El calentamiento récord del océano europeo ya está modificando los ecosistemas marinos, con especies que cambian sus áreas de distribución y alteran sus hábitos alimentarios. En el Reino Unido, incluso se registraron delfines alimentándose de medusas, mientras pescadores también reportaron una mayor presencia de pulpos en aguas donde antes eran menos frecuentes.
La temperatura superficial del océano alcanzó este año el nivel más alto registrado en la historia, con Europa occidental entre las regiones más afectadas. El cambio climático provocado por la actividad humana explica buena parte de este calentamiento.
Según análisis de World Weather Attribution (WWA), durante julio la costa atlántica europea y el Mediterráneo occidental registraron temperaturas récord y extensas olas de calor marinas severas. El estudio analizó cuatro regiones: el mar Celta, el golfo de Vizcaya y la península ibérica, el Mediterráneo occidental y el Mediterráneo oriental.
Los científicos compararon las temperaturas de los 14 días más cálidos del año con las que se habrían registrado sin calentamiento global. Las diferencias llegaron a 3,1 °C en el Mediterráneo occidental y a 2,6 °C en el oriental. En el golfo de Vizcaya y la península ibérica fueron de 1,5 °C, mientras que en la región celta alcanzaron 1,2 °C.
En el Mediterráneo, además, WWA estimó que alrededor de 2 °C del aumento observado pueden atribuirse al cambio climático causado por la actividad humana. Para los investigadores, las temperaturas de este año en las tres primeras regiones habrían sido “prácticamente imposibles” bajo las condiciones de un clima preindustrial.
El calor modifica la cadena alimentaria
Las olas de calor marinas pueden volver inhabitables determinados sectores para especies adaptadas a temperaturas históricas. Como consecuencia, se producen desplazamientos de poblaciones, cambios en las comunidades marinas y reemplazos de especies por organismos capaces de tolerar mejor el calor.
El fenómeno afecta especialmente a animales que viven en el fondo o cerca de él, entre ellos corales, esponjas, mejillones, estrellas de mar, merluzas y lenguados, que tienen menos posibilidades de desplazarse rápidamente hacia zonas con aguas más frías.
Algunos de estos cambios ya fueron observados durante 2026. En el Reino Unido, pescadores registraron una mayor presencia de pulpos desde abril, una situación que generó preocupación. Al mismo tiempo, diferentes especies comenzaron a desplazarse hacia el norte, en dirección a aguas de menor temperatura.
Estos movimientos pueden modificar qué peces y crustáceos quedan disponibles para el consumo humano y la acuicultura. Pero el impacto no se limita a las especies que son capturadas: cuando cambia la disponibilidad de organismos en la base de la cadena, las consecuencias pueden trasladarse hacia los depredadores.
Según un reporte de la BBC, delfines fueron reportados alimentándose de medusas debido a la menor disponibilidad de algunas de sus presas habituales. El cambio ilustra cómo las alteraciones provocadas por el calentamiento pueden extenderse a diferentes niveles de la red alimentaria.
El impacto también llega a las costas
El aumento de la temperatura del mar no afecta únicamente a los organismos que viven dentro del agua. Los mares más cálidos pueden elevar la temperatura del aire y aumentar la humedad en las regiones costeras, lo que puede intensificar el estrés térmico, especialmente durante la noche.
Además, una mayor evaporación genera más humedad en la atmósfera, que posteriormente puede transformarse en episodios de lluvias intensas. El calentamiento del Mediterráneo fue relacionado con fenómenos extremos, entre ellos las inundaciones ocurridas en Valencia en 2024.
Las condiciones también pueden tener consecuencias sanitarias. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) advirtió que los períodos prolongados de temperaturas elevadas pueden incrementar el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua, como la vibriosis.
El calentamiento del océano europeo, por lo tanto, no representa solamente un cambio en las temperaturas del mar: altera la distribución de especies, modifica las relaciones entre depredadores y presas y suma presión sobre actividades humanas y ecosistemas costeros.



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