
El INDEC divulgó esta semana una serie de datos relevantes sobre actividad económica, ingresos y consumo. Son registros que no deberían ser leídos linealmente, pero que exponen su sentido inquietante para el Gobierno, más allá del discurso. En todo caso, el impacto puede ser advertido en el mensaje informal del oficialismo. “La macro todavía no se siente en la micro”, es una de las fórmulas elegidas a modo de reconocimiento parcial de esa realidad. Una manera de decir que los números “grandes” de la economía están bien encaminados, pero no mejoran el bolsillo de la gente. Aún si el primero de esos términos fuera tomado como cierto en toda su dimensión, sería un modo de recrear la idea del efecto “derrame”, parte central de un imaginario repetido no sólo en el mundo de la economía.
El tema no asoma en estos días como debate de fondo, que tiene archivo de sobra. El punto, ahora, es lo que estaría exponiendo más como necesidad que como concepto cuando la política va entrando de manera visible en el camino electoral. El plan reeleccionista de Javier Milei es la expresión más nítida del oficialismo -ayudado además por el fragmentado panorama opositor- y eso aumenta la demanda sobre la economía, a la par de las negociaciones con gobernadores y espacios dialoguistas para anotar resultados legislativos.
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Las estadísticas oficiales conocidas esta semana alimentan esa visión macro-micro en las filas políticas del oficialismo, un modo de asimilar que la economía no “sube” al menos en la velocidad pronosticada por alguna frase presidencial. Los informes del INDEC incluyeron el siempre matizado EMAE -el Estimador Mensual de Actividad Económica-, la marcha de los salarios y cifras de consumo. Todo, sobre mayo. Algunos trabajos privados añadieron pinceladas sobre junio.
El EMAE exhibió la afirmación de ciertas tendencias más a allá de que el promedio resulte positivo o negativo. En mayo, expuso una variación interanual del 0,2% y una caída del 0,5% respecto del mes anterior. Y repitió una foto que ya es película: marcó crecimiento de rubros como la actividad minera (15,6%) y mostró datos para abajo en renglones de mayor ocupación de mano de obra, empezando por la industria (-5,6%) y el comercio (-4,3%).
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Por supuesto, Economía buscó hacer una lectura descargada de contradicciones y más bien por la positiva. Frente a las vueltas para interpretar números, entre economistas suelen repetir con acidez que toda estadística puede ser apretada hasta que “confiese” lo que uno quiere. Pero el punto, en lo que hace a la inquietud que se advierte incluso en el oficialismo, es que no se trata de un único registro.
La relación entre evolución de ingresos y marcha de los precios también da para abordajes variados, aunque en ningún caso para interpretaciones cerradas sobre recomposición sostenida, como se difunde desde la vocería presidencial y desde Economía. El informe del INDEC señala que el promedio salarial de mayo anotó un 2,2%, es decir, una décima por encima del índice de precios del mismo mes. Aún tomando ese índice global, el mes a mes muestra que en enero y febrero perdió frente al IPC, en marzo empató y en abril y mayo superó a la inflación. Eso, sin contar pérdidas anteriores.
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Existen además por lo menos dos elementos a tener en cuenta. El primero: ese índice total de salarios incluye trabajo registrado (privado y público) e informal, en base a la encuesta del organismo. Y lo que en general mejora el número es el empleo en negro. El segundo: el sector registrado mostró en mayo una variación del 1,8%, por debajo del 2,1% de inflación del mismo mes. En enero, febrero y marzo había ocurrido lo mismo. Y en abril superó al IPC, algo que no marcó un giro de tendencia.
En paralelo, corren los informes oficiales sobre consumo. En mayo, tanto los supermercados como los mayoristas mostraron mejoras respecto del mes anterior (0,9% y 2,3%, en ese orden), pero con resultados negativos en la medición interanual y en el acumulado del año, en torno a los 3 puntos.
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Hay dudas entre los privados sobre lo que sigue. Por lo pronto, según Scentia, fue anotada en junio una caída en el consumo masivo. Y los datos que trascienden sobre actividad económica no parecen diferentes respecto de la estadística oficial de los meses previos.
Está claro que estos números no saldan por sí solos el contrapunto entre macro y micro, tomado como visión libertaria. Con todo, alcanza para registrar un fenómeno habitual en la medida que se abre el tiempo electoral: el aumento de la demanda política en el interior de los oficialismos. Y a la vez, para evitar expectativas restringidas a la economía, exige protagonismo político.
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En eso está el oficialismo, tratando de revertir un cuadro particular. La necesidad de recuperar agenda fue de la mano con el largo deterioro provocado por el caso Adorni, que posiblemente en agosto anote un nuevo capítulo judicial. El Mundial corrió el foco de la política en general y el fin del clima futbolero excluyente vuelve sobre el mismo escenario.
Es llamativo y podría decirse que con los mismos reflejos, el oficialismo retomó la rutina con una nueva foto de “unidad”. El martes, reunió a su “mesa política” y la postal difundida de inmediato mostró sonrisas generalizadas, con Karina Milei, Santiago Caputo y Eduardo “Lule” Menem compartiendo el centro. El recurso, gastado, exhibe en espejo que las disputas domésticas siguen siendo un problema grave, lejos de ser superado o contenido.
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Las tensiones surgen a veces de manera sorpresiva. La última fue protagonizada por Adrián Ravier, que produjo fuerte malestar en Economía con sus afirmaciones sobre una posible anotación del dólar entre 1.700 y 1.800 pesos en los próximos meses. Tocó un tema sensible, que no está fuera del radar del mundo económico, pero que no tiene lugar en el discurso del Gobierno.
En la mezcla de política y economía, las conversaciones para tratar proyectos del Ejecutivo en agosto vuelven a anotar a Luis Caputo en lugar destacado. Las tratativas a cargo de Diego Santilli -bajo la mirada de Karina Milei- siguen girando en torno de la reforma electoral -con la eliminación de las PASO a la cabeza- y van añadiendo temas, entre ellos el segundo capítulo de Inocencia Fiscal, reclamado especialmente por Economía. La semana que viene va a agregar la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.
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Del mismo modo, operan las idas y vueltas para definir el juego entre la elección nacional y los comicios provinciales. El Gobierno deja trascender listas de provincias con posibles acuerdos entre LLA y los jefes provinciales -básicamente, con la idea de trabajar por la reelección presidencial y las reelecciones locales-, pero a veces modifica ese listado o hace menos llano el terreno. Es parte de la lógica para no “regalar” nada, al menos antes de tiempo. La contracara son los recelos provinciales. Y por eso mismo, parte de lo que se negocia es medido en moneda contante. Lo exponen algunos registros sobre fondos discrecionales o atención de demandas específicas, como las vinculadas a cajas jubilatorias.
El Congreso, en tanto, transita días de vacaciones de invierno. El listado del oficialismo es extenso, sobre todo en el Senado: la postergada inviolabilidad de la propiedad privada, ley Hojarasca, RIGI II, régimen de zonas frías y, por supuesto, reforma electoral. El Gobierno prefirió enviar Inocencia Fiscal II a Diputados, con menos carga previa. De todos modos, realimentó versiones sobre la tensión con Patricia Bullrich. Otra vez, las internas y el arrastre de temas en el Congreso. Todo, camino a ser un clásico violeta.
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