La Argentina tiene una oportunidad para ganar participación en los mercados internacionales de carne vacuna de mayor valor, en un momento en que la demanda mundial de carnes rojas continúa creciendo y la oferta de algunos de los principales países productores se encuentra restringida. El desafío para el país pasa por mejorar el precio promedio de las toneladas exportadas y profundizar su posicionamiento en los segmentos premium.
Así lo planteó Amadeo Derito, presidente de la Asociación Argentina de Angus, quien destacó el escenario internacional favorable para la ganadería argentina. “A nivel mundial, hay un consumo creciente de carnes rojas, donde más gente incorpora el consumo de estas proteínas y no hay una posibilidad de oferta”, señaló a LA NACION. En ese contexto aparece la oportunidad de vender con mayor valor. En los primeros seis meses del año, Angus ya certificó 12.000 toneladas de carne premium, frente a las 8000 toneladas de todo 2025. Podría cerrar el año con 20.000 toneladas.
Según Derito, varios países que tradicionalmente abastecían esos mercados están reduciendo su producción: “Los que ofertaban están bajando su producción y tenemos una oportunidad en la Argentina de tener esto sostenido en el tiempo y la posibilidad de crecer en la calidad de los rodeos y en la producción de carne”.

El contexto externo se combina con una recuperación del stock bovino argentino. Derito señaló que, después de años en los que la cantidad de animales no crecía, comenzó a observarse una mayor retención. Sin embargo, advirtió que no alcanza con aumentar el rodeo: también es necesario mejorar su eficiencia productiva.
“La eficiencia del stock es la cantidad de kilos que uno extrae sobre el stock total”, explicó. Para lograrlo, consideró necesario avanzar con inversiones en alimentación e infraestructura. “A medida que el criador tenga posibilidades para empezar a invertir en pasto e instalaciones, en maquinaria para cosechar pasto, en hacer silo, en volcar toneladas de hectáreas de maíz a producir silo, vamos a producir más kilos por stock y producir más kilos por hectárea”, sostuvo. En ese esquema, la transformación de granos en carne aparece como una forma de agregar valor a la producción agrícola. “El maíz que producimos es mejor sacarlo en cuatro patas que como grano, es sumar valor agregado”, afirmó.

La oportunidad que abre Brasil
El escenario internacional también presenta una oportunidad a partir de las restricciones que enfrentan algunos competidores. Derito mencionó las dificultades de Brasil para colocar carne en determinados mercados y consideró que eso puede generar espacios para la Argentina. “Brasil es una potencia brutal, es el primer exportador mundial en toneladas, y el hecho de que se restrinja algún mercado para ellos nos abre una oportunidad”, señaló. Sin embargo, aclaró que la Argentina no tiene capacidad para reemplazar el volumen brasileño. Está la chance de vender a mayor precio.
En Europa, señaló, la cuota Hilton y los mercados de mayor valor pueden beneficiarse de una eventual menor oferta brasileña. También destacó el efecto que tuvo el acuerdo Mercosur-Unión Europea sobre el costo de ingreso de la carne argentina al bloque y cómo eso comenzó a reflejarse en el valor de las exportaciones.
China representa otra oportunidad. Según Derito, no se trata de un mercado homogéneo sino de distintos segmentos de consumidores, entre ellos el canal Horeca, que comprende hoteles, restaurantes y catering y paga precios superiores. “Si sube ese precio, la Argentina va a facturar mucho más con las mismas toneladas”, explicó.
Estados Unidos y el avance de Angus
Estados Unidos aparece como otro mercado estratégico para la carne argentina. Derito destacó que el ingreso de más carne permitirá que los consumidores estadounidenses conozcan el producto argentino y que, en particular, existe espacio para posicionar cortes de mayor calidad. En detalle, la Argentina ya logró completar en apenas nueve meses la cuota ampliada para exportar carne vacuna a Estados Unidos. El cupo, que durante años había sido de 20.000 toneladas con aranceles reducidos, fue elevado a 100.000 toneladas en febrero pasado, y el país consiguió utilizarlo antes de que terminara el año. El dato refuerza el avance de la carne argentina en ese mercado y abre un escenario favorable para seguir posicionando los cortes de mayor valor.

Ese proceso ya se refleja en la actividad de la Asociación Argentina de Angus. “Concretamente, en total en la Asociación de Angus estamos certificando el triple de toneladas en lo que va del año, el triple de certificación que el año pasado. Nuestro objetivo era duplicar, estamos triplicando”, contó. El año pasado la entidad terminó con unas 8000 toneladas certificadas, mientras que durante los primeros seis meses de 2026 ya alcanzó las 12.000 toneladas y espera superar las 20.000 toneladas en el año.
El dato adquiere relevancia porque Estados Unidos se convirtió en el segundo destino de la carne Angus certificada argentina, detrás de China y por delante de la Comunidad Europea. “El mercado de Estados Unidos es uno de los que está demandando más carne vacuna. Para nosotros, el primer destino de exportación es China con carne de alto valor. El segundo destino de carne Angus certificada es Estados Unidos, contra lo que todos podrían pensar, y el tercero es la Comunidad Europea”, explicó.
Actualmente, 28 frigoríficos y exportadores trabajan con la certificación Angus y, según Derito, la demanda continúa creciendo. “Todos los días nos piden incorporarse algunos más”, afirmó. El atractivo del mercado estadounidense también impulsó a nuevas plantas a buscar esa certificación. “Para entrar a Estados Unidos se debe ir con la etiqueta Angus”, relató sobre lo que plantean algunos operadores.
El valor de la genética
La oportunidad exportadora también alcanza a la genética bovina argentina. Derito destacó que, por primera vez, se está comercializando en Estados Unidos semen de toros con genética producida en el país. “Es un animal que se adapta a distintas zonas, muy rústico, que tiene buena calidad de carne, además de tener un buen fenotipo; es un animal balanceado”, describió.
En el mercado local, el dirigente también observó señales favorables para la inversión en genética. “Es la que tiene mejor retorno, porque se invierte una vez, pero se multiplica por mucho. Esa mejora termina reflejándose en el valor de los terneros y reproductores y, posteriormente, en el precio de la carne”, destacó.

Para acompañar ese proceso, mencionó herramientas como el RIMI para semovientes y las líneas de crédito del BICE para la adquisición de vientres.
Mientras tanto, el consumo interno de carne vacuna perdió participación frente al pollo y el cerdo, pero Derito considera que eso también libera producción para el mercado externo. “Está suplantando y liberando kilos de carne vacuna para poder exportar”, señaló.

El desafío para la Argentina, entonces, no pasa necesariamente por competir con Brasil en cantidad, sino por aprovechar la demanda internacional para mejorar la calidad, acceder a los segmentos que pagan más y elevar el valor promedio de sus exportaciones. “Exportar un kilo de carne vacuna es exportar trabajo argentino”, resumió Derito.

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