El régimen de Irán intensificó las ejecuciones bajo la sombra de la guerra en Medio OrienteEl director de Iran Human Rights sostuvo que la reanudación de la guerra puede ser utilizada para aumentar el asesinato de opositores, y estimó que cientos de detenidos enfrentan cargos con pena capital

La ejecución de Vahid Baniamerian y otros cinco acusados en Irán se produjo sin previo aviso para sus familias, quienes se enteraron por noticias en medios estatales iraníes que el Tribunal Supremo revisaría la sentencia de muerte.

Un familiar cercano, que pidió anonimato por seguridad, relató su desconcierto: “No dieron ninguna advertencia. Ni siquiera el abogado lo sabía”. Para esa persona, “era completamente ilegal, incluso según sus propias leyes opresivas”.

Las autoridades iraníes mantienen una política de ejecuciones que, según organismos de derechos humanos, busca intimidar a la sociedad e impedir nuevas protestas. En lo que va del año, se dictaron decenas de ejecuciones de presos políticos, manifestantes y supuestos miembros de organizaciones prohibidas.

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Irán intensificó la aplicación de la pena capital, especialmente desde el final de la primera fase de la guerra con Estados Unidos e Israel. La situación interna se tensó aún más tras la muerte del ex líder supremo Ali Khamenei y la llegada de su hijo Mojtaba, quien aún no apareció públicamente desde el deceso de su padre, el 28 de febrero de 2026.

Las ejecuciones se realizan en un contexto de fragilidad política y represión creciente. Organizaciones como Iran Human Rights (IHR) alertan del peligro de que, tras la ruptura del alto el fuego, el régimen aumente la persecución y eliminación de opositores mediante la pena de muerte.

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Una mujer al lado de un mural con el retrato del ex líder supremo iraní Ali Khamenei, en Teherán, el 18 de julio del 2026 (AP foto/Vahid Salemi)

Mahmood Amiry-Moghaddam, director de IHR, advirtió: “Con la ruptura del alto el fuego y la reanudación de la guerra, nos preocupa profundamente que las autoridades aprovechen la situación para intensificar la ejecución de presos políticos”.

El organismo calcula que cientos de detenidos por cuestiones políticas y manifestantes enfrentan cargos que podrían llevarlos a la horca. De ellos, cerca de 100 ya tienen sentencia de muerte, incluidos más de 70 reclusos en la prisión de Dastgerd, en Isfahán.

La organización exige a la comunidad internacional, y en especial a la Unión Europea, que pongan como condición central en cualquier diálogo con Irán una moratoria inmediata de las ejecuciones. “La comunidad internacional… debe convertir la moratoria inmediata sobre las ejecuciones en un tema central” de cualquier negociación, remarcó Amiry-Moghaddam.

Desde el inicio de la guerra, IHR documentó que 24 personas fueron ahorcadas por participar en protestas recientes y otras dos por movilizaciones anteriores. Además, 13 hombres fueron ejecutados por supuestos vínculos con el Muyahidines del Pueblo (MEK) y otros grupos prohibidos, mientras que 10 personas fueron ahorcadas bajo acusaciones de espionaje.

En la imagen se ve una soga mientras los simpatizantes del Consejo Nacional de Resistencia de Irán se reúnen en Berlín (Alemania), el 14 de noviembre de 2024, para protestar contra la pena de muerte en su país de origen y para pedir que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica sea declarado organización terrorista (REUTERS/Lisi Niesner)

Las autoridades justifican las condenas al afirmar que los ejecutados participaron en ataques mortales contra fuerzas de seguridad o edificios públicos. Sin embargo, las ONG denuncian torturas y juicios sumarios con graves irregularidades procesales.

IHR subraya que, aunque los casos mediáticos concentran la atención internacional, la mayoría de ejecuciones en Irán no son por motivos políticos sino por delitos relacionados con drogas o asesinatos. Según Amnistía Internacional, en el último año el país volvió a ocupar el segundo lugar mundial en número de ejecuciones, solo detrás de China, con más de 2.150 personas ejecutadas.

En la prisión de Ghezel Hesar, en Karaj, los reclusos iniciaron una sentada para protestar por los ahorcamientos de compañeros acusados de narcotráfico. En videos difundidos en redes sociales, se les ve fuera de sus celdas coreando “no a la ejecución”.

Un comunicado de los propios presos, citado por la agencia AFP, preguntaba: “¿En qué otro lugar del mundo se le quita la vida a una persona por un primer error?”. Según ellos, muchos cometieron delitos “simplemente para poder cubrir sus necesidades básicas”.

Ghezel Hesar

De acuerdo con su familia, Vahid Baniamerian, de 34 años, era “una persona amable y humilde” desde niño. “Tenía un gran sentido de la responsabilidad. Siempre quería ayudar”, recordaron sus allegados. Incluso en prisión, intentó mantener el ánimo de sus compañeros y logró sacar clandestinamente un mensaje de audio para su madre. “Me despedí de ti sin saber lo que me deparaba el futuro”, relató en referencia a su último encuentro. Un video también sacado de la cárcel lo mostraba cantando una canción patriótica poco antes de su ejecución. En el momento de ser llevado al aislamiento, Baniamerian alentó a los demás: “No lloren delante del enemigo. Estamos orgullosos de lo que hacemos”, expresó según su familiar.

El caso de Baniamerian y los de los cientos de personas que esperan la horca en Irán reflejan el uso sistemático de la pena de muerte como herramienta de control social y político por parte del régimen, según coinciden organizaciones internacionales y familiares de las víctimas.

(Con información de AFP)

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