Ese dorado objeto de deseo: historia, materiales y diseño de la Copa del Mundo, que gane quien gane seguirá en Zurich

La Copa del Mundo actual, obra de Silvio Gazzaniga, mide 36,5 centímetros y contiene cinco kilos de oro de 18 quilates y dos capas de malaquita (Créditos foto: Reuters).

Esta tarde, a las 16 horas (hora argentina), el seleccionado nacional y España van a disputar una nueva final de la Copa del Mundo en Nueva York, Estados Unidos. Se trata de la edición número 24 desde la primera que tuvo lugar en 1930 en Uruguay. Y sería la número 27, si no fuera por el hecho de que lo que debían ser las Copas de 1942 y 1946 no se jugaron, pues se estaba desarrollando la Segunda Guerra Mundial. Pero pase lo que pase hoy (esperemos el resultado que todos deseamos -anuló mufa-), ninguno de los dos seleccionados va a regresar a su país con ella. Va a seguir en Zurich, Suiza.

La Copa del Mundo es uno de los grandes símbolos del fútbol global. Desde la primera edición en Montevideo, el trofeo acompañó los cambios del deporte y de la historia política del siglo XX. Uruguay, anfitrión en 1930, alzó la copa y repitió el logro veinte años después en Brasil. A lo largo de las décadas, el trofeo atravesó guerras, dictaduras y episodios de robo, y se transformó en un objeto de leyenda.

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Las primeras ediciones del Mundial reflejaron las tensiones políticas y sociales de su tiempo. En 1934, la Italia de Benito Mussolini organizó el torneo y el equipo local se consagró campeón con la ayuda de cuatro futbolistas argentinos nacionalizados: Luis Monti, Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Atilio Demaría. Mussolini, según la crónica, amenazó en el vestuario con fusilar al plantel si no conseguían la victoria. Monti ya había jugado la final de 1930 para Argentina, que perdió ante Uruguay. Francia fue sede de la edición de 1938, con Italia otra vez campeón, en un contexto internacional cada vez más inestable.

Robo copa Jules Rimet

Pero en la historia de la Copa Mundial existieron solo dos trofeos oficiales. El primero, la Copa Jules Rimet, homenajeó al presidente de la FIFA, Jules Rimet, y fue obra del escultor Abel Lafleur. Medía 35 centímetros de altura, pesaba 3,8 kilos y representaba a la diosa Nike sosteniendo una copa octogonal. La base, confeccionada en lapislázuli, llevaba placas de oro con los nombres de los campeones. La FIFA dispuso que quien ganara el torneo tres veces, se quedaría con el trofeo para siempre.

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Brasil alcanzó ese logro tras sus títulos de 1958, 1962 y 1970. En México, el equipo liderado por Pelé brilló con un contundente 4-1 sobre Italia en la final. Inglaterra, anfitrión en 1966, ganó ese año, pero la Jules Rimet desapareció antes del torneo y un perro llamado Pickles la encontró entre arbustos. Ya en poder de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), la copa fue robada en 1983 y nunca reapareció.

Robo en Brasil: ¿Por un argentino?

El robo de la Copa Jules Rimet en Brasil marcó uno de los capítulos más oscuros de la historia del trofeo. Un grupo de delincuentes ingresó a la sede de la CBF en Río de Janeiro y se llevó la copa que Brasil había ganado en propiedad. El detective Miguel Murilo condujo la investigación y logró identificar a los autores materiales del robo: José Luiz Vieira (“Bigote”) y Francisco Rocha (“Barba”). Ambos señalaron como autor intelectual al argentino Juan Hernández, un reconocido fundidor y vendedor de oro en Río de Janeiro. Murilo interrogó a Hernández, quien nunca admitió el delito, aunque fue condenado a prisión.

El detective relató que le dijo a Hernández que para los brasileños era una bofetada que un argentino hubiera convertido la copa en lingotes de oro, y que en ese momento Hernández esbozó una sonrisa, lo que consideró lo más cercano a una confesión. Todo indica que el trofeo fue fundido y vendido poco después del robo; nunca se recuperó ninguna de sus partes. La CBF encargó una réplica, mientras la base original quedó en manos de la FIFA.

Nueva copa

A partir del triunfo brasileño de 1970, la FIFA organizó un concurso para crear un nuevo trofeo. El escultor italiano Silvio Gazzaniga diseñó la Copa del Mundo actual: dos figuras humanas alzan el planeta. El trofeo mide 36,5 centímetros, pesa 6,17 kilos, contiene cinco kilos de oro de 18 quilates y su base, de 13 centímetros de diámetro, lleva dos capas de malaquita, una piedra semipreciosa de tonos verdes. El diseño remite a paisajes naturales y a la forma curva de la tortuga Manuelita, creación de María Elena Walsh. En la base metálica se imprimen los nombres de los campeones desde 1974.

La FIFA conserva el trofeo original en su sede de Zurich. El equipo campeón recibe una réplica de bronce enchapado en oro, llamada “Trofeo del Ganador de la Copa Mundial”. Esta política busca evitar nuevos robos y preservar la pieza auténtica, tras la amarga experiencia con la Jules Rimet. La copa actual no solo es símbolo de triunfo, sino también de arte y riqueza material.

En la tabla histórica, Brasil lidera con cinco títulos (1958, 1962, 1970, 1994, 2002). Alemania e Italia suman cuatro conquistas cada uno (Alemania: 1954, 1974, 1990, 2014; Italia: 1934, 1938, 1982, 2006). Argentina (1978, 1986, 2022), Francia (1998, 2018) y Uruguay (1930, 1950) acumulan dos, pese a ello en su camiseta celeste tienen bordadas cuatro estrellas. Inglaterra (1966) y España (2010) integran el grupo selecto de campeones. Desde 1974, los nombres de los ganadores se inscriben en la base de la copa.

Los equipos campeones reciben una réplica bañada en oro, mientras el trofeo original nunca sale de la sede de la FIFA en Zurich. (Créditos foto: Reuters).

El diseño de Gazzaniga se destaca por su combinación de materiales nobles. El oro de 18 quilates aporta valor y resistencia, mientras la malaquita proporciona identidad y una conexión visual con la tierra. La política de réplicas permite que cada campeón conserve un recuerdo físico de su logro, sin que el trofeo central abandone jamás Zurich.

El recorrido de la Copa del Mundo incluye amenazas de dictadores, robos, desapariciones y la intervención de escultores célebres. Desde la diosa Nike de la Jules Rimet hasta las figuras humanas que sostienen el planeta en la versión actual, la copa ha sido testigo de episodios dignos de novela policial y de las mayores alegrías del fútbol. Hoy, mientras Argentina y España buscan el título en Nueva York, el trofeo más deseado seguirá bajo resguardo suizo.

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