Los chalecos amarillos volvieron a las calles de Francia, esta vez junto a estudiantes, sindicatos y otros sectores que protestan contra el encarecimiento de la vida y el deterioro de los servicios públicos. Su reaparición recupera el símbolo de una movilización que en 2018 puso en dificultades a Emmanuel Macron y convirtió las rotondas y las rutas en espacios de organización política.
No son un partido ni una central sindical. Bajo el nombre francés gilets jaunes conviven colectivos locales, referentes y participantes con trayectorias y posiciones políticas diferentes, con un origen marcado por las convocatorias en redes sociales y el rechazo a las formas tradicionales de representación.
El regreso ocurre en un momento especialmente sensible: Francia tendrá elecciones presidenciales en 2027 y es la segunda economía de la eurozona, detrás de Alemania. La pérdida de poder adquisitivo y la discusión sobre las cuentas públicas atraviesan el tramo final de la gestión de Macron.
Cómo nacieron los chalecos amarillos
La chispa inicial fue el precio de los combustibles y la suba de impuestos prevista para 2019, que el Gobierno justificaba por sus objetivos ambientales. Para quienes dependían del auto para trabajar o trasladarse, el incremento se convirtió en una expresión concreta del deterioro de sus ingresos.
Entre las impulsoras estuvo Priscillia Ludosky, que lanzó una petición para bajar el precio del carburante. A su convocatoria se sumó el camionero Éric Drouet, uno de los promotores del bloqueo nacional del 17 de noviembre de 2018, fecha de la primera gran movilización. El reclamo pronto desbordó la cuestión del combustible y pasó a cuestionar el costo de vida y la situación de las clases medias y populares.
La prenda elegida también tenía un sentido: el chaleco reflectante de seguridad que los automovilistas deben llevar en sus vehículos era un objeto accesible y reconocible. Permitía identificar a los manifestantes y dar visibilidad a sectores que se sentían relegados de las decisiones políticas.
Quiénes integran el movimiento y qué reclaman
Las investigaciones sobre sus participantes muestran una composición diversa, con presencia de empleados, obreros, transportistas, trabajadores de servicios, artesanos y pequeños comerciantes. Entre sus preocupaciones aparecen las dificultades para llegar a fin de mes y el temor a perder las condiciones de vida alcanzadas.
La participación de mujeres también fue significativa, incluidas trabajadoras de cuidados, enfermeras y empleadas de limpieza. Esa variedad ayuda a explicar por qué el movimiento no puede reducirse a una única ocupación o identidad partidaria.
Con el tiempo, las demandas incorporaron salarios, jubilaciones, ayudas sociales y una distribución más justa de la carga tributaria. También ganó lugar el pedido de un referéndum de iniciativa ciudadana, como herramienta para intervenir directamente en las decisiones públicas.
Su organización se apoyó en grupos locales, redes sociales, asambleas y ocupaciones de rotondas. Aunque surgieron figuras conocidas, las diferencias internas y las resistencias a delegar la representación dificultaron la consolidación de una conducción nacional única.
Por qué vuelven a protestar junto a los estudiantes
La convocatoria de este octubre busca conectar los reclamos de los participantes históricos con los de una nueva generación. El costo de los combustibles, los ingresos y los servicios públicos funcionan como puntos de encuentro con estudiantes que denuncian problemas presupuestarios y de infraestructura educativa.
Una de las plataformas que difundió la movilización utilizó el lema “Amarillos y jóvenes, nuestras luchas se encuentran”. El llamado propuso marchas conjuntas de estudiantes, familias, sindicatos y chalecos amarillos, además de acciones en rotondas, estaciones de servicio y depósitos petroleros.
El texto convocó también a trabajadores, jubilados, agricultores y habitantes de barrios populares. Se trata de una articulación entre sectores con demandas propias, más que de una organización homogénea con una conducción compartida.
La jornada de este sábado incluyó manifestaciones y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en distintas ciudades. Las protestas pacíficas coexistieron con incendios, saqueos y episodios de violencia, por lo que la participación en la convocatoria no implica que todos sus integrantes hayan intervenido en los disturbios.
Las reacciones de Mélenchon y Le Pen ante las elecciones de 2027
La movilización también expuso las diferencias entre Jean-Luc Mélenchon y Marine Le Pen, dos referentes de la oposición que disputan el escenario político previo a las presidenciales del próximo año.
Mélenchon, presente en la marcha parisina, cuestionó en X el operativo policial y la cobertura centrada en los enfrentamientos. Sostuvo que había movilizaciones pacíficas que quedaban desplazadas por las imágenes de violencia. También llamó a sus seguidores a mantenerse al margen de los saqueos y las destrucciones.
Le Pen, en cambio, afirmó que los reclamos sociales legítimos habían sido “tomados como rehenes por la extrema izquierda”. La dirigente de Reagrupamiento Nacional acusó al espacio de Mélenchon de justificar la violencia y buscar precipitar al país en el caos.
Desde el Gobierno, el primer ministro Sébastien Lecornu defendió a las fuerzas de seguridad y atribuyó los hechos violentos a grupos de ultraizquierda. Aseguró que las manifestaciones pacíficas tienen lugar en la República, pero rechazó los incendios y los saqueos.



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