András Baka juró este martes como presidente de Hungría después de ser elegido por el Parlamento con 140 votos a favor y seis en contra, en una sesión que selló el relevo de Tamás Sulyok al frente de la jefatura del Estado.
“Es un gran honor y una excepcional confianza que el Parlamento me haya elegido como presidente de la República”, dijo tras el juramento el nuevo mandatario.
La designación colocó en el cargo a un jurista de 73 años con trayectoria en la justicia húngara y europea, respaldado por la mayoría legislativa del oficialismo Tisza, mientras los 53 diputados de Fidesz, el partido de Viktor Orbán, no participaron en la votación.
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“El Estado no cumplía ni siquiera con una de las exigencias mínimas de un Estado de derecho democrático. No garantizaba una verdadera separación de poderes ni el sistema de pesos y contrapesos. Es nuestra responsabilidad evitar que esto vuelva a ocurrir”, declaró ante los diputados.
El nuevo mandatario también reivindicó la pertenencia europea del país. Afirmó que “el lugar de Hungría está en Europa” por su historia, su cultura y sus intereses, y planteó que desde la presidencia defenderá el orden constitucional y los valores europeos.
Su llegada al cargo se produjo después de la salida de Tamás Sulyok, removido tras una enmienda constitucional aprobada por la mayoría oficialista. Magyar argumentó que el anterior jefe del Estado respondía a Orbán y podía obstaculizar el programa del nuevo Gobierno.
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La elección devolvió visibilidad a una figura conocida en el ámbito judicial. Nacido en Budapest en 1952, Baka estudió Derecho, trabajó en la Academia de Ciencias de Hungría y pasó por universidades de Alemania, Estados Unidos y Francia como profesor invitado.
En 1990 obtuvo un escaño parlamentario como candidato del Foro Democrático Húngaro, en los primeros comicios posteriores a la caída del Telón de Acero. Al año siguiente fue designado juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo y permaneció allí hasta 2007.
Dos años más tarde asumió la presidencia del Tribunal Supremo húngaro. Su mandato terminó en 2011, después de cuestionar reformas promovidas por Orbán sobre la justicia. En 2016, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos concluyó que aquella destitución vulneró normas europeas.
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Ese antecedente convirtió a Baka en una figura de peso para la nueva mayoría parlamentaria, que lo presentó como una señal de ruptura con la etapa previa. La candidatura fue anunciada por Tisza durante el fin de semana, después de que fracasara el intento de nombrar a la ajedrecista Judit Polgár, quien rechazó la propuesta.
La presidencia de la República en Hungría tiene funciones sobre todo protocolares, aunque conserva relevancia institucional. Desde 2010, casi ninguno de los mandatarios logró completar su mandato: Pál Schmitt dimitió por un escándalo de plagio, Katalin Novák dejó el puesto tras una polémica por un indulto y Sulyok fue desplazado por vía legislativa.
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El Gobierno anunció además que en otoño iniciará la redacción de una nueva Constitución, una reforma que podría modificar las competencias o el mecanismo de elección del presidente.
“Después de largos años, Hungría tendrá de nuevo un verdadero presidente”, mencionó el primer ministro Magyar en sus redes sociales.
(Con información de Europa Press y EFE)

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