
La secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, recorrió este viernes el desarrollo urbano-comercial Vía Viva, en el barrio porteño de Belgrano, junto al jefe de Gabinete, Diego Santilli, y la jefa del bloque de La Libertad Avanza (LLA) en la Legislatura porteña, Pilar Ramírez. La visita no fue un acto administrativo más: se produjo horas después de que representantes de ambas fuerzas políticas se reunieran en la Casa Rosada para negociar una alianza electoral, y mientras desde LLA no deja de emitir señales de que el partido quiere tener injerencia en la Ciudad de Buenos Aires de cara a la renovación del mandato ejecutivo.
El recorrido por Vía Viva, el proyecto que se extiende a lo largo de cuatro kilómetros sobre terrenos ferroviarios liberados tras la elevación de las vías del Viaducto Mitre, tuvo como eje la segunda etapa del desarrollo, sobre el eje Libertador. Esa nueva sección está orientada al sector automotor premium y a propuestas gastronómicas, e incorpora más de 50 cargadores para vehículos eléctricos y un estacionamiento subterráneo con capacidad aproximada para 180 autos. El proyecto contempla una inversión total estimada de USD 45 millones y suma cerca de 45.000 metros cuadrados de superficie comercial, además de seis hectáreas de espacio público. Del total, unos USD 25 millones corresponden a esta segunda etapa.
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La presencia de Santilli —figura que llegó al Gobierno de la mano de Karina Milei y que el jueves encabezó la delegación de LLA en la segunda reunión con el PRO en la Rosada— le otorgó al acto una dimensión política que trascendió la agenda de gestión. El jefe de Gabinete es, al mismo tiempo, uno de los interlocutores del oficialismo en las negociaciones con el partido que gobierna la Ciudad, y una de las caras que LLA proyecta hacia el territorio porteño.

La escena en Belgrano contrasta con el clima de tensión que atraviesa la relación entre LLA y el PRO en el distrito. El legislador porteño de LLA Juan Pablo Arenaza fue categórico en declaraciones a Infobae: “Nosotros queremos gobernar la ciudad de Buenos Aires y estamos preparándonos para eso”.
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Arenaza, quien proviene del PRO, cuestionó la gestión del jefe de Gobierno, Jorge Macri, y afirmó que “la expectativa que había sobre Jorge Macri no se está cumpliendo”. Según relató, el contacto con vecinos de barrios como Palermo revela un malestar concreto: “Todas esas señoras habían votado a Jorge Macri y estaban muy desencantadas de lo que pasaba en su barrio”.
El dirigente mencionó a Ramírez como una de las principales figuras que LLA tiene en el plano porteño, aunque aclaró que Patricia Bullrich —exministra de Seguridad y figura central del PRO— ya anticipó que su objetivo es acompañar la reelección de Javier Milei en 2027 y apuntar a la presidencia en 2031. Sobre la gestión actual, Arenaza fue directo: “La administración está estancada” y “hay que darle una vuelta de tuerca a la ciudad”.
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Esa presión sobre el territorio porteño se procesa en paralelo a conversaciones nacionales entre ambos partidos. El jueves, los diputados Cristian Ritondo y Fernando de Andreis —representantes de Macri— ingresaron a la Casa Rosada a las 16.57 para la segunda mesa formal entre LLA y el PRO. Adentro los esperaban Santilli, el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem y el subsecretario de Relaciones Institucionales, Eduardo “Lule” Menem. La reunión duró aproximadamente dos horas.
Al salir, tanto Ritondo como De Andreis confirmaron que ambas fuerzas buscan un acuerdo “en todo el país”. “La lógica es ir en alianza en todo el país”, afirmó Ritondo, aunque aclaró que el repaso de la situación en 17 distritos excluyó a aquellos donde el PRO ya gobierna. De Andreis, por su parte, transmitió el mensaje que el expresidente Mauricio Macri le impartió a sus enviados antes del encuentro: “Que hagamos todos los esfuerzos posibles para blindar el cambio en la Argentina y que no vuelva el kirchnerismo”.
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Pese al tono de acercamiento, las tensiones de fondo persisten. En el PRO conviven dirigentes más y menos dispuestos a confluir con el Gobierno, y Macri insiste en que el oficialismo muestre gestos que ayuden a recuperar la confianza perdida tras una serie de desaires: desde las demoras para aprobar la ley de ficha limpia hasta los acuerdos entre LLA y el peronismo que dejaron al PRO fuera de la Auditoría General de la Nación y de la presidencia de la Bicameral de Inteligencia. En el Gobierno, en cambio, predomina la lectura de que los fundamentos del plan económico están intactos y de que no habrá sobresaltos.

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