Un restaurador desafía el vandalismo en Roma y gana seguidores mostrando la recuperación del patrimonioCon tecnología especializada y apoyo de la comunidad, Valerio Tuveri impulsa un movimiento para proteger los monumentos históricos y reclama sanciones más estrictas frente a los daños en espacios emblemáticos

El restaurador usa una máquina de chorro de arena para quitar pintadas de muros, fachadas y monumentos sin afectar la piedra (Instagram/@mr.tuvs)

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Un restaurador de 28 años libra una batalla personal contra los grafitis que cubren los muros históricos de Roma, la ciudad que él mismo define como la más vandalizada de Europa. Valerio Tuveri, armado con una máquina de chorro de arena y una presencia en redes sociales en expansión, lleva meses devolviendo su estado original a fachadas, monumentos y edificios de la capital italiana.

Tuveri no es activista ni político. Es restaurador de arquitectura, y eso, precisamente, lo convierte en alguien que ve el deterioro del patrimonio con otra mirada. Cada pintada sobre una pared centenaria no es para él una firma anónima: es un daño concreto sobre un bien que pertenece a todos. Así lo recogió Euronews, que documentó su trabajo más reciente en la Villa Sciarra, un conjunto histórico de la ciudad donde nuevas pintadas habían aparecido sobre muros que acababan de ser restaurados.

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Con equipos de protección y una chorreadora de arena a alta presión, Tuveri retiró la pintura en espray capa a capa, con el cuidado de no dañar la piedra subyacente. Lo que empezó como una intervención en solitario terminó con vecinos del barrio sumándose a la limpieza, en lo que Euronews describió como un esfuerzo espontáneamente comunitario.

El fenómeno viral que convirtió la restauración en contenido

Tuveri documenta cada intervención y la publica en Instagram y TikTok, donde es conocido como “el chico que limpia Roma”. La fórmula es simple: antes y después, trabajo visible, resultados inmediatos. La respuesta del público ha sido notable. Su comunidad de seguidores crece de forma sostenida, y sus vídeos generan debates sobre el cuidado del espacio público, la identidad urbana y los límites entre el arte y el vandalismo.

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Para él, esa distinción es clara. Tuveri no equipara los grafitis con el arte urbano: hay, a su juicio, una diferencia entre una obra pensada y las firmas sin sentido que se repiten en monumentos, coches, persianas y fachadas privadas. “Hay escritos sin sentido por todas partes, en monumentos, viviendas privadas, coches y persianas”, declaró en declaraciones recogidas por Euronews.

Su trabajo en redes no busca solo visibilidad personal. Con cada pieza que publica, el restaurador intenta trasladar un mensaje: los muros históricos de Roma no son un soporte disponible, sino un patrimonio acumulado durante siglos que puede degradarse en cuestión de minutos.

Una ciudad vandalizada que la ley no logra proteger

El diagnóstico de Tuveri sobre Roma es contundente. “Decidí tomar este camino, esta ‘batalla’, contra los grafitis porque Roma es, en mi opinión, la ciudad más bella del mundo, pero al mismo tiempo la ciudad más vandalizada de Europa”, afirmó en declaraciones a Euronews. La magnitud del problema quedó en evidencia tras su intervención en la Villa Sciarra: mientras los muros restaurados recuperaban su aspecto original, las calles del barrio de Trastevere, a pocos metros, seguían cubiertas por capas de pintadas superpuestas.

La legislación italiana prevé sanciones para quienes dañen monumentos o bienes de valor histórico, arqueológico o artístico. Según el marco legal vigente, los responsables pueden enfrentarse a penas de hasta un año de prisión o a multas de alrededor de 2.000 euros si el daño se considera lesivo para el patrimonio cultural del país. Los tribunales también tienen facultad para ordenar la confiscación del bien utilizado para causar el daño.

Tuveri, no obstante, considera que esas cifras son insuficientes para disuadir a los infractores. “Se les puede decir a las personas lo que se quiera, pero cuando se les toca el bolsillo, empiezan a notarlo”, señaló. Su propuesta pasa por ampliar la red de cámaras de vigilancia, reforzar los controles de seguridad en zonas sensibles y elevar de forma sustancial las sanciones económicas.

Entre la gestión pública y la iniciativa privada

La intervención de un ciudadano particular en la conservación del patrimonio urbano plantea preguntas sobre el rol de las instituciones. En el caso de Tuveri, su formación como restaurador de arquitectura le otorga tanto la capacitación técnica como la conciencia sobre los límites de cada intervención. No actúa sobre cualquier superficie: selecciona espacios históricos y aplica métodos que, según su propio criterio profesional, no agravan el daño existente.

Su trabajo en la Villa Sciarra es un ejemplo de esa tensión. El lugar ya había sido restaurado previamente, lo que hace más visible el contraste entre el esfuerzo institucional y la rapidez con que las pintadas vuelven a aparecer. El restaurador no plantea su actividad como un sustituto de la acción del Estado, sino como una forma de presión y de visibilización del problema.

Cada muro que recupera es también una pieza de contenido que llega a miles de personas. Y en esa combinación entre oficio, denuncia y viralidad, Valerio Tuveri ha construido una voz propia en el debate sobre cómo Roma cuida, o descuida, su herencia material.

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