Al-Hilal de Omdurman, reconocido club del fútbol sudanés, celebró un logro inédito en el continente africano al proclamarse campeón de la Ligue 1 de Mauritania mientras afrontaba el exilio forzado por la guerra civil en Sudán. A más de 4.725 kilómetros de su ciudad natal y en medio de una incertidumbre extrema, el equipo alzó el trofeo en un territorio ajeno, consiguiendo el campeonato a pesar del desplazamiento, la separación de sus dirigentes y la distancia con su afición.
Disputaron 30 partidos durante la temporada y apenas sufrieron tres derrotas, un indicio de su capacidad de adaptación ante las dificultades logísticas, emocionales y deportivas impuestas por el conflicto.
La conquista del título en Mauritania se produjo en medio de la dispersión de parte de la estructura directiva y del alejamiento del estadio y de la familia del club. Según medios locales, la distancia recorrida ascendió a 4.725 kilómetros desde Omdurman hasta la sede temporal en Mauritania, un desplazamiento sin antecedentes para un equipo sudanés en la máxima categoría de otro país.
Al-Hilal de Omdurman tiene sus raíces en una de las zonas más relevantes para el fútbol de Sudán. Con el estallido de la guerra civil en 2023, la entidad se vio forzada a abandonar su estadio y su ciudad. La imposibilidad de competir localmente obligó a la plantilla y al cuerpo técnico a buscar refugio en Mauritania, donde afrontaron un entorno desconocido y desafíos inéditos.
El traslado forzado generó nuevas complicaciones: parte de los responsables del club quedó dispersa en varios países. Esa situación puso a prueba la capacidad de gestión de la directiva y alteró la rutina y el funcionamiento habitual del equipo. Hassan Ali Eissa, secretario general del club, sintetizó el impacto del exilio: “Es extremadamente difícil dejar tu país, tu familia, tu afición y tus seguidores en contra de tu voluntad y verte obligado a participar en otra Liga”, declaró a Marca.
El desplazamiento también aumentó la presión sobre las comunicaciones y la operación cotidiana del club. Sus representantes se vieron obligados a recurrir a medios remotos para tomar decisiones, con el desafío añadido de mantener la cohesión interna pese a la dispersión.
La readaptación fue tanto geográfica como deportiva y psicológica. Al competir en una liga completamente distinta, Al-Hilal de Omdurman se enfrentó a rivales sin registros previos de competencia ni referencias tácticas conocidas. “Nuestro principal reto radica en dirigir el equipo a distancia, con miembros del consejo repartidos por varios países. Esto no favorece una gestión cercana y práctica”, explicó Ali Eissa según declaraciones recogidas por MARCA.
El equipo convivió con la incertidumbre y con el alejamiento permanente de sus seguidores y familiares. “Sin duda, competir en un campeonato distinto requiere un nivel de preparación diferente, especialmente en lo que se refiere a la faceta psicológica y emocional de los jugadores”, comentó el secretario general del club.
En palabras de Ali Eissa, el efecto de la guerra sobre los futbolistas quedó bien visible: “Les afecta profundamente el hecho de estar lejos de su patria, de sus hogares y de sus seguidores, así como la falta de información precisa sobre su país en medio de la guerra y la destrucción”.
Pese a estas circunstancias, el conjunto solo cayó en tres ocasiones a lo largo de 30 partidos, resultando vencedor en la mayoría de los encuentros y asegurando el campeonato en condiciones poco habituales. Para el equipo, competir fuera de su patria, alejado de sus familias y en un contexto de enfrentamiento civil supuso una exigencia adicional: “Para Al-Hilal de Omdurman, competir en medio de una guerra, un desplazamiento forzoso y la separación de nuestra patria, nuestras familias y nuestros hogares es poco menos que milagroso”, afirmó Eissa a MARCA.
Según el directivo, el trofeo adquirido se distingue por el contexto en el que fue obtenido: “Es el primer logro de este tipo para un equipo de fútbol en tiempos de guerra y destrucción y quedará registrado en los libros de récords”, enfatizó Ali Eissa.
La experiencia de Al-Hilal en Mauritania fortaleció los lazos con la sociedad local y con quienes prestaron ayuda durante la crisis de desplazamiento. “Nuestra experiencia ha reforzado nuestra relación con nuestros hermanos del pueblo mauritano, así como con todas las comunidades que nos acogieron”, precisó el secretario general del club.
Desde Mauritania, Al-Hilal lanzó un mensaje de convivencia y cooperación: “Es un llamamiento a la paz para que juntos podamos reconstruir lo que la guerra ha destruido”, afirmó Ali Eissa. En esas condiciones, el equipo sudanés elevó su nombre y el de su país a lo largo de toda la temporada, tras superar una serie de obstáculos derivados exclusivamente del contexto bélico que los rodea.

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