
En el XXI Seminario Internacional de Techint, sobre “Recursos naturales, desarrollo y las nuevas dinámicas del comercio”, Leland Miller, experto norteamericano fundador y CEO de la consultora China Beige Book, investigador de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China del Congreso norteamericano, alertó sobre el riesgo que representa el llamado “China Shock.2” no solo para la economía y el comercio, sino también para la seguridad de cada país.
Ya no se trata, explicó, del “China Shock.1” de las primeras décadas de este siglo el gigante asiático, cuando tras ingresar a la Organización Mundial del Comercio (OMC) el gigante asiático dominó la producción y comercio mundial de sectores de bajo valor y nivel tecnológico como juguetes, textiles, indumentaria y muebles, gracias a su mano de obra barata.
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Desde 2015, cuando se publicó el libro “Made in China 2025”, el líder chino, Xi Jinping, apunta a que su país domine a nivel global industrias intensivas en capital y tecnología, muy relacionadas con la seguridad, dijo Miller.
El experto reconoció que es inviable que un país como la Argentina se desacople comercialmente de China, pero consideró que cada trato comercial, financiero o productivo con el gigante asiático debe evaluarse por sus efectos a diez, quince o veinte años.
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“China Shock 2.0”: avance tecnológico y seguridad nacional
En 2030, precisó Miller, China controlará el 45% del valor agregado industrial mundial y apunta a un dominio abrumador en industrias de alta tecnología, estratégicas y vinculadas a la seguridad nacional. Un documento de fines de 2025 de la Comisión Bilateral del Congreso de EE.UU. en la que participa Miller, identificó diez industrias que el plan “MIC2025” (por Made in China 2025) impulsa expresamente porque Beijing juzgaba “estratégicamente importantes pero subdesarrolladas”, a saber:
- Industria de tecnologías de la información (TI) de próxima generación: circuitos integrados, equipos de comunicación de información y software.
- Máquinas de control numérico computarizado (CNC) y robótica de alta gama.
- Equipos de aviación y espaciales, incluidas tecnologías de drones.
- Equipos de ingeniería para plataformas marinas y buques de alta tecnología.
- Equipos avanzados para el transporte ferroviario.
- Vehículos de bajo consumo energético y de nuevas energías (VNE), incluidos los vehículos eléctricos (VE).
- Equipos eléctricos, incluyendo energía solar y eólica.
- Maquinaria y equipo de uso agrícola.
- Nuevos materiales.
- Biofarmacia y dispositivos médicos de alto rendimiento.
Un “Libro Verde” anexo a MIC2025 contiene 250 objetivos específicos en esas diez áreas. En el caso de los semiconductores o chips, donde la disputa tecnológica es más intensa y China no habría logrado aún descontar la ventaja de EE.UU. y Occidente, se detalla que hacia fines de 2025 “los fabricantes de chips chinos solo poseían una fracción del mercado global en la mayoría de las etapas de la cadena de valor, representando apenas el 11% del valor agregado total a partir de 2022”.
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El sector clave, de SMIC a Huawei
China sigue rezagada tanto en “semiconductores avanzados” como en “semiconductores fundamentales”, pero en este último sector “se ha expandido a una velocidad vertiginosa”, concediendo subsidios y ayuda estatal tres veces mayores a los que movilizó la ley norteamericana “Chips y Ciencia” para fabricar esos productos en EE.UU., dice el documento del Congreso.
La empresa estatal china Semiconductor Manufacturing International Corporation (SMIC), cita, superó a GlobalFoundries, con sede en EE.UU., en el primer trimestre de 2024, y se convirtió en la tercera fundición más grande, con el 6% de los ingresos.
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SMIC es ya el tercer productor mundial de chips detrás de la taiwanesa TSMC y la coreana Samsung, pero no de los más avanzados. En 2022, durante el gobierno de Joseph Biden, EE.UU. introdujo controles de exportación a China de “semiconductores de nodo avanzado y equipos de fabricación de semiconductores” y coordinó con Japón, Países Bajos y Corea del Sur limitar la exportación de equipos litográficos para fabricar chips “Sub 7 nm”, los más avanzados del mundo (nm es por nanometro, una millonésima de milímetro).
Así, dice el documento del Congreso norteamericano, SMIC, también señalada por brindar tecnología militar a Irán, adquirió tecnología de equipos más antiguos y produjo el chip “Kirin 9000S” para Huawei, basado en un proceso de 7 nm utilizando máquinas de litografía ultravioleta profunda (DUV), menos avanzadas que las de ultravioleta extrema (EUV), “llevando la tecnología DUV al límite”.
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La preocupación de EE.UU.
Esto explica la preocupación de Washington, reflejada en advertencias del embajador de EE.UU. en la Argentina, Peter Lamelas, por el contrato que CALF, una cooperativa eléctrica neuquina, negocia con Huawei.

“Si Huawei controla la red de 5G en un país, el Ministerio de Seguridad del Estado de China tiene acceso completo a todo lo que tiene Huawei, porque esencialmente son lo mismo”, dijo Randy Scheunemann, vicepresidente del Instituto Republicano Internacional, a Infobae en abril de este año, advertencia que Lamelas ratificó al adelantar la posibilidad de cancelar visas de ingreso a EE.UU. a directivos de CALF.
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El vínculo entre Huawei y el Estado chino es público: Ren Zhengfei, fundador y director ejecutivo de la empresa, integró el Ejército Popular de Liberación y las leyes chinas exigen que las grandes compañías incorporen a miembros del Partido Comunista Chino en sus directorios, de modo que formen parte de la estructura de poder estatal. Por eso, la penetración de Huawei en la red 5G global no es solo un salto tecnológico, sino un acceso encriptado del régimen chino a información estratégica de usuarios, empresas y gobiernos de decenas de países.

El documento de la Comisión del Congreso de EE.UU. incluye varias evaluaciones de MIC2025, incluida una de 2024 del entonces senador y hoy secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, que alertaba sobre el avance chino en sectores como ferrocarril de alta velocidad y construcción naval, y notaba su relativo retraso en maquinaria agrícola.
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El rol de la ciencia y la tecnología en el desarrollo
En el seminario del grupo industrial más grande de la Argentina también expuso Ricardo Hausmann, director del Growth Lab de la Universidad de Harvard. Hausmann resaltó que la Argentina y otros países de América Latina, como México y Chile, aunque cumplieron muchos requisitos del desarrollo económico (expectativa de vida, fertilidad, participación de la mujer en el trabajo, matrícula universitaria, urbanización), no convergieron en sus resultados. Por caso, precisó, la Argentina pasó de representar el 35% al 15% del PBI por habitante de EE.UU.

La variable que explica la no convergencia es el retraso tecnológico, que el investigador vinculó a una mala articulación entre Estado, empresas, universidades e investigación científica y tecnológica.
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Hausmann advirtió que si en el esquema actual las empresas invirtieran más en las universidades e investigación, no necesariamente los resultados serían mejores, porque mientras en los países avanzados la inversión en tecnología pasa por una “caja negra” que genera progreso, en países como la Argentina la inversión pasa por un “agujero negro” que consume recursos y produce magros resultados.
En países como la Argentina la inversión pasa por un “agujero negro” que consume recursos y produce magros resultados (Hausmann)
El experto señaló cómo podría cambiar ese panorama. Mientras países como la Argentina buscaron avanzar con la secuencia Universidad-Ciencia-Patentes, Corea del Sur hizo otro camino: Patentes-Universidad-Ciencia. “Empezaron por la investigación aplicada para resolver retos productivos, con apoyo universitario y del gobierno”, explicó. En la Argentina, en cambio, las universidades cumplen funciones casi exclusivamente docentes y las políticas de Ciencia y Tecnología apuntaron a la primera antes que a las soluciones tecnológicas.
Corea del Sur tiene hoy siete veces más investigadores por millón que la Argentina, invierte 9,4 veces más de su PBI y genera 201 veces más patentes por millón que nuestro país. En Corea, las diez primeras generadoras de patentes son empresas, mientras en la Argentina solo cuatro de los diez primeros puestos corresponden a empresas: YPF e Y-Tec en tercer lugar, Siderca-Tenaris en el octavo, Bioceres-Indear en el noveno y Biosidus en el décimo.
Hausmann incluso sugirió algunas líneas para empezar, con investigación orientada a resultados, a revertir el actual statu-quo local:
- ¿Cómo se puede hacer competitiva la extracción directa de litio?
- ¿Cómo asegurarse que el litio gane la guerra por la tecnología de baterías?
- ¿Cómo producir carne sin vacas (food tech)?
- ¿Cómo mejorar la eficiencia del fracking en Vaca Muerta?
- ¿Qué hacer con las 11.5 millones de ovejas (-20% desde el 2018, -85% desde 1895) o con las tierras donde están, dado el colapso del precio internacional de la lana?
- ¿Cómo integrar la IA a los procesos productivos en Argentina?
- ¿Cómo generar y estabilizar la red eléctrica con energías renovables?

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