En un escenario internacional confuso, un especialista en políticas de Israel desglosa las claves del conflicto y explica la divergencia entre los objetivos militares y los objetivos políticos de la campaña bélica
Las tensiones entre Israel, Irán y Estados Unidos escalaron durante la jornada, cuando el Pentágono calificó de ‘día más intenso’ los ataques dentro de Irán. Al mismo tiempo, el precio del petróleo se reajustó tras las declaraciones de Donald Trump sobre un posible final de la guerra.
Desde el gobierno de Benjamín Netanyahu, sin embargo, insistieron: “esto no termina”, y afirmaron que la ofensiva militar israelí busca debilitar al régimen clerical iraní en respuesta al reciente nombramiento en la línea sucesoria de Khamenei.
La aparente diferencia entre el discurso estadounidense y el israelí evidencia una fractura en la conducción del conflicto. El historiador y analista político israelí Joel Schwartz señaló en una entrevista para Infobae: “Hay una divergencia entre lo que serían los objetivos militares de esta campaña, que están de alguna manera bastante acotados… y lo que son los objetivos políticos”.
Para Schwartz, mientras las operaciones buscan dañar la capacidad militar de Irán, el propósito político de provocar la caída del régimen es mucho más ambicioso y, por ahora, remoto: “No vemos que haya una revolución popular en Irán que busque derrocar al régimen.”
Aunque el Pentágono esperaba una escalada, Schwartz describió desde Israel el impacto cotidiano: “Yo lo puedo ver en la cantidad de veces que corremos a los refugios aquí en el centro del país, en Israel”. Además aportó un dato relevante: “Hay una baja en la intensidad de los bombardeos en general… se ha llegado a un 90% menos de bombardeos en el día de hoy con relación al inicio de la guerra.” Esta reducción del fuego se observa sobre todo en Israel y en países del Golfo como Catar, aunque el riesgo sigue vigente.
Schwartz atribuye las tensiones políticas a disputas internas en Estados Unidos y, en particular, a la relación entre Donald Trump y Benjamín Netanyahu, los dos principales aliados. Explicó que “Trump está sometido a presiones para ponerle un coto a la guerra, para ponerle un punto final. Esas presiones tienen que ver, en primer lugar, con el tema de los mercados… el precio del petróleo y todo lo que eso trae aparejado. Creo que también Trump está presionado en el frente interno, porque hay una enorme cantidad de la población norteamericana, inclusive dentro de su propio partido, que no apoya esta guerra”.
También recordó que la coyuntura estadounidense está marcada por el año electoral, lo que condiciona las decisiones estratégicas del presidente.
En contraste, Netanyahu sustenta su estrategia en la percepción existencial de la amenaza iraní y en el fortalecimiento de su liderazgo interno.
Para Schwartz, “Otra vez, al revés que a Trump, la guerra a Netanyahu lo fortalece en el frente interno”. Esta diferencia, según el analista, anticipa “una bomba a futuro… una bomba que va a explotar en algún minuto.” Pese a las voces de ciertos sectores de la política estadounidense, Schwartz advirtió que si Estados Unidos decidiera cerrar el capítulo militar, Israel debería acatar: “No tiene la libertad de acción ni el juego de cintura como para continuar por su cuenta”, afirmó.
Las alianzas trascienden lo militar. El vínculo con Estados Unidos incluye también intereses económicos y comerciales vinculados con China e Irán, en especial por el rol de Irán como proveedor de petróleo para el gigante asiático y la influencia que esa dinámica ejerce sobre la Casa Blanca.
Schwartz relativizó la magnitud del involucramiento ruso en el conflicto. “La actitud de Rusia es mucho más moderada de lo que se cabía esperar históricamente… Rusia ha tenido un rol mucho más activo en la defensa o en la protección de… sus aliados o socios. Irán es un socio muy importante de Rusia, sobre todo… la industria armamentística”, explicó.
Aunque Vladímir Putin haya adoptado una postura más activa recientemente, incluso buscando diálogo con Trump para explorar mecanismos de desescalada, el analista consideró incierto el alcance real de esas iniciativas: “No sé cuánto de esto es propaganda, cuánto de esto son cosas que ya están arregladas y cuánto de esto implica un involucramiento real”.
Desde Irán, la estrategia consiste en administrar racionalmente los recursos militares tras la pérdida de infraestructura de misiles y capacidad productiva. “El régimen tiene una capacidad que la está administrando muy racionalmente con el objetivo de… mantener la presión sobre los países vecinos, especialmente sobre los países árabes”, señaló Schwartz a Infobae.
También destacó el papel central de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, Estados con potencial influencia sobre la economía global y la Casa Blanca.
El gobierno iraní conserva “material oculto en las montañas”, una reserva estratégica que le permite prolongar la operación militar si no se alcanza una solución diplomática. Schwartz advirtió: “lo que queda todavía alcanza para sostener una guerra que puede ser prolongada si no se resuelve por otros medios.”
Consultado sobre la capacidad de recuperación de la población frente al conflicto, Schwartz explicó: “No hablo del Estado, del Gobierno ni del ejército, que tiene sus herramientas, pero la sociedad… tiene una enorme capacidad de reponerse de un bombardeo y a los 15 minutos, a las 2 horas o a los 2 días ya estar viendo cómo se hace para normalizar y volver a trabajar y volver a las escuelas”. Hoy la educación es un tema central, con debates sobre cuándo y cómo reanudar clases y actividades universitarias.
Schwartz subrayó que la exposición continua a la guerra genera “consecuencias a nivel anímico, también a nivel psicológico, también a nivel económico”. Advirtió que un conflicto prolongado dejará “señales y secuelas graves”, aunque la sociedad tiende a restablecer la rutina “en cuanto se puede”.
Schwartz resumió la situación en Israel: la ofensiva militar sigue y el futuro de la operación dependerá, sobre todo, de la decisión estadounidense. Mientras tanto, el país mantiene una capacidad de resistencia social ante un escenario que alterna pausa, amenaza persistente y presión geopolítica global.

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