En la costa de Den Helder, municipio de los Países Bajos, dos embarcaciones negras vigilan a distancia un buque objetivo. Defender 1 y Defender 2 se mueven sin tripulación a bordo y sus trayectorias quedan definidas por un sistema informático central. Según informó el diario británico The Guardian, este despliegue marca el inicio de una etapa en la que los sistemas autónomos transforman las operaciones de las fuerzas armadas neerlandesas.
El capitán de navío Sjoerd Feenstra, responsable del centro de excelencia en sistemas no tripulados de la Marina Real Neerlandesa, lidera una misión experimental de cinco semanas para conocer los alcances de esta tecnología. Su meta consiste en lograr que, en menos de una década, toda embarcación tripulada navegue siempre acompañada por plataformas autónomas.
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“En unos 10 años, existirán plataformas tripuladas rodeadas por un anillo de sistemas no tripulados que operarán de la forma más autónoma posible”, declaró Feenstra, citado por el medio británico.
Laboratorio marítimo para la innovación tecnológica

El GeoSea, antes dedicado a la vigilancia del lecho marino en parques eólicos, sirve ahora como base flotante para ensayos. Allí se prueban los drones “Noa”, embarcaciones Defender y un sistema de mapeo de minas submarinas desarrollado por Lobster Robotics. Este “sistema de sistemas” permite que se intercambien componentes conforme surgen nuevas tecnologías, según explicó Feenstra.
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El presupuesto militar neerlandés prevé que más de la mitad de sus operaciones utilicen sistemas no tripulados dentro de los próximos cinco años. El Reino Unido planea invertir más de 5.000 millones de libras esterlinas (unos 6.741,55 millones de USD) en capacidades similares, de acuerdo con The Guardian. Los vehículos submarinos, embarcaciones y drones sin tripulación se incorporan en conflictos y tareas de vigilancia en todo el mundo.
Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, los drones participan activamente en escenarios reales. En operaciones recientes, la Armada estadounidense empleó buques no tripulados en el Golfo Pérsico y en la región de Oriente Medio, mientras que los drones figuran en ataques de Irán.
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Seguridad, eficiencia y nuevos desafíos
La Marina Real Neerlandesa prioriza la protección del personal mediante la automatización de tareas peligrosas. “El objetivo es aprovechar al máximo los sistemas no tripulados para mantener a la gente fuera de las zonas de peligro”, señaló Feenstra. El capitán remarcó que el trabajo naval requiere rapidez, análisis de datos y capacidades técnicas cada vez más exigentes.

Al recibir la orden de vigilar un barco, las embarcaciones Defender ejecutan la misión, acompañadas por dos drones Noa de fibra de carbono y otro dron con forma de murciélago que sobrevuela la zona. Esta combinación tecnológica minimiza la exposición de los marineros a situaciones de riesgo y permite supervisar áreas amplias durante largos periodos.
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Reflexión ética y cooperación internacional
El debate sobre la ética de los sistemas autónomos en defensa se remonta a décadas. Desde hace más de 40 años, los Países Bajos utilizan el sistema de defensa antiaérea Goalkeeper, capaz de operar de forma autónoma. “Incluso cuando se elabora un plan o se recopila la información, algo puede salir mal. La cuestión es dónde recaerá la responsabilidad si se automatiza todo”, recordó Feenstra.
El contexto demográfico influye en la estrategia neerlandesa. La escasez de mano de obra favorece la autonomía, pero el modelo holandés inspira a países que cooperan en la seguridad del mar del Norte y el mar Báltico.
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Lee Willett, analista naval, opinó que “los holandeses tienen una capacidad superior a la que cabría esperar. Además, están mejorando sus capacidades porque reconocen que su armada es relativamente pequeña en una región del mundo de suma importancia”, según recogió The Guardian.
Por su parte, Sidharth Kaushal, investigador principal del Royal United Services Institute de Londres, explicó que la tendencia apunta al uso de sistemas autónomos, ya que permiten reducir el tiempo en el mar y facilitan el equilibrio entre la vida profesional y familiar de las tripulaciones. Los sistemas no tripulados no eliminan la necesidad de personal, pero modifican la relación entre tecnología y recursos humanos: “Se suelen necesitar más ingenieros, pero ofrecen un equilibrio diferente en lo que respecta a la vida familiar”.
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