Donald Trump descarta una intervención militar en Cuba, que reconoció abrirse a relaciones comerciales con EEUU

Luego de que trascendiera que la Reserva del Ejército de Estados Unidos comenzara a consultar la disponibilidad de unidades para planificar una eventual acción bélica contra Cuba, tanto Donald Trump como el canciller isleño, Bruno Rodríguez, le bajaron el tono a la confrontación y señalaron la posibilidad de un acuerdo que permita coinciliar las posturas de ambos países.

El primero en referirse al tema fue Trump, que analizó la posibilidad de “hacer un acuerdo”. “No creo que sea necesario el Ejército”, le dijo el presidente estadounidense a la prensa en Casa Blanca, aunque añadió su presunta intención de “ayudar a Cuba” para “abrir” el país, dado que existen “cubano-estadounidenses que quieren regresar”.

Las declaraciones llegan tras la consulta por pedido de apoyo al Comando Sur que, aunque no reviste el carácter de orden de despliegue, presupuso una posible escalada militar en un plazo de entre 90 a 120 días. Entre los recursos mencionados figuran un batallón encargado de coordinar transporte, combustible, mantenimiento y suministros; un batallón de ingenieros; y un comando para supervisar la logística de una eventual operación. La consulta también incluye una brigada médica, un destacamento quirúrgico para atender emergencias y una brigada de policía militar.

La respuesta cubana: “Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí”

En el marco de su intervención en la Asamblea General de la ONU, el canciller cubano Bruno Rodríguez criticó que EEUU “por la vía de la intimidación y la coerción prohíbe a todos los países la exportación de combustibles a Cuba, lo que equivalen a un bloqueo naval”. Luego de calificar a esa acción como “una hostilidad permanente, abusiva y despiadada”, sostuvo que “Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí”.

Bruno Rodríguez, ministro de Asuntos Exteriores de Cuba.

Bruno Rodríguez, ministro de Asuntos Exteriores de Cuba.

Aún así, remarcó que dentro del Gobierno de su país continúan “dispuestos al diálogo con EE.UU. para intentar encontrar una solución a las diferencias bilaterales”, que se debería realizar “sobre las bases de seriedad, respeto, igualdad soberana, observancia del derecho internacional y sin injerencia en los asuntos internos, ni precondiciones”.

Finalmente, reconoció que Cuba está dispuesto a las “relaciones comerciales y de negocios con las compañías estadounidenses”, aunque apuntó contra la administración de ese país por lo que consideró como “un acto de castigo colectivo, crimen también proscrito por el derecho internacional humanitario. La meta evidente e inmediata es inducir en Cuba una crisis humanitaria, lo que también constituye un crimen”.

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