Esta semana Wall Street tocó nuevos récords y los bonos de países emergentes tuvieron subas generalizadas. Lo que alentó el optimismo fue el 0,1% que arrojó la inflación norteamericana en julio, alejando los temores de una suba de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal.
Pero hubo una excepción: las acciones y los bonos argentinos tuvieron un comportamiento inverso, con caídas que no aflojaron casi ningún día.
En la jerga financiera, este comportamiento de los inversores tiene una denominación específica: risk off. Significa que la decisión de los grandes bancos y brokers es reducir su exposición en activos argentinos. Los datos de las últimas encuestas encendieron las alertas en forma generalizada y golpearon las expectativas sobre lo que podría suceder en las elecciones del año que viene. Un politólogo que a principio de año le daba una chance superior al 70% de reelección a Javier Milei hoy ya no se anima a hablar del 50 por ciento. Y Sergio Berensztein consideró que “con los niveles actuales de aceptación, Milei no asegura un triunfo en primera vuelta”.
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La volatilidad del riesgo país
El riesgo país estuvo a punto de perforar los 400 puntos básicos a mediados de julio. Ahora rebotó con fuerza hasta los 470 puntos. Y en el horizonte no aparecen razones para ser muy optimistas sobre el recorrido de los bonos en dólares. Los inversores tomaron la decisión de llegar más “livianos” al próximo proceso electoral. “Esperábamos que la cuestión electoral no se transforme en algo decisivo para tomar decisiones hasta principios de 2027, pero está claro que el proceso se adelantó”, explicó Ezequiel Fernández, director de research corporativo de Balanz.
Los inversores tomaron la decisión de llegar más “livianos” al próximo proceso electoral
Con las acciones sucedió algo particular. Las empresas divulgaron excelentes balances. Las del sector de energía tuvieron ganancias récord en el segundo trimestre por el aumento del petróleo y también exportaciones crecientes. En el caso de los bancos, Supervielle, que fue el primero en reportar, divulgó una ganancia de $ 12.000 millones y reducción de la mora, luego de un primer trimestre con pérdidas. Telecom arrojó fuertes ganancias derivadas de la sinergia de la compra de Telefónica y las empresas de servicios públicos también mostraron buena rentabilidad.
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Los problemas del aumento de la morosidad tuvieron un impacto acotado entre los principales bancos. En realidad, en el conjunto del sistema financiero (incluyendo bancos y fintechs), es muy impactante el aumento de la cantidad de gente que no pudo pagar sus créditos.
Sin embargo, en términos de volumen la cifra ya es mucho menor. La cartera morosa en el conjunto de bancos no supera el 8% (incluyendo préstamos a individuos y a empresas). Está muy lejos de convertirse en un problema sistémico que requiera de un salvataje del Estado. El mayor impacto se da sobre todo en millones de nuevos tomadores de préstamos en las fintech, sobre todo entre los menores de 25 años.
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Buenos balances, pero …
Los buenos balances no alcanzaron para levantar al mercado. El índice S&P Merval medido en dólares cayó hasta niveles de 1.865 tras haber llegado a picos de 2.200 en la primera parte del año. Las acciones del sector financiero acumulan caídas de entre 15% y 20% en dólares en los últimos 30 días.

La última encuesta de opinión pública de la Universidad San Andrés reflejó que el apoyo a la gestión del Gobierno se mantiene estancado en niveles de 35 por ciento. “No vemos muchas posibilidades de un repunte en los próximos meses. Las mayores preocupaciones ahora pasan por la baja de los ingresos y sobre todo la situación del empleo”, explicó Diego Reynoso, encargado del estudio.
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Hasta los economistas que tenían los pronósticos más optimistas rebajaron sus expectativas para 2026. Fernando Marull, por ejemplo, venía estimando 3,4% de expansión del PBI, pero ahora indicó que estaría más cerca del 3% y con peligro de que no se llegue a ese nivel.
El freno a la tendencia de desinflación de julio era algo esperable, por tratarse de un mes de alta estacionalidad debido al efecto de las vacaciones de invierno
El segundo trimestre resultó más flojo de lo esperado e incluso terminó con una leve caída. Y el arranque del segundo semestre no luce mucho mejor. En el mejor escenario seguirá un “serrucho” con meses un poco mejores y otros algo peores, pero sin una clara tendencia a mejorar. Esto no juega precisamente a favor de un repunte de la imagen presidencial.
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El freno a la tendencia de desinflación de julio era algo esperable, por tratarse de un mes de alta estacionalidad debido al efecto de las vacaciones de invierno. Luego del 2,1% la expectativa es volver en agosto a una inflación inferior al 2%, pero el proceso de disminución seguirá siendo lento, sobre todo porque siguen los incrementos en servicios públicos.
No habrá “Plan Platita”
Aunque sin la posibilidad de acudir a un “Plan Platita” como se hizo en 2023, generando un gran impacto en la emisión monetaria, el equipo busca algunas opciones para reactivar. La flexibilización para que los bancos puedan prestar en dólares a empresas que no generan divisas fue una de ellas. Al ponerse un limite de 15% de los depósitos, esto significa que se podrían volcar en forma de financiamiento en moneda extranjera unos USD 6.000 millones.
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Algunos economistas que se pueden considerar cercanos a la ideología del Gobierno salieron a criticar la medida. Fue el caso del ex presidente del BCRA, Guido Sandleris, quien la consideró directamente “una mala idea” pues -explicó- “se debilita una de las pocas reglas que funcionó durante más de dos décadas con el fin de expandir el crédito ante una necesidad coyuntural”.
Otro ex titular del Central, Martín Redrado, ya se había mostrado a favor de revisar aquella prohibición para los créditos en dólares.
Para el Gobierno se trata de un paso adicional hacia el bimonetarismo, pero sobre todo se apunta a impulsar a empresas del mercado interno. Las candidatadas casi naturales son las desarrolladoras inmobiliarias, que incluso venden los departamentos en buena medida en dólares. Por lo tanto aún cuando no exporten podrían aprovechar estas nuevas líneas.
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De la misma manera, también hay conversaciones para utilizar al menos una proporción menor de los recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses para dinamizar el mercado de créditos hipotecarios. Una opción es efectuar depósitos de largo plazo en los bancos para que a su vez las entidades puedan salir a financiar vivienda.
Incluso en los últimos meses el FGS compró acciones y también títulos públicos, cuando hubiera sido más útil volcar esos recursos a financiar actividad productiva.
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Movimientos políticos
Tanto el Gobierno como el PRO lucen débiles. No es casualidad que hayan elegido juntarse ahora para mostrar la idea de avanzar en la misma dirección. Las miradas, por supuesto, apuntan a ir juntos en la próxima elección presidencial, con el visto bueno de Mauricio Macri. Casi al mismo tiempo también se conoció el encuentro entre Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner. También en este caso la idea sería confluir en una candidatura unificada para el 2027.
Que el “kirchnerismo duro” vuelva a escena es para el Gobierno una oportunidad pero también un problema. Sucede que los principales referentes de al menos esta oposición también tienen un rechazo superior al 50%, no muy diferente al de Milei.
El ex viceministro de Economía, Sebastián Galiani, pasó este mensaje a los inversores luego de comer milanesas con Milei: “En mis reuniones recientes con el Presidente encontré que el Gobierno está trabajando para conformar una alianza electoral ganadora y contar con suficiente poder de fuego en el Banco Central”.

Si se confirmara que el kirchnerismo vuelve a ser la principal fuerza opositora, aumentan las chances del Gobierno de ganar en 2027. Pero al mismo tiempo, si las elecciones vienen peleadas, el impacto sobre el dólar y los mercados puede ser tanto o más profundo que en 2025. Eso significa que los meses previos a los comicios aumentará la volatilidad, podría haber suba de tasas y un impacto negativo sobre la actividad.
Lo que quedará claro en los próximos meses es si hay lugar para otras opciones distintas a las del Gobierno y al kirchnerismo para dar pelea electoral. El espacio para ganar votos es interesante, porque las dos principales opciones sufren un rechazo profundo de más del 50% de la sociedad.
El Gobierno estaba decidido a concentrar sus cañones en la batalla contra la inflación. Pero quedó claro que ya no alcanza con una mayor estabilidad ni de precios ni cambiaria. Y ahora se ve obligado a pensar en nuevas opciones fuera de la caja de herramientas que tenía Milei en la cabeza, más allá del “equilibrio general” en la macro. Le queda menos tiempo para conseguir resultados concretos que le permitan llegar más holgado a las futuras elecciones presidenciales.
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