Debería haber estado en Paraná, a disposición de la Justicia que lo lleva a juicio por el desvío de 53 millones de dólares de la Legislatura. Pero los registros de la Dirección Nacional de Migraciones muestran que la vida de Alejandro Almada era otra: 216 salidas a Foz do Iguaçu desde enero de 2020, casi un año entero en Brasil sin volver, ausencias de meses, varios pases de madrugada y más de mil días en Brasil. Ninguna con permiso.
La mayoría de los días de la semana, el hombre de 41 años llegaba al puesto argentino del Puente Internacional Tancredo Neves, el que une Puerto Iguazú con Foz do Iguaçu. Entregaba su documento, saludaba y pasaba. Así lo hizo cientos de veces. Nunca nadie le preguntó nada a Almada. Nadie tenía por qué preguntarle: para el sistema migratorio, era un vecino de la triple frontera que iba y venía.
Pero además, las imágenes en las redes sociales muestran que las salidas no eran solo una cuestión de vida laboral cotidiana, sino que también hubo numerosos viajes por el mundo: sola, nieve, playas, Coliseo Romano, Torre Eiffel, Cataratas. Para todos los gustos, sin escatimar ni un peso en la aventuras turísticas de Almada y su pareja, Micaela Banegas. Millones y millones cuya procedencia deberá investigarse, pero que hacen sospechar su origen en las arcas públicas, para sostener un estilo de vida de ricos. No solo la pareja, sino que también fueron de viaje otros familiares del clan Almada-Banegas.

Para la Justicia de Entre Ríos, en cambio, es otra cosa. Es el cuñado de Juan Pablo Aguilera, que a su vez es cuñado del exgobernador Sergio Urribarri. Es uno de los 18 acusados que, tras ocho años de chicanas y planteos dilatorios, la jueza de Garantías Marina Barbagelata envió a juicio oral en julio pasado por la organización que entre 2008 y 2018 vació las arcas de la Legislatura provincial con contratos de obra a nombre de personas que jamás trabajaron para el Estado. Es, según la acusación de los fiscales Patricia Yedro e Ignacio Aramberry, el “recaudador” de esa organización: el que juntaba la plata. Y es el hombre para el que el Ministerio Público Fiscal pidió diez años de prisión.

Almada tiene domicilio en Paraná. Ahí debería estar. Sin embargo, hace seis años que está instalado en Puerto Iguazú, a más de mil kilómetros de los tribunales que lo esperan, sin que exista en el expediente autorización alguna para mudarse, y mucho menos para salir del país. Y salir del país, para Almada, dejó de ser un acontecimiento para convertirse en una rutina.
El registro de tránsitos de la Dirección Nacional de Migraciones al que accedió ANALISIS tiene 446 cruces a su nombre entre febrero de 2014 y el 3 de septiembre pasado. Recortado desde 2020, que es cuando Almada aparece asentado en Misiones, son 433 movimientos que se ordenan en 216 pares de salida y entrada. Doscientos quince por el Tancredo Neves. Uno por Ezeiza. Y una entrada suelta, del 6 de enero de 2020, por Paso de los Libres, que no tiene salida previa registrada en el período: vino de Brasil por Corrientes y nadie sabe cuándo se había ido.

La primera etapa es la más brutal. Diecinueve días después de aquella entrada por Paso de los Libres, el 25 de enero de 2020, Almada cruza el puente hacia Foz. Vuelve el 23 de noviembre. Trescientos dos días en Brasil. Se queda doce días en la Argentina y el 5 de diciembre vuelve a irse. Esta vez regresa el 20 de noviembre de 2021, y lo hace por el aeropuerto de Ezeiza: trescientos cincuenta días afuera, casi un año exacto, y un retorno en avión que no se explica con la geografía de la frontera. Cuatro días después, el 24 de noviembre de 2021, sale otra vez por el puente. Vuelve el 15 de septiembre de 2022. Doscientos noventa y cinco días. Doce días en el país y se va de nuevo, el 27 de septiembre. Regresa el 17 de febrero de 2023: ciento cuarenta y tres días.
Sumadas, son cuatro ausencias consecutivas que totalizan mil noventa días. Entre enero de 2020 y febrero de 2023, es decir durante tres años en los que la causa de los Contratos Truchos tuvo pedido de elevación a juicio, recusaciones de fiscales, intentos de pasar el expediente al fuero federal y decenas de audiencias, Alejandro Almada pasó más de mil días en Brasil y menos de sesenta en la Argentina. Debería haber estado en Paraná. No estaba ni siquiera en el país.
Después de febrero de 2023 el patrón cambia, pero no la geografía. Almada se instala del lado argentino y empieza a cruzar como cruza cualquier habitante de Puerto Iguazú: a la mañana, a la tarde, a la noche, y vuelve a las dos o tres horas. El 24 de febrero de 2023 sale a las 10.56 y vuelve a las 15.29. Al día siguiente, otra vez. El 2 de marzo, en cambio, cruza y se queda sesenta y seis días: recién vuelve el 7 de mayo. A partir de ahí, la frecuencia sube año a año como una curva que nadie interrumpe.

En 2023 registra 22 salidas. En 2024, 42. En 2025, 82. En los primeros ocho meses de 2026, 66. El salto se produce en diciembre de 2024: pasa de dos o tres cruces mensuales a ocho, y en enero de 2025 llega a once. Desde entonces el promedio ronda las siete salidas por mes. Agosto de 2025 tuvo once. Febrero y junio de 2026, diez cada uno. Agosto de 2026, el mes más intenso de todo el registro, doce. En seis fechas distintas cruzó dos veces el mismo día.
Los tiempos también dicen algo. Ciento noventa y tres de los 216 viajes duran menos de veinticuatro horas. Catorce duran menos de una hora: el 8 de junio de 2026 sale a las 11.43 y vuelve a las 12.01, dieciocho minutos, lo que apenas alcanza para pasar los dos controles y dar la vuelta. El 9 de enero de 2025, veinticuatro minutos. El 8 de febrero de 2025, treinta y tres. Y hay veinte salidas de madrugada, entre la medianoche y las cinco de la mañana, con regreso antes del amanecer: el 27 de septiembre de 2023 a las 03.14, el 28 de marzo de 2024 a las 00.44, el 5 de mayo de 2024 a las 02.21, el 22 de marzo de 2026 a las 04.09, el 29 de marzo de 2026 a las 03.07, el 2 de agosto de 2026 a las 00.59. Casi todas caen en fin de semana. Ninguna se parece a un trámite.
Y entre los cruces cortos, cada dos o tres meses, reaparece la ausencia larga. Trece días en agosto de 2023. Diez en octubre. Nueve en marzo de 2024, diez en junio, ocho en septiembre. Cuarenta días entre el 6 de octubre y el 15 de noviembre de 2024. Veintiún días entre el 26 de abril y el 17 de mayo de 2025. Trece en julio de 2025, doce en mayo de 2026, diez en julio de 2026 y los siete de fines de agosto con los que cierra el registro. Diecinueve ausencias de una semana o más en total, con una regularidad que se parece más a una agenda que a un azar.
Hay secuencias que merecen una explicación que hoy nadie ha dado. El 26 de septiembre de 2023 Almada cruza a las 20.33 y vuelve a las 21.02, veintinueve minutos. A las 03.14 de esa misma madrugada sale de nuevo y esta vez se queda tres días. El 22 de agosto de 2026 sale a las 06.17, vuelve a las 07.35, sale otra vez a las 21.40 y no regresa hasta las 18.57 del día siguiente. Cuatro días después empieza la ausencia de una semana con la que termina el listado.
Nada de esto ocurrió a escondidas. Cada uno de los 433 movimientos quedó asentado con fecha, hora y paso en el sistema de la Dirección Nacional de Migraciones, un organismo del mismo Estado que lo acusa. Lo que no aparece en ninguna parte es la autorización. Almada está acusado de integrar la organización que sustrajo fondos públicos en la causa de corrupción más grande de la historia entrerriana, con inhibición general de bienes reinscripta en diciembre pasado por la propia Barbagelata a pedido de la Fiscalía, y con un juicio oral en marcha cuya agenda de audiencias se extenderá cinco meses. Debería estar a disposición del tribunal. Debería avisar si se muda. Debería pedir permiso para salir del país. Los registros dicen que en seis años no hizo ninguna de las tres cosas, y que nadie se lo reclamó.
La pregunta, entonces, no es solamente qué hace Almada en Foz do Iguaçu doscientas dieciséis veces. La pregunta es quién controla a los acusados de los Contratos Truchos mientras el expediente envejece en los tribunales de Paraná. Porque la hipótesis fiscal sostiene que los 53 millones de dólares sustraídos no se esfumaron, sino que fueron canalizados hacia inmuebles, campos y actividades agroganaderas, y que el Estado buscará su decomiso en el juicio. Un acusado de recaudar esa plata, que vive a un puente de otro país y lo cruza a las tres de la mañana, es exactamente el tipo de situación que la inhibición de bienes y las reglas de conducta pretenden evitar. Quizás de algunas explicaciones Almada cuando llegue a Paraná en próximas horas, después de su detención en Gendarmería Nacional Puerto Iguazú, donde se presentó anoche.

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