados continúan observando algunas debilidades en el esquema.
En septiembre, el superávit primario alcanzó los $1,4 billones y el financiero fue de $0,9 billones. Mientras que en los primeros nueve meses del año, los resultados acumulados representaron el 1,2% y el 0,3% del PBI, respectivamente.
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Según un informe de GMA Capital, la continuidad de estos resultados también se observa desde el inicio de la actual gestión: 30 de los últimos 34 meses cerraron con superávit primario.
En la comparación internacional, la Argentina destaca: entre 98 países con un PBI superior a los USD 50.000 millones, el resultado fiscal consolidado promedio es deficitario en un 3,33% del producto, mientras que la mediana se ubica en -3,2%.
Para 2026, las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) ubican a la Argentina con un superávit del 0,4% del PBI, en el percentil 87 de la distribución.

La posición es diferente cuando se considera la deuda pública. Los otros 97 países de la muestra registran una deuda promedio equivalente al 60% del PBI y una mediana del 54%, frente al 69% de Argentina, ubicada en el percentil 69.
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Sin embargo, al excluir los compromisos dentro del propio sector público, el indicador argentino se reduce al 42%. Al cruzar esa medida con el resultado financiero, el país integra el grupo de los 11 con mejores cuentas públicas.
Las reservas y el riesgo electoral, detrás de la percepción del mercado
Pese a los resultados fiscales, GMA plantea dos hipótesis para explicar por qué las valuaciones no reflejan plenamente ese desempeño.
La primera está vinculada con los antecedentes económicos del país. Los defaults soberanos, las rupturas de contratos y los episodios de inflación y licuación elevan las exigencias de los inversores sobre Argentina, que debe mostrar mejores resultados para recuperar su confianza.
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“Bajo esa lectura, tampoco pasan por alto nuestro talón de Aquiles: el bajo nivel de reservas internacionales”, señaló GMA. Según el indicador ARA (Evaluación de la Adecuación de las Reservas) del FMI, que mide la adecuación de las reservas, Argentina se encuentra entre los emergentes con menor cobertura. Esto la deja más expuesta a shocks externos y a episodios de encarecimiento o racionamiento del crédito.

En ese contexto, cuanto mayores son el riesgo país y la tasa libre de riesgo, más relevante resulta el stock de divisas del Banco Central.
La segunda hipótesis apunta al escenario político. El informe señala que el riesgo electoral condiciona los análisis de sostenibilidad de la deuda, que dependen de cuatro variables: el stock de deuda, la tasa de interés real, el crecimiento del PBI y el resultado primario.
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Con una continuidad de la actual administración y de sus políticas de superávit primario y orientación pro mercado, la deuda mostraría una trayectoria más sostenible. En cambio, un resultado electoral diferente podría arrojar proyecciones adversas si se toman como referencia las políticas económicas de gestiones anteriores.
El nivel de actividad
En lo que respecta a la actividad, en agosto, diez de los quince sectores relevados registraron caídas interanuales y apenas cinco lograron crecer. Si bien el acumulado de los primeros ocho meses del año todavía arroja una expansión del 1,2%, el desempeño más reciente refleja un escenario menos favorable para la actividad económica.
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La evolución del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) volvió a exponer una economía de dos velocidades, con un deterioro concentrado en los sectores más vinculados al mercado interno.
La industria manufacturera y el comercio retrocedieron un 3,2% y un 3,5% interanual, respectivamente, y restaron en conjunto 0,9 puntos porcentuales al indicador.
A estas bajas se sumaron las del transporte y las comunicaciones (-2,9%), la intermediación financiera (-3,8%) y la construcción (-2,5%), un sector que, además, podría enfrentar presiones adicionales en los próximos meses ante la posible llegada de un fenómeno de super Niño.
En contraste, la explotación de minas y canteras volvió a liderar el crecimiento, con una expansión interanual del 11,1%. También mostraron variaciones positivas los sectores de electricidad, gas y agua (+4,3%) y hoteles y restaurantes (+3,1%).
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Sin embargo, el aporte conjunto de estas tres actividades, equivalente a 0,6 puntos porcentuales, resultó insuficiente para compensar el efecto negativo de los sectores en retroceso.
“El deterioro de la actividad no solo complica las perspectivas de recuperación, sino que también plantea interrogantes sobre la capacidad de sostener el respaldo político al programa económico. Con el horizonte electoral de 2027 cada vez más cerca, la debilidad de la economía real empieza a pesar sobre las expectativas. En definitiva, los avances del frente externo conviven con dudas crecientes sobre su sostenibilidad en el tiempo”, apuntó GMA.
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