La segunda jornada de la 138a. Exposición Rural de Palermo, acompañada por una llovizna intermitente que por momentos ganó intensidad, comenzó a mostrar el ritmo característico de la muestra. Mientras en las pistas los cabañeros ultimaban detalles de los animales que competirán la próxima semana y los pasillos de maquinaria se llenaban de productores interesados en las últimas tecnologías, uno de los mayores focos de atención estuvo en las conferencias técnicas.
Entre ellas, sobresalió el panel sobre los desafíos de las cadenas de carnes para la próxima década, organizado en el Centro de Capacitación y Negocios del Agro, donde especialistas analizaron el escenario que enfrentan las proteínas animales y las oportunidades que se abren para la Argentina.
El consenso fue claro: el crecimiento de la población mundial, la evolución de los hábitos de consumo y las restricciones productivas que enfrentan varios competidores internacionales abren una ventana inédita para que la Argentina fortalezca su posición como proveedor de carnes de calidad.
Uno de los expositores fue Víctor Tonelli, analista ganadero e integrante de la Comisión de Carnes de la Sociedad Rural Argentina (SRA), quien sostuvo que el país tiene la posibilidad de dejar de competir únicamente como un proveedor de commodities para avanzar hacia un esquema basado en productos de mayor valor agregado.
“La Argentina tiene hoy la oportunidad y probabilidad de pasar de un commodity a un specialty, a una carne de calidad, con valor para mercados nicho que claramente cada vez van a tener mayor crecimiento y menos oferta disponible”, afirmó.
Según explicó, el desafío pasa por incorporar sistemas objetivos de clasificación de la carne que permitan reconocer atributos valorados por los consumidores, como la jugosidad, la terneza y el marmoleo, características que en los mercados más desarrollados determinan diferencias importantes de precio.
En ese sentido, recordó la experiencia de países como Australia y Estados Unidos, donde la clasificación permitió transformar el negocio y estimular la producción de carne premium. “Australia y Estados Unidos vienen marcando de una manera espectacular ese camino y pasaron de tener carne no clasificada a prácticamente hoy un 97% de carne clasificada”, destacó.
Para Tonelli, el país parte con ventajas competitivas difíciles de igualar. “Esto es extraordinario para la Argentina, que tiene hoy probablemente una de las mejores selecciones genéticas del mundo, clima, suelo, productores, técnicos”, señaló.
El especialista también sostuvo que el rodeo ingresó definitivamente en un proceso de retención de vientres, etapa que, si bien reducirá la oferta de hacienda en el corto plazo, permitirá recuperar el stock y mejorar la producción futura. “Ya, claramente, caímos 9% de los volúmenes faenados; todos esos aspectos marcan que entramos en un ciclo de retención clara”, indicó.
A su juicio, este proceso coincide con un contexto internacional de menor disponibilidad de carne, lo que favorecerá una mejora sostenida de los precios. “Los procesos de recuperación de volúmenes van a ser lentos. Claramente, la oferta disponible para una exportación creciente va a ser baja y, en consecuencia, los precios van a ser muy altos”, explicó.
En ese escenario, Tonelli remarcó que el principal desafío será mantener reglas de juego estables que incentiven las inversiones. En ese sentido, se mostró conforme con el rumbo de la política agropecuaria actual y dijo que no imagina un regreso de las restricciones a las exportaciones o de mecanismos discrecionales como las “cuotitas para los amigos” que, según recordó, marcaron otros períodos. “Solo queda acelerar, solo queda trabajar para invertir, mejorar, aplicar tecnologías y si es posible poner en el segundo piso a la ganadería argentina”, expresó.
Incluso, se mostró optimista respecto del panorama general del negocio. “Solo veo oportunidades, una ganadería floreciente y, como se dice en la jerga, la mesa está servida”, resumió.
La visión optimista también fue compartida por Daniel Fenoglio, presidente de la Federación Porcina Argentina, quien observó una oportunidad creciente para el sector a partir de las limitaciones ambientales y regulatorias que enfrenta la producción europea.
Según explicó, varios países comenzaron a reducir su producción por cuestiones vinculadas con la sustentabilidad y el impacto ambiental, situación que podría abrir espacio para nuevos proveedores. “Eso genera de forma indirecta una gran oportunidad para los países productores del hemisferio sur”, afirmó.
Fenoglio señaló que ese interés ya comenzó a reflejarse en consultas e inversiones potenciales. “Ya hay empresas europeas y algunas americanas revoloteando por la Argentina, estudiando un poco las posibles inversiones de producción porcina”, sostuvo.
En paralelo, destacó el crecimiento sostenido del consumo interno de carne de cerdo durante las últimas dos décadas: “Venimos creciendo un 5% por año hace 20 años prácticamente. Pasamos de 4 kg per cápita por año a 20 kilos”.
Para el dirigente, lejos de competir con la carne vacuna, ambas cadenas pueden desarrollarse de manera complementaria. “No queremos ir en contra del vacuno, sino complementarlo. El vacuno se tiene que exportar mientras que la carne de cerdo es la que combate la inflación y complementa al vacuno. Es nuestra estrategia de marketing”, señaló.
Además, resaltó una ventaja estratégica que comparten la Argentina y Brasil: el estatus sanitario: “La Argentina es libre de todas las enfermedades de declaración obligatoria en el mundo del cerdo”.
El tercer integrante del panel fue Franco Santángelo, presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), quien aseguró que el crecimiento también puede alcanzar a la carne aviar: “El mercado da para que las tres carnes crezcan”. Según explicó, las restricciones comerciales derivadas de la influenza aviar obligaron en los últimos años a colocar una mayor cantidad de pollo en el mercado interno, que respondió con una absorción superior a la esperada.
Al mismo tiempo, consideró que el verdadero potencial de expansión está en las exportaciones, aunque para eso será necesario mejorar la competitividad y realizar inversiones. “La tarea pendiente es poder exportar. El mundo busca comprar y nosotros tenemos agua, tenemos maíz, tenemos soja, tenemos campo para que se produzcan los cereales que consumimos”, afirmó.
No obstante, advirtió que el crecimiento requerirá modernizar buena parte de la infraestructura productiva: “Tenemos un 30% de granjas que hay que mejorar o cambiarlas directamente y lo que queramos crecer tiene que ser con granjas nuevas”.
Más allá de las particularidades de cada actividad, el mensaje que dejaron los tres especialistas fue coincidente. La demanda global de proteínas animales seguirá creciendo en los próximos años y la Argentina cuenta con recursos naturales, disponibilidad de granos, genética, conocimiento técnico y un sólido estatus sanitario para transformarse en un actor cada vez más relevante en ese mercado.
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