Alemania comprará misiles Tomahawk a Estados Unidos y los desplegará en su propio territorio, según anunció el jueves el canciller Friedrich Merz ante el Parlamento alemán, tras regresar de la cumbre de la OTAN en Ankara.
El acuerdo, cerrado con el gobierno del presidente Donald Trump, pone fin a meses de incertidumbre y marca un giro en la estrategia de defensa del país. Merz describió la medida como el cierre de “una importante brecha estratégica” en las defensas nacionales.
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Los ministros de Defensa de ambos países suscribieron el martes una carta de intención mediante la cual Washington se comprometió a otorgar antes de agosto la aprobación formal para la venta de los misiles y sus lanzadores terrestres Typhon. La cantidad exacta de unidades adquiridas permanecerá clasificada.
El nuevo esquema difiere del plan negociado bajo la administración Biden, que preveía un batallón estadounidense desplegado en suelo alemán para operar los sistemas. Ahora Berlín asume el control operativo directo, una aspiración que distintos gobiernos habían perseguido desde 2023.
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El Tomahawk integra el arsenal norteamericano desde la década de 1980. Vuela a unos 30 metros del suelo, lo que dificulta su detección por los sistemas de defensa enemigos, y tiene un alcance de alrededor de 1.600 kilómetros (1.000 millas). Alemania lo considera indispensable frente a Rusia, que mantiene proyectiles Iskander en el enclave de Kaliningrado con capacidad de golpear objetivos en varios países de la Alianza.
“Estados Unidos posee capacidades clave de las que en Europa no podemos prescindir”, afirmó el ministro de Defensa, Boris Pistorius, quien calificó la adquisición como “la única manera” de cumplir con los compromisos ante la OTAN en materia de disuasión. La alternativa doméstica, el misil Taurus, cubre apenas 500 kilómetros (311 millas), entre tres y cinco veces menos.
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El camino hasta este entendimiento estuvo marcado por tropiezos. En mayo, Merz sugirió que el plan se cancelaría, citando el agotamiento de arsenales por los conflictos en Irán y Ucrania, y una disputa con Trump sobre la guerra iraní. A eso se sumó el anuncio previo del mandatario de reducir la presencia militar estadounidense en suelo germano.
La cumbre de Ankara revirtió ese escenario. Merz afirmó que las reuniones “superaron sus expectativas” y que el pacto se alcanzó al margen de las sesiones formales.
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En paralelo, el Reino Unido anunció el miércoles que una docena de aliados de la OTAN destinarán conjuntamente alrededor de 50.000 millones de dólares en la próxima década para desarrollar armamento de ataque de precisión de largo alcance. Berlín planea aportar aproximadamente la mitad de ese monto.
Pistorius detalló que el grupo “desarrollará misiles de crucero de largo alcance y vehículos hipersónicos de planeo, y adquirirá drones de largo alcance disponibles en el mercado”. La compra de Tomahawk opera, en ese esquema, como un puente que cubre el vacío de capacidades mientras Europa construye sus propios sistemas.
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(Con información de AFP, Associated Press y Reuters)
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