Japón conmemoró este jueves los 81 años del bombardeo atómico de Hiroshima mientras crece internamente el debate sobre si el país debe revisar los principios antinucleares que adoptó tras la Segunda Guerra Mundial.
La ceremonia se realizó en el Parque Conmemorativo de la Paz ante unas 50.000 personas, con representantes de alrededor de 120 países y regiones, entre ellos Estados Unidos e Irán. A las 8:15 de la mañana —hora exacta en que el bombardero B-29 lanzó la bomba el 6 de agosto de 1945— los asistentes guardaron un minuto de silencio. Allí, la primera ministra Sanae Takaichi declaró que la misión de Japón, “única nación que ha sufrido bombardeos atómicos”, es liderar los esfuerzos internacionales hacia una sociedad libre de armas nucleares.
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Al término del acto, sin embargo, rechazó aclarar en rueda de prensa si los tres compromisos históricos del país —no poseer, no producir y no permitir la introducción de armamento nuclear— formarán parte de la nueva estrategia de defensa que el Ejecutivo prepara para finales de este año. La mandataria ha mantenido esa postura desde que asumió el poder en octubre del año pasado.
Hace dos semanas, el ministro de Defensa Shinjiro Koizumi declaró en Bruselas, ante preguntas sobre el tema: “Si no se trata sin tabúes, ningún país puede asegurar ya su propia seguridad él solo”.
Esa declaración, formulada ante aliados europeos al margen de cualquier acto conmemorativo, refleja una postura que tiene respaldo político dentro del Ejecutivo. Sectores conservadores del Partido Liberal Democrático y su socio de coalición, el Partido de la Innovación de Japón, impulsan permitir a Washington desplegar armas nucleares en territorio japonés para reforzar la disuasión extendida de Estados Unidos en la región.
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Pese a ello, según Nobumasa Akiyama, profesor de Política Internacional en la Universidad de Hitotsubashi de Tokio, dentro del propio gabinete no existe consenso sobre cómo enmendar esos compromisos. La mayoría de la sociedad japonesa se opone, además, a un esquema de armas compartidas al estilo OTAN. “Aceptar un debate libre de tabúes es algo totalmente distinto a apoyar un cambio de políticas”, señaló el experto.
Hirohito Ogi, exfuncionario del Ministerio de Defensa y analista del Instituto de Geoeconomía (IOG) de Tokio, descarta que la introducción de capacidades nucleares estadounidenses en el archipiélago sea viable en el corto plazo. El país no cuenta con opciones terrestres tácticas fiables para desplegar en suelo japonés.
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Desde el IOG, añade que Washington no clasifica como “introducción” el tránsito de submarinos con armas nucleares por las aguas del país. Propone, en cambio, reforzar las capacidades convencionales —misiles y drones de desarrollo doméstico— y vincularlas al arsenal nuclear aliado para disuadir a China y Corea del Norte.
El debate que reabrieron Ucrania y China
Akiyama señala la invasión rusa de Ucrania como uno de los catalizadores de esta discusión. La negativa de Washington a intervenir directamente instaló una pregunta en Tokio: ¿hasta qué punto es fiable el paraguas estadounidense frente a un adversario con capacidades nucleares? Otros analistas, en cambio, sostienen que el conflicto confirmó que ese armamento representa un peligro existencial que debe eliminarse.
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La invasión “aumentó el interés público tanto en la disuasión como en el desarme, permitiendo debatir abiertamente opciones que antes se consideraban tabúes”, resumió Akiyama. La principal amenaza para Japón, precisa Ogi, no proviene de Moscú sino de Pekín.
En agosto de 2022, China lanzó varios misiles balísticos hacia aguas próximas a Taiwán en respuesta a la visita de la entonces presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos Nancy Pelosi a la isla. “La amenaza nuclear china se hizo más evidente”, añadió el exfuncionario
(Con información de EFE y EuroNews)
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