La apertura de sesiones del Congreso volvió a poner en evidencia la profunda grieta entre Milei y Victoria Villarruel. El 1° de marzo la relación mostró su cara más tensa en público: un saludo frío y protocolar —que la transmisión oficial optó por no emitir—, seguido por un episodio tenso con Karina Milei y una indirecta presidencial que no pasó desapercibida.
Al ingresar al recinto, Villarruel protagonizó un episodio llamativo con la secretaria general. Las cámaras registraron cómo la vicepresidenta, en pleno protocolo, empujó con el hombro a Karina para conservar su lugar junto al Presidente. El gesto —interpretado como otra muestra de la pulseada de poder en el oficialismo— provocó un inmediato revuelo. La tensión alcanzó su punto máximo durante el discurso de Milei: al mencionar los “ataques sin precedentes” sufridos por su gobierno, el Presidente habló de “propios” que “soñaban con abrazar el sillón de Rivadavia”, mientras con la cabeza señalaba a la vice.
Villarruel respondió con dureza en redes sociales: “Eso quieren. Mi renuncia. Pero no se les va a dar. El 10/12/27, hasta esa fecha ocupo con honestidad mi cargo”, escribió. La relación con el Presidente está quebrada y la convivencia con Karina Milei es inexistente. Fuentes cercanas a la vicepresidenta reconocen que no participa en las decisiones del Gobierno; algo que, paradójicamente, puede convertirse en un activo para Villarruel.
Todo indica que ya piensa en 2027. En las últimas semanas intensificó sus giras por el interior, marcó distancia públicamente del modelo económico aperturista del Gobierno —defendiendo la industria y la producción nacional— y sostiene contactos fluidos con gobernadores, fuerzas de seguridad e incluso sectores del peronismo conservador. En diferentes encuestas ya figura como una alternativa.
En su entorno sueñan con conformar un espacio propio, más nacionalista y productivista, para disputar la sucesión presidencial. “Ella no se va a jubilar”, repiten desde su círculo. Por ahora, la vicepresidenta se mantiene en su cargo, resiste las presiones internas y acumula capital político de cara al futuro. El 2027, aunque parezca lejano, ya empezó para Villarruel.


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