Un ataque ruso con misiles y drones contra varias ciudades de Ucrania mató en la madrugada del jueves a una familia entera cerca de Kryvyi Rih, la ciudad natal del presidente Volodímir Zelensky, en un bombardeo que el mandatario ucranio atribuyó a un misil balístico de origen norcoreano.
El proyectil impactó contra una vivienda en la localidad de Radushne, próxima a Kryvyi Rih, y dejó, según los servicios de emergencia ucranios citados por la agencia AFP, seis muertos confirmados y otras cuatro personas presuntamente fallecidas cuyos cuerpos aún no habían sido identificados formalmente. Zelensky identificó a la familia como los Voronov: la madre, Olena; el padre, Artem; siete hijos y un nieto. La víctima más joven, según el presidente, tenía apenas un año y medio.
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“Los rusos usaron su misil balístico para destruir una casa corriente de una familia corriente”, escribió Zelensky en sus redes sociales. “Era una vivienda ordinaria, reducida a pedazos”, añadió. Sergei Kovtoniuk, portavoz del Servicio Estatal de Emergencias en la región de Dnipropetrovsk, dijo a AFP que se habían hallado 17 fragmentos de cuerpos en el lugar. “Puede afirmarse preliminarmente que las diez personas que estaban en la casa han muerto”, indicó.
Sobre el origen del arma, Zelensky dijo en su alocución nocturna: “Por supuesto, todavía habrá peritajes, todo será verificado, pero por ahora se trata de armamento balístico norcoreano”. La agencia Reuters, citando dos fuentes no identificadas, respaldó esa hipótesis y señaló que se trataría de la primera vez en casi un año que Rusia recurre a un misil norcoreano en la guerra, lo que apuntaría a que Moscú dispone de un nuevo suministro de este armamento procedente de Pyongyang.
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Rusia y Corea del Norte firmaron en 2024 un tratado de asociación estratégica que incluye compromisos de asistencia militar mutua, y desde entonces Kiev y sus aliados occidentales han denunciado el envío de tropas, munición y misiles norcoreanos al Ejército ruso. Naciones Unidas y varios gobiernos han documentado anteriormente el uso de misiles balísticos norcoreanos contra objetivos ucranios, aunque Pyongyang y Moscú niegan sistemáticamente estas transferencias.
El bombardeo del jueves fue uno de los mayores de las últimas semanas: la fuerza aérea ucraniana contabilizó el lanzamiento de 74 misiles y 284 drones, de los que aseguró haber interceptado 55 y 265, respectivamente. Además de Kryvyi Rih, los ataques causaron muertos en Kiev, Poltava y Leópolis, según autoridades locales citadas por AFP, mientras que Zelensky cifró en ocho el número de fallecidos en todo el país, según recogió Reuters, una discrepancia que refleja el carácter todavía provisional de los balances.
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En Kiev, más de 56.000 personas pasaron la noche refugiadas en las estaciones del metro, que desde 2022 funcionan como refugios antiaéreos. La onda expansiva del bombardeo llegó hasta Polonia, país miembro de la OTAN: la policía polaca localizó un cráter de diez metros de ancho en un campo a unos 80 kilómetros de la frontera ucrania. “Del análisis de la mayoría de los rastros, los fragmentos recuperados apuntan a un misil ruso Kh-101”, declaró el primer ministro polaco, Donald Tusk, junto al lugar del impacto.
El episodio se produce dos días después de que Zelensky se reuniera en la Casa Blanca con el presidente estadounidense, Donald Trump, para abordar la defensa antibalística de Ucrania. Trump ha planteado en el pasado autorizar la producción de interceptores Patriot para reforzar las defensas ucranias, aunque ni Washington ni Kiev han precisado los términos del plan.
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El mes pasado fue el más letal para la población civil ucrania desde abril de 2022, según cifras oficiales, en un contexto de intensificación de los ataques rusos con misiles balísticos, un tipo de arma que las defensas antiaéreas ucranias tienen mayores dificultades para interceptar que los drones. La reaparición de armamento norcoreano en el campo de batalla, de confirmarse, añade una variable adicional a una guerra que combina el apoyo militar de Teherán y Pyongyang a Moscú con la creciente presión de Washington para alcanzar una negociación que, por ahora, ninguna de las partes da por cercana.

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