Israel y Líbano cerraron su séptima ronda de negociaciones “más cerca” de un acuerdo pese a la continuidad de los ataquesWashington destaca avances técnicos en la expansión de las “zonas piloto” mientras Hezbollah exige la suspensión del diálogo y el sur libanés sufre nuevos bombardeos

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Israel y Líbano concluyeron este jueves en Roma su séptima ronda de negociaciones desde que comenzó el conflicto en marzo, con la mediación de Estados Unidos, en un encuentro que Washington calificó como el más productivo hasta ahora para consolidar la retirada militar israelí del sur libanés. Un portavoz del Departamento de Estado afirmó a la prensa que las conversaciones fueron productivas a nivel técnico y que ambas partes están mucho más cerca de un acuerdo sobre los pasos necesarios para ampliar el proceso de las llamadas zonas piloto.

Las delegaciones, encabezadas por los embajadores de ambos países, llegaron el martes a la embajada de Estados Unidos en Roma para negociar la implementación del marco de seguridad firmado el 26 de junio en Washington. Ese acuerdo estableció un mecanismo de zonas piloto en el sur del Líbano, áreas de las que las fuerzas israelíes deben retirarse de forma escalonada para ceder el control al Ejército libanés, condicionado al desarme del grupo chií Hezbolá.

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El proceso arrancó el 21 de julio con la retirada israelí de Zawtar al Garbiya, la primera localidad evacuada bajo el nuevo esquema, lo que permitió el regreso de sus habitantes. Según Beirut, la propuesta discutida en Roma busca extender el modelo a zonas donde todavía hay presencia de tropas israelíes, como Bint Jbeil o Khiam, un punto que el Gobierno libanés considera clave para dar credibilidad al proceso.

Las conversaciones se interrumpieron el miércoles antes de lo previsto por los últimos ataques israelíes, aunque se retomaron este jueves para cerrar la séptima ronda. El Ejército israelí intensificó en las últimas horas sus bombardeos aéreos y de artillería en el distrito de Tiro, en el sur del país, en una escalada que dejó al menos ocho civiles heridos, según informó la Agencia Nacional de Noticias de Líbano.

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Varias personas y periodistas se acercan a un lugar afectado por los ataques israelíes que tuvieron lugar en la madrugada del jueves, según la agencia estatal de noticias libanesa NNA, en Burj al-Shamali, en el sur de Líbano, el 6 de agosto de 2026
REUTERS/Stringer

El conflicto se remonta al 2 de marzo, cuando Israel lanzó una ofensiva en el sur libanés en respuesta a ataques de Hezbollah vinculados al apoyo del grupo a Irán durante la guerra que enfrentó a Washington y Tel Aviv con Teherán. Según cifras oficiales libanesas, la ofensiva ha dejado más de 4.300 muertos y ha provocado el desplazamiento de más de un millón de personas, un balance que no ha sido corroborado de forma independiente por organismos internacionales.

El principal obstáculo del proceso sigue siendo el papel de Hezbollah, que Estados Unidos exige desarmar por completo en el sur del país como condición para avanzar hacia un acuerdo de paz integral entre Líbano e Israel, formalmente en guerra desde hace décadas. El grupo, que no participa en las negociaciones, ha rechazado en varias ocasiones el marco firmado en junio.

Su líder, Naim Qassem, pidió el martes la suspensión inmediata de las negociaciones y calificó el proceso de fuente de vergüenza, humillación y concesiones sucesivas para el país. En un discurso difundido por los canales del movimiento, acusó al presidente libanés, Joseph Aoun, de actuar de forma parcial y de no cumplir su papel de árbitro entre las partes.

El primer ministro libanés, Nawaf Salam, defendió en cambio la vía negociadora y afirmó ante su gabinete que el objetivo sigue siendo lograr retiradas israelíes sucesivas hasta alcanzar la salida total de las tropas del territorio libanés, según trasladó el ministro de Información, Paul Morcos.

La embajadora estadounidense en Líbano, Michel Issa, advirtió que avanzar con excesiva rapidez pondría en riesgo a los civiles que el proceso pretende proteger, y defendió priorizar un despliegue ordenado de las zonas piloto por encima de los plazos. Esa cautela contrasta con la presión de Beirut para acelerar una retirada que, siete rondas después, sigue dependiendo de la voluntad política de Israel y de un actor armado que permanece al margen de la mesa de negociación.

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