Deuda y morosidad: tres de cada cuatro argentinos tomaron créditos para pagar alimentos, salud, tarifas y servicios

Vista desde atrás de un hombre que sostiene una factura impresa frente a una mesa de madera con una calculadora y un bolígrafo.
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El 76% de los argentinos que se endeudaron lo hicieron para pagar alimentos, salud, tarifas y servicios, según el Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix de agosto.

El informe de la consultora señala que el fenómeno golpea con particular dureza a la clase baja y a los jóvenes de entre 18 y 39 años e incide directamente sobre el crédito: seis de cada diez se endeudaron en los últimos seis meses.

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El relevamiento expone la profundización de una crisis de ingresos: 24% de los argentinos dice que sus ingresos se agotan a lo sumo el 10 y si se acumulan aquellos que declaran llegan a lo sumo al día 15 y al día 20, el resultado es que dos de cada tres argentinos consume el total de sus ingresos hacia el vigésimo día, resultado que explica el recursos al endeudamiento para afrontar los pagos de servicios, desde luz, gas y transporte hasta cobertura de salud y eventualmente de educación para familias con hijos que asisten a escuelas privadas.

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En la clase baja, el 87,6% agota sus ingresos antes del día 20, mientras que en la clase alta esa proporción cae a apenas el 7,3 por ciento, Por edad, la distancia es menor pero muy significativa: el 83,3% de los jóvenes de 18 a 39 años no supera el día 20, contra el 60,3% de los mayores de 60 años. Significa que el fenómeno, aunque transversal, castiga más a los sectores de menores ingresos y a los más jóvenes.

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El 55,6% de quienes se endeudaron lo hizo para cubrir alimentos y salud, y otro 20,4% para pagar tarifas y servicios. En la clase baja, la suma de ambos motivos supera el 85%, contra menos del 60% en la clase alta, donde el crédito se reparte de manera más pareja con la compra de bienes durables.

Leve mejora de la percepción personal y colectiva

La evaluación de la economía del país es de resultas mayoritariamente negativa, aunque muestra una leve mejora respecto de los meses previos: el 59,4% la considera mala o muy mala, contra el 61,8% que la calificaba de ese modo en julio. La percepción sobre la economía personal es consistente con esa tendencia: la evaluación positiva subió del 27,2% al 29,8%, dato que muestra la mejora, aunque leve, se verifica tanto en el plano personal como en el colectivo, que no siempre suelen coincidir. Persiste, eso sí, una brecha de credibilidad. El 65,8% (esto es, casi exactamente dos de cada tres personas consultadas) no cree que el índice publicado por el Indec refleje fielmente la suba de precios que percibe en su vida diaria y el 81,2% considera que su salario no le gana a la inflación, algo que el gobierno pretende revertir en los próximos meses vía una reducción gradual y persistente del ritmo de los precios, que llama “desinflación”.

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Por ahora, sin embargo, el malestar atraviesa las distintas identificaciones políticas, al punto que incluso entre quienes votaron al oficialismo en 2025, el 61,2% comparte la brecha de credibilidad con la información oficial, aunque hace una distinta lectura. Para electorado oficialista, dice Zentrix, el desfasaje salarial es visto como un costo transitorio y se asocia a la expectativa de una mejora futura antes que a un fracaso del rumbo económico.

Quiebre en el ranking de preocupaciones

El ranking de principales preocupaciones también marca un quiebre en agosto: por primera vez en varios meses la corrupción no solo pierde el primer lugar entre las preocupaciones, sino que es desplazada al cuarto puesto por la preocupación sobre ingresos y salarios (50,1%), incertidumbre económica (49,8%) y desempleo (40,9%).

A su vez, la inflación, cuyo control y reducción es la principal apuesta política ty económica del gobierno de Milei, queda última (con 12,7%) entre las diez opciones indicadas en el relevamiento.

La preocupación social ya no pasa por la suba de precios, sino por la capacidad del ingreso familiar para sostener el gasto cotidiano y por la estabilidad laboral

“La preocupación social ya no pasa por la suba de precios, sino por la capacidad del ingreso familiar para sostener el gasto cotidiano y por la estabilidad laboral”, dice el informe. En cuanto al sentimiento sobre los próximos doce meses, los argentinos respondieron mayoritariamente con palabras más vinculadas a la duda que al rechazo directo: incertidumbre y angustia encabezan las respuestas, pero la tercera más nombrada e la palabra esperanza, que muestra que la ansiedad por el futuro convive con expectativas de mejora. Según Zentrix, la encuesta revela que la urgencia del ingreso es ya un rasgo estructural que explica a su vez la necesidad de recurrir al crédito.

El relevamiento se realizó entre el 25 y el 31 de agosto e incluyó 1.466 casos o consultas válidas en función de una muestra acorde al último padrón electoral.

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