Veterinarios de abejas: al rescate de un polinizador vital que enfrenta graves amenazas

En el hospital veterinario docente de la Universidad de Georgia los aspirantes a veterinarios aprenden a atender a una gran variedad de animales: perros con dermatitis y caballos con cólicos, gatos diabéticos y loros desnutridos, conejos sangrantes y serpientes con dificultad para respirar. “Lo que sea que cruce por la puerta”, dijo el Dr. Jörg Mayer, veterinario de animales exóticos del hospital. “O que se arrastre”, agregó. Pero, en una ventosa mañana de domingo de abril, el doctor Mayer estaba en un pequeño campo cubierto de vegetación, enseñando a sus alumnos a hacer visitas domiciliarias a un grupo de pacientes que raramente llegaban a la puerta del hospital, ni aparecían en el plan de estudios veterinario estándar. Los estudiantes se pusieron rígidos mamelucos blancos, se colocaron capuchas protectoras de malla y se prepararon para hacer la ronda entre cientos de miles de abejas melíferas. “¿Están todos listos?”, preguntó el Dr. Mayer.

Durante las dos horas siguientes, los estudiantes inspeccionaron más de una docena de colmenas, levantando los panales de cera hacia el sol y buscando señales de enfermedad: alas atrofiadas, larvas decoloradas o diminutos ácaros que pueden representar un problema grave para las abejas del país y, por extensión, para el suministro de alimentos.

Las abejas melíferas son estrellas de la agricultura: polinizan cultivos por un valor aproximado de 15.000 millones de dólares —más de 130 tipos de frutas, verduras y frutos secos— cada año. Pero también están cada vez más amenazadas, afectadas por parásitos y patógenos, y debilitadas por el cambio climático, los pesticidas y la desnutrición.

Las mortandades masivas se han vuelto habituales; durante la temporada 2024-2025, Estados Unidos perdió más de la mitad de sus colonias manejadas de abejas melíferas. Los apicultores están “peleando una guerra para mantener vivas a sus abejas”, dijo Bob Binnie, apicultor comercial y propietario de Blue Ridge Honey Company, en Lakemont, Georgia.

Desde 2017, cuando se restringió la venta libre de antibióticos para las colmenas, los apicultores necesitan veterinarios para determinados tratamientos
Desde 2017, cuando se restringió la venta libre de antibióticos para las colmenas, los apicultores necesitan veterinarios para determinados tratamientos

El programa de medicina para abejas melíferas de la Universidad de Georgia forma parte de un esfuerzo aún incipiente, pero en crecimiento, para involucrar a los veterinarios en esa lucha. La mayoría de los estudiantes de veterinaria ya deben dominar las bases biológicas de una amplia variedad de animales domésticos, como perros, gatos, caballos, vacas y cerdos. “Creo que la abeja melífera merece un estatus similar”, dijo el Dr. Mayer, profesor de la facultad de veterinaria de la universidad. Si la mitad de los perros —o gatos, vacas o caballos— del país murieran inesperadamente cada invierno, sería una emergencia sanitaria animal. “Sin embargo, en la apicultura, básicamente se llama miércoles”, dijo el Dr. Mayer. “Se considera totalmente normal”.

Básicamente, un microganado

El Dr. Mayer, que creció en un pequeño pueblo agrícola del sudoeste de Alemania, pasó gran parte de su infancia rodeado de animales de granja. Pero cuando comenzó la carrera de veterinaria en Budapest, descubrió que le atraían las aves, los lagartos y las criaturas exóticas, de las que se sabía mucho menos. También se enamoró de las abejas melíferas. A diferencia de Estados Unidos, muchas facultades de veterinaria europeas incluían la salud de las abejas en el plan de estudios, presentando a estos invertebrados como “básicamente un microganado”, dijo el Dr. Mayer.

La medicina de las abejas era lo suficientemente poco convencional como para captar su atención. “También me parecía algo súper romántico tener tus propias abejas y producir tu propia miel”, dijo el Dr. Mayer.

El problema es que la mayoría de los profesionales no estaba preparada para atender abejas
El problema es que la mayoría de los profesionales no estaba preparada para atender abejas

Y a comienzos de la década de 2000, después de aceptar un trabajo como veterinario de animales exóticos en Estados Unidos, consiguió algunas colmenas propias. Para entonces, ya estaba claro que las abejas melíferas enfrentaban amenazas graves. Varroa destructor, un ácaro invasor y parásito que se alimenta de abejas vivas, encabezaba la lista. Pero había decenas de peligros más: polillas de la cera, escarabajos de las colmenas, hongos que alteran la digestión, virus que provocan parálisis o deformaciones en las alas, bacterias capaces de eliminar a todas las crías de una colonia.

Durante años, los apicultores estadounidenses controlaron los brotes en gran medida por su cuenta, diagnosticando muchas enfermedades de manera visual y aplicando luego los tratamientos de su preferencia. El hecho de que pudieran comprar antibióticos sin receta veterinaria favorecía esa autosuficiencia. Pero en 2017, ante la preocupación por el aumento de los microorganismos resistentes a los antibióticos, los reguladores federales endurecieron el acceso a esos medicamentos. De pronto, los apicultores que querían utilizarlos necesitaban un veterinario.

Había solo un problema. “En Estados Unidos no estábamos bien preparados para atender abejas melíferas”, dijo la Dra. Tracy S. Farone, veterinaria del Grove City College, en Pensilvania, quien realizó un año sabático en Europa para aprender más sobre el tema. Desde 2017, varias organizaciones profesionales, entre ellas el recientemente creado Honey Bee Veterinary Consortium, han intentado actualizar a los veterinarios en ejercicio mediante cursos de educación continua y certificaciones especiales. El interés por el tema ha ido creciendo, señalaron los especialistas.

Uno de los conceptos centrales es que, a diferencia de otros animales, en las abejas no se trata de salvar individuos sino de mantener sana a toda la colonia, considerada un "superorganismo"
Uno de los conceptos centrales es que, a diferencia de otros animales, en las abejas no se trata de salvar individuos sino de mantener sana a toda la colonia, considerada un “superorganismo”

“Sin duda hemos avanzado mucho”, dijo la Dra. Farone, que actualmente investiga y enseña sobre salud de las abejas melíferas. “Cuando voy a congresos veterinarios y hablo sobre abejas, las salas están llenas”. (Y agregó: “No es otra charla sobre diarrea en perros, ¿no?”).

Pero la brecha de conocimientos sigue siendo grande. En una encuesta realizada entre 2023 y 2024, el 74% de los veterinarios dijo que no sabía cómo extender recetas para abejas melíferas; el 89% indicó que no sería capaz de identificar enfermedades en estos insectos. Por eso, algunas facultades de veterinaria también están trabajando para que la próxima generación de profesionales tenga una mejor formación sobre las abejas.

La llegada de los veterinarios es realmente necesaria porque la situación de las abejas y de los apicultores es muy difícil en este momento”, dijo Meghan Milbrath, quien ayudó a crear y actualmente dirige un programa de medicina para abejas melíferas en la Universidad Estatal de Michigan y fue una de las autoras de la encuesta. “Realmente necesitamos que todos colaboren”.

Cuidar las colmenas

En la Universidad de Georgia, el Dr. Mayer pensó que estaba en una posición ideal para ayudar a los estudiantes de veterinaria a comprender mejor a las abejas melíferas. Tras el cambio en la normativa de la FDA, contó que se preguntó: “Bueno, ¿por qué no combinar mi hobby, la apicultura, con mi trabajo?”. Se asoció con colegas de la facultad de agricultura de la universidad, donde ya existía un reconocido laboratorio de abejas y un programa de certificación para apicultores. Juntos crearon un programa de medicina para abejas melíferas, que hoy incluye un club de abejas, un equipo de tratamiento de colmenas y una rotación optativa de tres semanas.

Madison Morgan, estudiante de cuarto año de veterinaria oriunda de Austell, Georgia, se sorprendió a sí misma al inscribirse en todas esas actividades. Había llegado a la facultad sin ningún interés particular por las abejas. “No estaban en mi radar en lo más mínimo”, confesó.

Pero, cuando escuchó hablar del club de abejas, sintió curiosidad, y el entusiasmo del Dr. Mayer terminó de convencerla. “Terminó siendo una nueva pasión que no esperaba”, dijo Morgan, quien finalmente se convirtió en una de las responsables del equipo de tratamiento de colmenas. Ver a una abeja regresar a la colmena transportando grandes cúmulos de polen en las patas había llegado a ser tan emocionante como ver a su perro aprender un truco nuevo. “Cuando las vemos volver con esos pantalones de polen, nos sentimos muy orgullosos de esa abeja”, dijo.

Pero, en cierto modo, las abejas desafían uno de los principios centrales de la medicina veterinaria, según el cual la vida de cada animal individual importa. “Todos amamos a los animales y pensamos: ‘Queremos salvar a cada uno de ellos’”, dijo Morgan. Ese enfoque tiene poco sentido en el caso de las abejas melíferas, cuya vida puede medirse en semanas y que solo pueden sobrevivir como parte de una colonia más grande. A menudo se describe a las colonias como “superorganismos”, con las abejas trabajando colectivamente para cumplir funciones biológicas básicas.

Por eso, en la medicina de las abejas, la paciente no es la abeja, sino la colmena. El apiario de enseñanza de la facultad tenía 13 de ellas, cada una alojada en una torre de cajas apiladas que crecía en altura a medida que la colonia se expandía.

Los estudiantes aprenden a revisar las colmenas y a detectar plagas
Los estudiantes aprenden a revisar las colmenas y a detectar plagasDIEGO SPIVACOW / AFV

Los estudiantes del equipo de tratamiento inspeccionan las colmenas todas las semanas. Comienzan examinando los residuos que se acumulan en la parte inferior de cada colmena. Los granos de polen y las escamas de cera son subproductos normales de una colonia sana y activa. Pero encontrar escarabajos de la colmena, larvas momificadas o numerosos pequeños puntos marrón rojizos —ácaros Varroa— en la base puede ser señal de problemas.

Los estudiantes también evalúan los cuadros de madera del interior de cada colmena, que sostienen los panales de cera donde las abejas almacenan alimento y crían a sus larvas: ¿hay suficiente polen, néctar y miel para mantener nutrida a la colonia? ¿Necesitan más espacio? ¿Hay señales de plagas o patógenos?

Salud integral

Aquella ventosa mañana de domingo de abril, las inspecciones detectaron dos ácaros Varroa, lo que no era motivo de alarma. Estos ácaros se han vuelto tan comunes que no es raro encontrar algunos en una colmena; no sería necesario aplicar un tratamiento salvo que aumentara la población de ácaros. Aunque la Varroa puede destruir incluso la colmena más fuerte, las colonias sanas y bien alimentadas pueden mantener algunas plagas y patógenos “bajo control” por sí solas, explicó Lewis J. Bartlett, quien dirige las investigaciones en el laboratorio de abejas de la Universidad de Georgia y ayudó a crear el programa de medicina para abejas melíferas. “Pero si nos quedamos sin buenos alimentos para ellas, porque hemos perdido hábitats para los polinizadores”, agregó, “y además las estamos envenenando con todos estos insecticidas, fungicidas y otros agroquímicos que sabemos que inhiben su sistema inmunológico, entonces pueden producirse estos enormes brotes”.

Por eso, el programa alentaba a los estudiantes a pensar de manera integral sobre la salud de las colmenas, enseñándoles los principios nutricionales y las condiciones ambientales que podían proteger a las abejas y a los apicultores de pérdidas a gran escala. “Si te llaman para ir a un apiario”, dijo el Dr. Mayer, “no querés ser ese tipo que simplemente llega en una camioneta, escribe una receta y dice: ‘Nos vemos’”.

El Dr. Mayer no espera que sus estudiantes orienten toda su carrera profesional hacia las abejas, pero sí que se sientan cómodos atendiendo a apicultores como clientes. De hecho, Morgan decidió recientemente especializarse en cirugía. Pero dijo que espera ser un recurso para los apicultores locales y mantener sus propias colmenas en su casa.

Después de todo, así fue como empezó el propio Dr. Mayer, con un simple hobby de apicultura y otra especialidad profesional. Ahora, incluso su trabajo con animales exóticos incorpora a las abejas: ha utilizado miel, que puede acelerar la cicatrización de determinadas heridas, para tratar tortugas y armadillos lesionados, e investiga si los productos de las abejas podrían beneficiar a animales con cáncer. Las abejas, dijo, “realmente se han apoderado de mi vida”.

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