SANTA FE.- Otra vez el clima provocó un fuerte deterioro en la producción hortícola del Gran Santa Fe. Las 1200 hectáreas del cordón de quintas al norte de la capital, que hace tres meses se inundaron por las intensas lluvias ocasionando una merma casi total de verduras de hoja y hortalizas, esta vez recibieron cerca de diez heladas consecutivas a partir del 26 de junio.
“El frío dañó mucho los cultivos, pero de todas las verduras con daños, la más afectada es la lechuga, que se va tornando amarillenta y pierde calidad. También resultaron perjudicadas la rúcula y la achicoria. Lamentablemente eso hace que la producción que llega actualmente al consumidor de la región, no tenga la calidad que siempre ofrecimos”, dijo en diálogo con LA NACION el presidente de la Sociedad de Quinteros de Santa Fe, Guillermo Beckmann.
Informes a los que tuvo acceso este medio señalan que el cultivo de brócoli registra inconvenientes en los sectores más bajos de la zona hortícola, “donde la escarcha afecta el corazón de la planta y puede echarla a perder”.
Beckmann, que hace más de 30 años preside la entidad que agrupa a los quinteros de la zona, recordó que “las heladas comenzaron el 26 del mes pasado. El impacto más fuerte fue ese fin de semana, pero luego se sucedieron las heladas. En un invierno más riguroso que el del año pasado, estos fríos actuales deterioraron los cultivos”, añadió.

No obstante, Beckmann aclaró que “por suerte, los quinteros ya tenían el 90% de las hectáreas sembradas. Eso significa que aún, cuando el daño es evidente, todavía queda mucha producción pendiente. Además, las ventas están tranquilas por razones de consumo”, resaltó.
Ante una consulta, el referente de los quinteros santafecinos admitió que “en estos momentos se vende más papas, batatas, calabazas y zapallo, lógicamente para comidas de invierno”. Desde la misma entidad se indicó que “el frío intenso mantiene paralizado el crecimiento de los cultivos y genera pérdidas en las plantas más sensibles”. También aseguraron que “por el momento” no se esperan faltantes ni incrementos en los precios de las verduras de hoja, ya que la oferta alcanza para cubrir la demanda.
Heladas
Los productores describieron al actual como un invierno más riguroso que el del año pasado y remarcaron que las heladas permanentes impiden el desarrollo normal de las plantas. Esto implica, como medida para reducir los efectos del frío, la utilización de riego para aportar humedad al suelo y estructuras de media sombra que ayudan a disminuir el impacto inicial de la escarcha, aunque el viento helado igualmente provoca daños.
En la charla, Beckmann recordó que las verduras más tiernas son las que peor la están pasando. Por ejemplo: la rúcula está desapareciendo debido a su fragilidad, la achicoria presenta serios problemas y las hojas de la lechuga comienzan a tornarse amarillentas. Incluso el brócoli, una hortaliza típicamente invernal, sufre complicaciones ya que en las zonas bajas la escarcha se asienta con mayor fuerza, llegando a poner negro el corazón de la planta, lo que provoca que se eche a perder”, indicó.

Sin embargo, el referente de la Sociedad de Quinteros llevó tranquilidad a los consumidores al asegurar que el abastecimiento está garantizado y que, por el momento, no se proyectan aumentos en los precios de la verdura de hoja, rompiendo con la lógica habitual de que a menor producción, mayor es el costo.
Según Beckmann, la región está atravesando otro invierno sumamente crudo, superando en intensidad al del año pasado. “Helada tras helada, el frío se va asentando y repercute mucho en la planta; hoy en día el crecimiento está totalmente paralizado”, graficó.
El Niño
Además de las bajas temperaturas, el sector manifestó preocupación por las posibles lluvias asociadas al fenómeno de “El Niño”, que los especialistas auguran comenzará a influir en la región del centro del país a partir de la primavera. En ese marco, los productores hortícolas solicitaron a los municipios de Santa Fe, Recreo y Monte Vera que realicen trabajos de limpieza y mantenimiento de los desagües para facilitar el escurrimiento del agua y reducir el riesgo de inundaciones en las zonas productivas.

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