Nicolas Pino: “Las retenciones deben dejar de existir, por ley y para siempre”

President of the Argentine Rural Society Nicolas Pino speaks during the official opening ceremony of the Rural Society's 137th annual exhibition, in Buenos Aires, Argentina, July 26, 2025. REUTERS/Matias Baglietto

El titular de la Sociedad Rural, Nicolás Pino, reiteró hoy, en el discurso de apertura de la 138 Exposición Rural de Palermo, la posición de la tradicional entidad contra los derechos de exportación, pero lo hizo en un contexto de reconocimiento al gobierno de Javier Milei, a quien minutos antes había recibido con un muy efusivo abrazo y a cuya gestión reconoció varios logros, además de cargar muy fuertemente -en línea con el discurso económico oficial- contra los impuestos provinciales y las tasas municipales.

“Basados en más de un siglo y medio de trabajo, nos corresponde mirar con atención y lucidez a la Argentina de hoy, y a la Argentina que viene. La mirada de la Rural frente a la economía del país es optimista pero objetiva, crítica pero constructiva, una visión indispensable para poder representar los intereses de los productores. Celebramos que el campo sigue siendo clave para la economía. En el último año, la actividad agrícola creció, y ha llegado a producir por valor de 40.000 millones de dólares; la ganadería, 34.000; y el conjunto de las producciones regionales, 11.500 millones de dólares. En total, las cadenas productivas del campo han aportado a la economía nacional más de 83.000 millones de dólares”, enumeró. Por esa razón, afirmó, “queda claro que cuando el campo demanda cambios justos a la política, lo hace porque tiene mucho para dar”.

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Javier Milei, Luis Caputo y Karina Milei participan junto a otros asistentes en la inauguración de la Exposición Rural de Palermo

Sin embargo, prosiguió, “desde el año 2002, los gobiernos han sometido al campo a un régimen confiscatorio: las retenciones. 215 mil millones de dólares ingresaron sólo por ese concepto en las arcas del Estado. Durante el actual mandato presidencial, disminuyó ese monto”.

Pino cuantificó esa “suma no confiscada” por el gobierno nacional en unos USD 6.000 millones y dijo que el campo los reinvirtió “en genética, pasturas, maquinaria y otros tipos de mejoras” que llevaron a al crecimiento del empleo rural, la producción agropecuaria y las superficies afectadas”.

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El campo, precisó, “ha hecho crecer la producción de carnes, la de huevos, y la de miel. Hemos cosechado un 34% más de maíz; el doble de girasol: 7 millones y medio de toneladas; y el doble de trigo: un récord de 30 millones (…) está demostrado, como venimos diciendo en reiteradas ocasiones, en coincidencia con el Presidente: las retenciones deben dejar de existir, por ley y para siempre”.

Por eso, remató Pino ese tramo de su discurso: “confíen en el campo; el campo nunca los va a dejar de a pie”.

El dirigente ruralista reconoció “notables logros” a la política económica oficial, entre los cuales citó “la reducción de la inflación, la mejora en el equilibrio fiscal y la estabilidad cambiaria han creado previsibilidad, reflejada en la baja del riesgo país. La producción ha comenzado a desplazar a la especulación financiera”. Además, prosiguió, “la desregulación va permitiendo la apertura de mercados, y una inserción creciente de nuestra producción en el mundo. Los indicadores de pobreza han comenzado a disminuir. Y ha crecido el diálogo entre el Gobierno y la Rural: los funcionarios escuchan y toman en cuenta nuestras propuestas”. En cuanto al trabajo, afirmó ”generamos más de 4 millones de empleos, en formas directa e indirecta. Todo el país se reactiva a partir del crecimiento del campo”.

Más adelante, envió “un mensaje a los funcionarios nacionales, a los Gobernadores y a los Intendentes: para lograr que los productores del campo nos establezcamos en todos los puntos de nuestro territorio es imprescindible que dejen de agobiarnos con impuestos, y que lo recaudado vuelva, en forma de obras y servicios públicos”. Y exigió suprimir “el manejo arbitrario del impuesto a los ingresos brutos, las tasas viales que no se traducen en obras, y el cobro de gravámenes por el simple traslado de mercadería entre provincias, que crea aduanas internas, prohibidas por la misma Constitución Nacional”.

Pino señaló que “cuando los impuestos bajan, la producción aumenta” y acusó la falta de inversión en servicios comunes esenciales: salud, educación, seguridad, justicia e infraestructura, “que deben ser proporcionados por los Estados nacional, provinciales y municipales; ya sea a través de inversión pública, ya sea a través de inversión privada gestionada desde los gobiernos”. Citando a Juan Bautista Alberdi reivindicó además a la educación popular como “la condición primera, la base fundamental de la vida política, económica y moral de los pueblos (…) el campo necesita escuelas, que brinden educación básica, y que también capaciten en todas las tecnologías nuevas que el campo necesita”.

El atraso en infraestructura vial y de comunicaciones, prosiguió, es una de las causas del “famoso costo argentino, que daña nuestra competitividad”. Esa carencia, dijo, “incluye los trenes y los puertos, pero también los caminos rurales, vitales para el transporte productivo y, mucho más importante, para el acceso de la familia rural a la escuela y al centro de salud. Mejorar los caminos rurales es inversión, no gasto. Su mantenimiento, en general, brilla por su ausencia”. Como ejemplo de la falta de infraestructura es el atraso en obras de prevención de inundaciones en la cuenca del río Salado. Por eso, señaló, “es urgente poner en marcha un plan coordinado de obras que prevengan contra fenómenos naturales derivados del clima, como la próxima llegada de El Niño”.

El titular de la SRA consideró un “desafío trascendente volver a transformar el potencial del agro en una estrategia de desarrollo nacional”. En condiciones adecuadas, siguió, el agro argentino podría producir un 50% en cereales y oleaginosas, sumar un millón de toneladas de carne, duplicar el área implantada en forestación y agregar2.000millonesdelitros de leche; sin contar con las producciones regionales”. Un salto productivo así, afirmó, “implicaría incorporar unos 20.000millones de dólares por año a los más de 80.000 millones que el sector aporta actualmente al PBI.

Sin embargo, Pino aclaró que el crecimiento de la producción del agro ya no podrá sostenerse en parámetros del pasado. “La expansión de la frontera agrícola tiene límites ambientales, sociales y económicos. El futuro agroalimentario global dependerá de producir mejor, con mayor eficiencia en el uso de agua, tierra, insumos, energía y conocimiento”, afirmó. Es además una imposición, explicó, porque “los mercados internacionales, los consumidores, los sistemas de financiamiento y las cadenas globales de valor incorporan de manera creciente criterios vinculados a huella de carbono, uso responsable de recursos, deforestación, bienestar animal, inocuidad y trazabilidad”. En ese contexto, remató, “quienes puedan demostrar mejores estándares accederán a más mercados y mejores oportunidades”.

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