
A catorce meses de las elecciones, el clima electoral ya está instalado y domina decisiones y declaraciones. Los ingresos, la capacidad de compra y la morosidad mueven la conversación. El “riesgo Adorni” cedió paso al “riesgo metro cuadrado”.
Con el Presidente aferrado a su narrativa de agresiva inflexibilidad, ministros y narradores del libertarianismo empiezan a exponer deslices. La retórica libertaria deja entrever fisuras.
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Luis “Toto” Caputo introdujo en la línea discursiva una expresión maldita: “justicia social”.
Probablemente distraído, el ministro de Economía, cuya narrativa venía intentando empardar el estilo presidencial, introdujo el concepto en su presentación de los créditos hipotecarios financiados con $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES.
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“Para este Gobierno, los créditos hipotecarios son una prioridad por diferentes razones. Una, porque hace a la justicia social… nada más justo que una persona que tiene trabajo tenga acceso a una vivienda y no tenga que esperar 30 o 40 años para ahorrar y poder comprarla”.
Caputo contradice de palabra el catecismo de su jefe político, para quien “la justicia social es un robo”.
De tanto ir y venir por los medios con la cháchara del libertarianismo, el mismo Caputo que pidió una ley que sancione a los periodistas que, según él, publiquen información “sin sustento”, “mientan” o hagan “acusaciones sin pruebas”, quedó atrapado en sus contradicciones narrativas.
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El dislate de la palabrería no logró opacar el anuncio que, aunque reclamado, también da cuenta de un cambio radical.
La decisión política de hacer intervenir al Estado echando mano a recursos del FGS de la ANSES expone a un gobierno dispuesto a aflojar con la ortodoxia mileísta, esa que Javier Milei llevó al extremo definiéndose como “anarcocapitalista” porque odia al Estado, al que en 2024 definía como una “organización criminal” y en los últimos meses como una institución “fallida”.
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Mientras Javier Milei —el topo que vino a destruir el Estado desde adentro— se desgañita en atriles y sets televisivos negando la adversidad de la micro, sus funcionarios empiezan a activar medidas para atender las demandas del momento.
En el mismo sentido, funcionarios y sindicalistas trabajan para anclar un piso salarial garantizado de $1.070.000. Sin tocar el tope del 2% mensual para los aumentos que homologan las paritarias, se busca una manera de aliviar la situación de los que menos ganan.
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La intención de garantizar un salario mínimo esconde la expectativa gubernamental de que impacte sobre el resto de los salarios, reactivando la economía y el consumo.
Queda claro que el imperativo de renovar el mandato en 2027, en orden a “blindar el modelo”, impone bajar algunas consignas. La más inmediata: salir de la ortodoxia cerrada para atender las demandas de la micro.
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El tema de la economía a “dos velocidades” enciende la ira del león libertario. También el asunto de los “que no llegan a fin de mes”, para no hablar de “los morosos” a los “que nadie les puso una pistola en la cabeza para que tomaran crédito”. Finalmente, “un asunto entre privados”.
Guillermo Oliveto, especialista en consumo, habla de una “economía dual” en la cual conviven los “ganadores” del modelo, básicamente relacionados con los sectores extractivos que concentran el 15 % del empleo registrado en blanco, y los más castigados, como la industria y las pymes, que proveen el 50 % de los puestos de empleo formales.
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Esa asimetría, que revive el miedo a la pérdida del empleo, también explica por qué, mientras los datos de la macro dan cuenta de una economía en crecimiento, no se traducen en bienestar para la mayoría de los sectores de la clase media y media baja.
Las urgencias políticas electorales empiezan a estrellarse contra el paredón de la realidad. Las balas pican cerca.
En una “semana ganada” para el oficialismo, en la que obtuvo la media sanción de la Reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y la Ley de Inocencia Fiscal II, la oposición se quedó con la bandera de los reclamos de endeudados y morosos.
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La oposición logró reunir 133 votos, 4 más de los que requiere la mayoría absoluta. Desde esa base pretenden avanzar con la discusión de una treintena de proyectos enfocados en la problemática de los que no pueden pagar sus créditos. Una bomba de tiempo.
El “riesgo metro cuadrado” empieza a pesar aún más fuerte que el “riesgo kuka”.
“El dogma o la doctrina es una hoja de ruta con la cual muchos se pasan de rosca y no se dan cuenta que pueden volar por los aires”, advirtió Agustín Laje, ideólogo del libertarianismo y presidente del think tank Fundación Faro.
Según Laje, la realidad no tiene nada que ver con las utopías y el libertarismo es utópico.
Laje reivindica el pragmatismo de Milei. Admite que con la batalla cultural no alcanza. Sostiene que el bolsillo y la seguridad son la opción de las nuevas derechas.
“Si los gobiernos de derecha de Latinoamérica no logran ‘mejorarle el metro cuadrado a la gente’, el péndulo político volverá rápido hacia la izquierda”.
Laje reclama pragmatismo a Milei. Demanda que se hagan acuerdos. Se atiene a los números publicados por el Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella, que atribuye a Milei un 38 %. Concluye que Milei retiene el núcleo duro, pero que le faltan votos para ganar en primera vuelta.
“Va a hacer falta aliviar formas, aliviar gestos, acercar…”
Por el momento el mismísimo Milei no parece dispuesto a acusar recibo. Mientras sus ministros recalculan estrategias para hacer lugar a las demandas que la realidad de la micro impone, el Presidente sigue en la suya.
El paso del jefe de Estado por la ORT lo mostró arengando a los chicos del nivel secundario a abuchear a los periodistas. Una “masterclass” de antidemocracia desde el púlpito de poder. Con los libros sagrados del judaísmo en la mano, acicateando el odio. Un mix tóxico.
La excitación discursiva del Presidente, tan escatológica como violenta, pasó de producir fastidio a dar asco y, de allí en más, pena.
¿Qué fantasmas acechan a Javier Milei en sus noches de Twitter e insomnio, para mostrarse tan cargado de odio? ¿Qué zonas desconocidas de su personalidad lo impulsan a despacharse en estos arrebatos catárticos?
La batalla comunicacional también entró en zona de riesgo. Desde la caída en desgracia de Adorni, nadie logra hacer pie en el manejo de la comunicación.
Adrián Ravier volvió a ser noticia el martes confirmando que la vocería no es su expertise.
En conferencia de prensa confirmó que Santiago Caputo había sido desplazado de la coordinación de la comunicación digital del Gobierno, y que ese rol pasaba a manos de Santiago Oría, el cineasta cercano a Karina Milei.
Impreciso, agregó: “Entiendo que sí, que asume Oría la parte de comunicación digital”. Algo que horas después tuvo que salir a relativizar.
Envalentonado, Oría la emprendió en Twitter con una seguidilla de retuits que lo llevaron a protagonizar un memorable papelón.
El pasado martes replicó el tuit provocador de un connotado libertario, Alejandro Rozitchner: “¡Son pobristas! Piden literalmente estar peor”.
El posteo de Oría superó las 320.000 vistas en segundos.
Oría quedó rápidamente a la intemperie. Alguno de los suyos, o eventualmente sus oponentes en la estructura gubernamental, configuraron mal la granja de bots. Las cuentas fake del oficialismo inundaron X mostrando la hilacha. Los mensajes incluían la orden REPLY codificada y reproducían frases prearmadas contra los K.
El derrape de Oría no solo hizo público que el oficialismo utiliza cuentas robot para articular la narrativa del Gobierno, sino que también expuso la feroz interna que paraliza el área de la comunicación digital, hasta donde se sabía en manos de Santiago Caputo y “Las Fuerzas del Cielo”.
Para neutralizar la seguidilla de memes que le llovieron, se limitó a responder a quienes lo hostigaban con un mensaje contundente: “Larguen la merca…”. Peor el remedio que la enfermedad.
La ironía de los celestiales no tardó en activarse. Varios piden el regreso de Cerimedo.
Fernando Cerimedo, quien está preso en Bolivia bajo cargo de intento de femicidio y enriquecimiento ilícito, entre otras cuestiones, y a quien le incautaron —dixit la fiscalía— una “mini granja de bots”, fue artífice de la comunicación digital del mileísmo y dueño de La Derecha Diario, un outlet que compartió hasta estos días con Javier Negre, otro activista de la derecha con antecedentes un tanto confusos.
Todavía está por verse si Milei hace lugar a los saludables consejos de Agustín Laje y recupera algo de pragmatismo, o si se deja arrastrar por la avalancha de material escatológico con el que alimenta sus días. Noticia en desarrollo.

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