Después de un año marcado por una recuperación parcial de los precios relativos, los productores agropecuarios comenzaron a encontrar un escenario algo más favorable para realizar inversiones. Según el último informe de Coninagro, la agricultura y la ganadería mejoraron su capacidad de compra frente a julio de 2025 para acceder a bienes como camionetas, tractores, sembradoras, cosechadoras e incluso tierras.
Sin embargo, la recuperación todavía convive con relaciones insumo-producto que, en varios casos, permanecen por encima de sus promedios históricos, mientras que actividades como la lechería y la yerba mate continúan mostrando un deterioro. El relevamiento analiza el poder de compra de siete producciones representativas —soja, maíz, trigo, ternero, novillito, leche y yerba mate— frente a una amplia canasta de insumos, servicios e inversiones que incluyen herbicidas, fletes, maquinaria agrícola y otras variables que inciden sobre la competitividad del productor.
El objetivo del indicador es medir cómo evolucionan las relaciones entre los precios que recibe el productor y los costos que enfrenta para invertir, una herramienta que permite seguir la evolución de la competitividad del sector mediante un enfoque insumo-producto.

En julio pasado, el comportamiento fue dispar. Mientras la ganadería y los principales cultivos extensivos fortalecieron su capacidad de compra, la lechería y algunas economías regionales perdieron terreno.
Uno de los ejemplos más representativos aparece en la compra de una camioneta Toyota Hilux 4×4. Para un productor ganadero fueron necesarios 11.238 kilos de novillito, un 22,5% menos que un año atrás. En términos concretos, esto significó un ahorro equivalente a 3262 kilos de carne respecto de julio de 2025 y de 6850 kilos frente al promedio de los últimos cinco años.
La soja también mostró una mejora significativa. Para adquirir la misma camioneta fueron necesarias 107 toneladas, un 20% menos que hace un año. Esto representa un ahorro de 26 toneladas respecto de julio de 2025 y, además, la relación quedó un 10% por debajo del promedio quinquenal.
El trigo y el maíz también mejoraron su capacidad de compra. En el primer caso fueron necesarias 170 toneladas, un 5% menos que un año atrás, mientras que para el cereal amarillo hicieron falta 191 toneladas, un 6,5% menos que en julio del año pasado y también por debajo del promedio histórico.
La situación fue muy distinta para otras actividades. En la lechería, comprar esa misma camioneta demandó 99.755 litros de leche, un 5% más que hace un año. En la yerba mate el deterioro fue todavía mayor: se necesitaron 202 toneladas, un 35% más que en julio de 2025 y un 41% por encima del promedio de los últimos cinco años.

La mejora también alcanzó a la maquinaria agrícola, aunque con diferencias entre actividades. Para adquirir un tractor, un productor ganadero necesitó 44.725 kilos de novillito, un 22% menos que un año atrás y también por debajo del promedio histórico.

La soja también recuperó poder de compra para este tipo de inversión. Fueron necesarias 424 toneladas, unas 101 toneladas menos que hace un año. No obstante, la relación todavía permanece 11,5% por encima del promedio de los últimos cinco años.
En cambio, para la lechería el tractor volvió a encarecerse. Se requirieron 396.988 litros de leche, un 6% más que en julio de 2025 y un 14% por encima de la media histórica.
Las cosechadoras también mostraron una mejora interanual para los cultivos agrícolas. El maíz necesitó 2263 toneladas y el trigo 2020 toneladas, aunque en ambos casos la relación continúa siendo más exigente que el promedio de los últimos cinco años.
Entre las inversiones analizadas, una de las mayores mejoras correspondió a la sembradora para soja. Su compra demandó 313 toneladas, un 27,8% menos que un año atrás y también por debajo del promedio quinquenal.
El acceso a la tierra mostró un comportamiento diferente según la actividad. En la zona maicera, una hectárea requirió 55,5 toneladas de soja, un 12% menos que hace un año, aunque todavía un 27% por encima del promedio histórico.
Para el maíz y el trigo la situación fue menos favorable. Una hectárea demandó 99,5 toneladas de maíz y 88,8 toneladas de trigo, relaciones que incluso superaron las registradas en julio de 2025 y permanecen muy por encima de la media de los últimos cinco años.
La ganadería volvió a mostrar mejores indicadores. En la zona de invernada, una hectárea requirió 3168 kilos de novillito, un 8% menos que un año atrás y también por debajo del promedio histórico. Y en la zona de cría, el ternero también ganó poder de compra. La adquisición de una hectárea demandó 738 kilos, un 17% menos que en julio de 2025 y un 12% inferior al promedio quinquenal.

La reposición de hacienda, en cambio, presentó un panorama menos favorable, especialmente para quienes utilizan granos para incrementar el rodeo. Comprar un kilogramo de ternero exigió 13 kilos de soja, un 11% más que un año atrás y un 45% por encima del promedio histórico. En maíz, la relación fue aún más exigente: hicieron falta 23 kilos, un 29% más que en julio de 2025 y 52% superior a la media de los últimos cinco años.
La excepción volvió a ser la lechería. La reposición de una ternera requirió 2133 litros de leche, un 1,5% menos que un año atrás y 17% por debajo del promedio quinquenal.

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