Termómetro: ¿qué dice el precio del toro sobre el negocio ganadero?

A primera vista, el valor de un reproductor podría parecer una señal más del ciclo de la ganadería: si los productores retienen hacienda, debería subir; si venden sus rodeos, debería bajar. Pero los datos cuentan una historia bastante más interesante.

El precio del toro está mucho más ligado al valor del ternero —el principal producto de la cría— y al resultado económico de la actividad que a la etapa del ciclo ganadero en la que se encuentra el rodeo. En otras palabras, el toro parece funcionar mejor como un termómetro de la economía de la cría que como un indicador capaz de anticipar lo que viene para la ganadería.

¿Qué determina el precio de un toro? La respuesta más habitual podría buscarse en el precio del novillo. Sin embargo, el análisis de la serie de precios muestra otra cosa: el principal referente para el valor del toro es el ternero.

Cuando el ternero sube, el toro tiende a acompañarlo. Cuando el ternero baja, ocurre algo similar con el reproductor. La relación es, además, considerablemente más fuerte que la que existe entre el toro y el novillo: el precio del ternero explica aproximadamente el doble de las variaciones en el valor del reproductor.

La explicación económica es sencilla. El principal comprador del toro es el criador y el principal producto de su actividad es el ternero. Por eso, resulta lógico que el precio que está dispuesto a pagar por un reproductor tenga una relación más estrecha con el valor del producto que genera que con el precio del novillo, que corresponde a una etapa posterior de la cadena.

Pero el ternero no explica todo. Hay algo más detrás del precio del toro. El criador obtiene sus ingresos principalmente de dos fuentes: el ternero y la vaca de descarte. Al mismo tiempo, enfrenta los costos propios de la actividad. Por eso, el resultado económico de la cría no depende exclusivamente del precio del ternero.

Los datos muestran que, una vez considerado el efecto del valor del ternero, el resultado económico de la cría también tiene una relación significativa con el precio del toro. Dicho de otra manera: cuando el negocio atraviesa un período particularmente favorable, el productor parece estar dispuesto a pagar por un reproductor algo más de lo que explicaría únicamente el precio del ternero.

El efecto es menor que el del ternero, pero aparece de manera consistente. Esto sugiere que el mercado de reproductores no sólo refleja el valor del producto que genera el toro. También incorpora, en cierta medida, la capacidad económica del criador para afrontar la reposición de sus reproductores.

El mercado de reproductores no sólo refleja el valor del producto que genera el toro. También incorpora, en cierta medida, la capacidad económica del criador para afrontar la reposición de sus reproductores
El mercado de reproductores no sólo refleja el valor del producto que genera el toro. También incorpora, en cierta medida, la capacidad económica del criador para afrontar la reposición de sus reproductoresESV

La vaca de descarte no explica ese valor adicional. Un resultado interesante surge al analizar el precio de la vaca de descarte. Una vez considerado el efecto del ternero, el valor de la vaca de rechazo no muestra una relación significativa con el precio del toro. Esto pone en duda una explicación que podría parecer intuitiva: que cuando la vaca vale más, el criador obtiene un mayor ingreso por el descarte y, por esa razón, está dispuesto a pagar más por los reproductores.

La evidencia apunta hacia una conclusión más amplia: el precio del toro incorpora una señal sobre la situación económica general de la cría, y no solamente sobre una fuente particular de ingresos.

¿El toro anticipa el ciclo ganadero? Aquí aparece uno de los resultados más interesantes del análisis. Podría suponerse que el precio del toro debería comportarse de manera diferente según la etapa del ciclo ganadero. Durante una fase de retención, cuando el productor recompone o aumenta su rodeo, la demanda de reproductores debería crecer y el toro debería encarecerse en relación con el ternero.

Durante una liquidación debería ocurrir lo contrario. Sin embargo, los datos no muestran ese comportamiento de manera sistemática. Tomando como referencia la periodización utilizada en el análisis —retención entre 2010 y 2018 y liquidación entre 2018 y 2025—, la cantidad de kilos de ternero necesarios para comprar un toro resulta prácticamente igual en ambas etapas. Incluso es levemente mayor durante la etapa de liquidación más reciente.

El comportamiento de los extremos resulta todavía más llamativo. Los dos años con la relación toro/ternero más alta de toda la serie fueron 2012 y 2013. Los dos valores más bajos correspondieron a 2014 y 2015. Los cuatro años pertenecen a la misma fase de retención.

Es decir, dentro de un mismo período del ciclo aparecen tanto los máximos como los mínimos de toda la serie. Esto indica que la relación entre el precio del toro y el ternero responde mucho más a las circunstancias particulares de cada campaña que a la fase general del ciclo ganadero.

Liquidación no significa necesariamente un mal negocio. El resultado permite separar tres fenómenos que muchas veces aparecen mezclados: el ciclo del rodeo, la rentabilidad de la actividad y la política económica.

La liquidación del rodeo entre 2018 y 2025 no estuvo necesariamente asociada a malos resultados para el criador. De hecho, el resultado económico promedio de la cría fue mayor durante la etapa de liquidación que durante la retención. Y hubo dos años particularmente significativos: 2021 y 2022 fueron los mejores resultados económicos de toda la serie hasta 2025, en un contexto de fuerte mejora de los precios vinculada al boom exportador.

Dentro de un mismo período del ciclo aparecen tanto los máximos como los mínimos de toda la serie. Esto indica que la relación entre el precio del toro y el ternero responde mucho más a las circunstancias particulares de cada campaña que a la fase general del ciclo ganadero
Dentro de un mismo período del ciclo aparecen tanto los máximos como los mínimos de toda la serie. Esto indica que la relación entre el precio del toro y el ternero responde mucho más a las circunstancias particulares de cada campaña que a la fase general del ciclo ganadero

Esto muestra que un rodeo puede estar en liquidación mientras la actividad atraviesa un período de muy buenos resultados económicos. Del mismo modo, una etapa de retención no garantiza por sí misma una rentabilidad excepcional. Ciclo y rentabilidad son fenómenos relacionados, pero no son lo mismo.

Entre ambos aparece, además, un tercer elemento: la política, capaz de modificar las condiciones económicas en las que se desarrolla la actividad.

Entonces, ¿qué nos dice el precio del toro? El análisis permite extraer dos conclusiones principales.

  • La primera: el toro tiene una referencia económica propia. El precio del ternero explica la mayor parte de su valor, pero la rentabilidad de la cría agrega un componente adicional.
  • La segunda: el precio del toro no parece ser un buen indicador para anticipar el ciclo ganadero. Ni la relación entre el toro y el ternero ni el resultado económico de la cría funcionan como señales claras de una etapa de retención o liquidación.

Las diferencias respecto de la relación básica entre toro y ternero parecen responder más a las circunstancias específicas de cada campaña (sequías, resultados excepcionalmente buenos o malos y condiciones particulares del mercado de reproductores) que a la fase del ciclo en la que se encuentra el rodeo. En definitiva, el precio del toro parece decirnos más sobre la economía del negocio de la cría que sobre el futuro del rodeo.

El autor es asesor ganadero de Econoagro. Fuente: Entresurcos y Corrales.com, Mercado Agroganadero de Cañuelas y Ganadería en números


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