La pobreza suele resumirse en un porcentaje, pero detrás de ese número existe una metodología que combina dos variables centrales: el valor de una canasta de bienes y servicios y los ingresos declarados por los hogares. Martín Lousteau puso el foco sobre ese mecanismo y planteó que algunas diferencias en la forma de medir ambos componentes pueden modificar la lectura sobre la evolución de la pobreza en Argentina.
Durante una columna en Infobae a la Tarde, el diputado nacional explicó que el indicador depende de la línea que establece cuánto necesita una familia para cubrir una canasta determinada y de los ingresos que ese hogar declara. “Si medís más mal alguna de las dos, tu indicador de pobreza está distorsionado con respecto a la realidad”, afirmó.
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Cómo se mide la pobreza en Argentina
La medición parte de dos canastas. La Canasta Básica Alimentaria (CBA) establece el umbral de indigencia, mientras que la Canasta Básica Total (CBT) incorpora, además de los alimentos, otros bienes y servicios necesarios para determinar la línea de pobreza.
El cálculo se realiza comparando ese valor con los ingresos de los hogares relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Si los ingresos no alcanzan para cubrir la Canasta Básica Total, el hogar queda por debajo de la línea de pobreza.

Para Lousteau, uno de los puntos centrales de la discusión está justamente en la información sobre ingresos. “La medición de cuánto gana la gente es una pregunta que se le hace a la gente: ‘¿Cuánto ganaste?’”, explicó.
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En algunos casos, las respuestas pueden compararse con registros administrativos. Esto sucede con asalariados privados registrados, empleados públicos y jubilados. La verificación resulta más compleja entre trabajadores informales, independientes y cuentapropistas.
El economista sostuvo que existen diferencias entre los ingresos declarados en la EPH y los que aparecen en registros disponibles. Según su exposición, la encuesta muestra, por ejemplo, aumentos de ingresos entre asalariados registrados que no coinciden con la evolución de las fuentes administrativas.
Para Lousteau, esa diferencia puede afectar directamente el indicador: “Si vos captás ingresos que son más altos que los reales, estás subestimando la pobreza. Y si te suben mucho esos ingresos, estás sobreestimando cuán rápido está bajando la pobreza”.
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Una canasta construida con consumos de hace dos décadas
El segundo punto de su planteo está relacionado con la composición de la canasta utilizada para establecer la línea de pobreza.
Lousteau cuestionó que la estructura de consumo de referencia corresponda a la encuesta realizada en 2004-2005, cuando posteriormente se llevó a cabo otra, en 2017-2018. El argumento es que los hábitos de consumo de los hogares cambiaron y que algunos rubros tienen hoy un peso distinto dentro del presupuesto familiar.
“Ahora los servicios públicos pesan mucho más”, señaló. Desde esa perspectiva, si determinados gastos representan actualmente una porción mayor de los ingresos pero no tienen el mismo peso en la estructura de referencia, la línea de pobreza puede no reflejar completamente esos cambios.
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Lousteau vinculó esta discusión con los trabajos realizados para actualizar la canasta y con la salida de Marco Lavagna del INDEC. También citó un estudio del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), de la Universidad Nacional de La Plata, según el cual una estructura de consumo actualizada modificaría el nivel estimado de pobreza.

El desfasaje entre los ingresos y los precios
El tercer factor señalado por el diputado es temporal. La información sobre ingresos relevada por la EPH y el valor de la canasta no necesariamente corresponden al mismo momento.
“La canasta es la de hoy, pero tu plata es la del mes anterior”, explicó Lousteau. Según su planteo, en períodos de inflación elevada esa diferencia puede tener un impacto significativo porque los precios y los ingresos evolucionan a distinta velocidad.
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También mencionó otro posible efecto vinculado con la declaración de ingresos. De acuerdo con una hipótesis analizada por el CEDLAS, en contextos de inflación elevada las personas pueden tener mayores dificultades para recordar y declarar correctamente cuánto ganaron.
“Cuando hay mucha inflación, la gente no se acuerda bien cuánto gana y generalmente subreporta”, sostuvo. De todos modos, el propio Lousteau reconoció que existen interrogantes entre los especialistas sobre las causas y la magnitud de esas diferencias.
Qué cambia cuando se ajusta la medición
La discusión adquiere relevancia al comparar la evolución oficial con las estimaciones que incorporan estos factores.
Lousteau señaló que, según la serie oficial, la pobreza pasó de 41,7% al comienzo de la gestión de Javier Milei a 31,6% en el primer semestre de 2025, una reducción de 10,1 puntos porcentuales.
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Sin embargo, al incorporar las correcciones analizadas por el CEDLAS, el punto de partida cambia. “En realidad partimos de 43,1”, sostuvo. A partir de esa serie corregida, planteó que la pobreza habría aumentado con fuerza después de la devaluación y la aceleración inflacionaria de fines de 2023 y luego habría descendido hasta quedar en niveles similares a los iniciales.
El planteo de Lousteau también se vincula con la evolución de los ingresos y el empleo. “Si perdés fuente de trabajo, si el salario pierde con respecto a la inflación, tenés más pobres”, afirmó.
En esa línea, sostuvo que la desaceleración de la inflación no alcanza por sí sola para explicar una mejora social. Para que los hogares abandonen de manera sostenida la pobreza, planteó, también debe recuperarse el poder adquisitivo y mejorar el mercado laboral.
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El diputado cuestionó además la evolución de la actividad económica y sostuvo que, después de una recuperación inicial asociada a la recomposición salarial, el blanqueo y el crecimiento del crédito, la economía volvió a mostrar un escenario de estancamiento.
“El termómetro está mal y te mide la fiebre mal. Y yo qué sé si te estoy curando la infección o no”, concluyó.
La discusión, así, excede la disputa por un porcentaje puntual. El debate está en cómo se construye ese número: qué consumos se consideran, cómo se actualiza su valor, qué ingresos se toman y con qué precisión pueden ser relevados. Para Lousteau, esas decisiones metodológicas son determinantes para interpretar qué está ocurriendo con la pobreza y cuánto de una variación estadística responde efectivamente a un cambio en las condiciones de vida de los hogares.
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