Bartłomiej Kubkowski logró la travesía que durante años desafió a nadadores de largas distancias: cruzó a nado el mar Báltico entre Suecia y Polonia, alcanzando la playa de Dziwnów tras 160 kilómetros de recorrido.
Según informó Euronews, la proeza, que se concretó en su quinto intento, no solo estableció un nuevo récord mundial sino que permitió reunir casi 850.000 zlotys (unos USD 227.650,06) para la lucha contra el cáncer, con el apoyo de la Fundación Cancer Fighters.
El desafío, ejecutado en condiciones extremas y bajo rigurosa supervisión, se convirtió en un ejemplo de resistencia y solidaridad. Kubkowski, conocido como “Foka”, sorteó obstáculos físicos y mentales durante las 55 horas que duró la expedición, marcando un hito para el deporte y la filantropía en Europa Central.
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La hazaña de Bartłomiej Kubkowski: récord, travesía y recaudación
El domingo por la noche, la costa de Dziwnów recibió a un nadador exhausto pero victorioso. Este logro, inédito hasta ahora en la disciplina, representó la culminación de un proyecto personal y benéfico de largo aliento.

La llegada a la playa no solo selló su nombre en la historia del deporte de resistencia, también activó una ola de apoyo solidario. El récord cobró mayor relevancia por la magnitud de la distancia y el tiempo invertido. Kubkowski permaneció en el agua durante 55 horas ininterrumpidas, impulsado por el objetivo de completar un reto que, en su intento previo, se le escapó por 11 kilómetros. En 2025, su travesía quedó a solo un tramo de la meta, pero esta vez la perseverancia y la preparación dieron resultado.
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La repercusión del evento trascendió el ámbito deportivo: medios polacos y europeos siguieron cada fase de la expedición, resaltando la combinación de esfuerzo físico, determinación y causa solidaria.
En palabras del propio nadador, tras salir del mar y ser consultado sobre sus sensaciones, declaró que estaba “tan cansado que aún no lo sabía”, según recogió Euronews, una frase que resume la exigencia física del reto.
La travesía del atleta desde Suecia hasta la playa polaca de Dziwnów marcó una nueva referencia para los deportes de ultraresistencia y motivó a miles de seguidores que acompañaron la recaudación a favor de pacientes oncológicos.
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Preparación, entrenamiento y condiciones extremas del cruce del Báltico

El éxito de la travesía estuvo precedido por meses de preparación intensa. El entrenamiento de Kubkowski incluyó sesiones de hasta un día y medio seguidos, con recorridos nocturnos en piscinas para simular el agotamiento y la falta de sueño que experimentaría durante la travesía real. Marcin Cieślak, miembro de su equipo, describió a Euronews, estos entrenamientos como “brutales”, destacando la disciplina y la entrega del nadador desde principios de año.
Durante la expedición, el joven no podía tocar la embarcación de apoyo, por lo que recibía la alimentación mediante brazos articulados especialmente diseñados. La logística exigía coordinación precisa para garantizar la seguridad y la nutrición del deportista sin romper las reglas del reto.
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El mar Báltico presentó condiciones adversas: olas altas y una temperatura que en la costa sueca apenas alcanzaba los 16 grados centígrados. Estas circunstancias añadieron dificultad al cruce, obligando al nadador a mantener el ritmo y la concentración a pesar del frío y la fatiga acumulada.
El desafío físico se combinó con el desgaste psicológico. Los miembros del equipo de seguridad, como Kacper Dereń, sabían que el agotamiento extremo aparecería después de unas 50 horas de nado continuo. Este conocimiento permitió anticipar momentos críticos y preparar estrategias de apoyo ante signos de desorientación o debilidad mental.
La preparación meticulosa y la experiencia adquirida en intentos previos resultaron esenciales para afrontar imprevistos y mantener la integridad del nadador, especialmente en los tramos finales del recorrido.
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Agotamiento, alucinaciones y apoyo en los últimos kilómetros

En la fase final de la travesía, Kubkowski experimentó alucinaciones y pérdida de orientación. El cansancio extremo, previsto por el equipo, se manifestó con cambios inesperados de rumbo y preguntas reiteradas sobre la dirección que seguía. El nadador, consciente de su estado, alertó rápidamente al equipo de apoyo, que respondió con raciones extra de comida para aportar energía en los momentos más críticos.
Las alucinaciones incluyeron “cosas raras” según relató el propio deportista al equipo, aunque la mayor preocupación de sus acompañantes se centró en la pérdida de conciencia y la confusión mental. La experiencia previa permitió manejar la situación y evitar riesgos mayores.
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Un episodio llamativo ocurrió cuando el equipo lanzó al mar una botella de gaseosa para motivar al nadador. Al encontrarla, preguntó si realmente podía tomarla y, al recibir la confirmación, expresó una alegría genuina. Este pequeño gesto sirvió como estímulo psicológico en el tramo definitivo.
Tras alcanzar la meta, Kubkowski fue trasladado de inmediato a un hospital local para un reconocimiento médico completo. El equipo destacó que la desorientación y las alucinaciones constituyen reacciones naturales del cuerpo sometido a un esfuerzo tan prolongado e ininterrumpido, y que la gestión de estos episodios fue clave para el desenlace exitoso de la travesía.
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