La serpiente que eliminó casi todas las aves de Guam y disparó la población de arañas a 733 millonesLa Boiga irregularis llegó accidentalmente a la isla tras la Segunda Guerra Mundial y, sin depredadores naturales, alcanzó densidades de 11.600 individuos por kilómetro cuadrado antes de arrasar con 12 de las 14 especies que habitaban sus bosques

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En Guam, una isla del Pacífico, la introducción accidental de una serpiente invasora alteró el equilibrio ecológico y provocó una proliferación masiva de arañas, según informó GEO al abordar los efectos acumulados de la expansión del reptil.

El origen del problema viene después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la especie llegó al territorio insular y comenzó a multiplicarse en un entorno sin depredadores naturales y con fauna que no había evolucionado junto a este animal.

De acuerdo con el medio, el animal es Boiga irregularis, conocido como serpiente arborícola marrón y su expansión alcanzó una magnitud excepcional en ciertas zonas, con densidades de hasta 11.600 individuos por kilómetro cuadrado. Ese crecimiento desencadenó una cadena de efectos sobre la biodiversidad local.

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Entre los grupos más afectados aparecen ratas, musarañas, murciélagos y lagartos, cuyas poblaciones sufrieron descensos y el mayor impacto recayó sobre las aves terrestres.

De las 14 especies que habitaban los bosques de la isla, 12 desaparecieron del territorio, entre ellas figuró el papamoscas de Guam que no existía en ningún otro lugar del planeta y cuya última observación quedó registrada en 1983.

Un ecosistema alterado

Araña con abdomen amarillo y negro rayado, patas anilladas, sobre una telaraña blanca. Fondo verde y blanco difuso

La desaparición de aves no solo transformó el paisaje sonoro de los bosques, también abrió espacio para la expansión de otros organismos.

Durante los períodos más húmedos, los científicos hallaron en los bosques de Guam hasta 40 veces más arañas que en las islas vecinas de Rota, Tinian y Saipán porque perdieron a sus principales depredadores.

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Algunos animales también modificaron su conducta, por ejemplo las telas de la llamada araña banana pasaron a ser 50% más grandes que antes, un dato que refuerza la magnitud de la alteración ecológica observada en el territorio.

Los investigadores calculan que en el territorio podría haber hasta 733 millones de esta especie. Esa cifra aparece como una de las expresiones más visibles del desequilibrio generado por la expansión del reptil invasor, cuya presencia terminó por reordenar la red alimentaria del ecosistema insular.

Un invasor difícil de contener

Pájaro adulto marrón claro sobre rama junto a nido con cuatro polluelos de plumaje oscuro y uno con pico abierto. Fondo verde desenfocado

El artículo también describe las dificultades de conservación. Cajas nido diseñadas para bloquear a las serpientes no frenaron su avance, ya que estos reptiles lograron superar obstáculos considerados infranqueables mediante una forma de desplazamiento llamada “lasso locomotion”.

Ese mecanismo les permite trepar grandes cilindros verticales lisos, como postes o tuberías, una capacidad que complicó las barreras ideadas para proteger a las especies vulnerables.

Las consecuencias alcanzaron también a la población humana, ya que la llegada de esta serpiente venenosa afectó a animales domésticos por mordeduras y alteró rutinas cotidianas en la isla. A eso se sumó su interacción frecuente con infraestructuras eléctricas, donde los reptiles suelen trepar y causar cortes de suministro.

Esas interferencias provocan hasta 200 cortes de electricidad por año. Un estudio citado por el medio estimó que entre 1991 y 1997 esas interrupciones costaron hasta 4,5 millones de dólares al año, equivalentes a unos 3,9 millones de euros anuales, para la economía local.

Nuevas pistas genéticas

Serpiente de cuerpo negro con rayas amarillas longitudinales. Tiene cabeza negra, ojos redondos y boca abierta. Se apoya en un tronco de árbol con fondo verde

Una investigación publicada en Science Advances trató de responder cómo una población fundada por un número reducido de ejemplares pudo expandirse con tanta eficacia, pese a una diversidad genética que en teoría debía ser limitada. Sin embargo, los investigadores identificaron miles de variantes estructurales en el genoma de estas serpientes.

“Es como examinar con lupa pasajes de dos libros letra por letra y creer que son idénticos, sin darse cuenta de que párrafos enteros se han movido o duplicado”, afirmó Levi Gray, investigador posdoctoral de la Universidad de Buffalo y coautor del estudio, al comparar el hallazgo.

Gray también sostuvo que las tecnologías de secuenciación anteriores no permitían detectar con facilidad que el ADN de un individuo podía encontrarse en una posición completamente distinta en un cromosoma respecto de otro.

“Es posible que las especies en peligro de extinción tengan mayor flexibilidad genética de lo que pensábamos”, explicó Christopher Osborne, primer autor del estudio en la State University of New York Oswego. Esa observación apunta a una mejor comprensión de fuentes poco conocidas de diversidad genética que podrían ayudar a explicar cómo logran adaptarse a su entorno.

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