Un incendio forestal registrado este lunes en Kouvaras, al sureste de Atenas, obligó a evacuar varios sectores residenciales mientras los equipos de emergencia trabajaban para impedir que las llamas avanzaran hacia zonas habitadas. El fuego, que comenzó durante la mañana, fue controlado después de varias horas de operaciones terrestres y aéreas, aunque las autoridades mantuvieron desplegados efectivos debido a las condiciones meteorológicas adversas.
El siniestro comenzó alrededor de las 08:00 hora local y rápidamente adquirió intensidad debido a las ráfagas de viento, que alcanzaron aproximadamente 70 kilómetros por hora. La combinación de temperaturas elevadas, vegetación seca y viento dificultó las tareas de extinción y aumentó el riesgo de que el fuego cambiara de dirección.
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Ante la emergencia, los servicios de bomberos movilizaron cerca de 200 efectivos, unos 40 vehículos y medios aéreos destinados a atacar las llamas desde distintos puntos. La intervención permitió reducir la actividad del incendio pocas horas después de su inicio y evitar que se consolidara un frente de mayor extensión.
A primera hora de la tarde, las autoridades describieron la evolución como favorable. “No hay ningún frente activo, pero mantenemos nuestra presencia en la zona, donde las temperaturas siguen siendo elevadas y hay fuertes ráfagas de viento”, informó el servicio de bomberos.
Aunque la emergencia quedó contenida, el operativo no fue levantado. La permanencia de los equipos en el área responde a la posibilidad de que aparezcan nuevos focos o que las llamas vuelvan a ganar fuerza si aumentan nuevamente las ráfagas. En este tipo de incendios, los puntos calientes pueden reactivarse incluso después de que desaparezca el frente principal.
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El fuego también provocó daños materiales. Un almacén perteneciente a una explotación ganadera quedó destruido, mientras que las evacuaciones preventivas afectaron a residentes de distintas áreas próximas al incendio. No se informó inicialmente de víctimas mortales relacionadas con este episodio.
La situación se produjo en una jornada en la que buena parte de Grecia permanecía bajo un nivel elevado de peligro de incendios. En la región de Ática, donde se encuentra Atenas, las temperaturas podían alcanzar los 37 grados Celsius. La autoridad de Protección Civil griega mantiene durante la temporada de incendios un sistema diario de evaluación del riesgo y ha situado a distintas regiones del país bajo niveles elevados de vigilancia.
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El episodio ocurre además pocos días después de otro incendio de grandes proporciones registrado en las proximidades de la capital. Ese siniestro, alimentado por vientos mucho más intensos, tardó varios días en quedar controlado y afectó una extensa superficie de pinares, matorrales y terrenos agrícolas.
Las condiciones meteorológicas han convertido al viento en uno de los principales factores de riesgo para las operaciones de emergencia. Las ráfagas pueden acelerar la propagación de las llamas, transportar partículas incandescentes y generar focos secundarios a distancia del incendio original, complicando el establecimiento de líneas de contención.
Ática enfrenta además un historial reciente de incendios de gran magnitud. Los datos citados por especialistas muestran que una proporción considerable de la superficie forestal de la región se ha quemado durante la última década, con una afectación todavía mayor en Ática Occidental.
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El nuevo incendio de Kouvaras vuelve a colocar a las autoridades ante un escenario de vigilancia permanente: aunque las llamas fueron contenidas, el calor y el viento obligaron a mantener recursos de emergencia en el terreno para responder rápidamente ante cualquier reactivación.
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