El Reino Unido anunció este lunes un nuevo paquete de sanciones contra siete ciudadanos rusos y dos institutos científicos a los que responsabiliza de haber participado en el desarrollo de armas químicas empleadas en ataques atribuidos a Moscú, entre ellos el envenenamiento del opositor Alexéi Navalny y el intento de asesinato del ex agente de inteligencia Serguéi Skripal en territorio británico. Londres sostuvo que las medidas apuntan a quienes intervinieron en un programa de armas químicas que calificó como “ilegal” y contrario a las obligaciones internacionales asumidas por Rusia.
Las restricciones fueron comunicadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores británico, que identificó entre los sancionados a científicos y altos funcionarios vinculados con investigaciones sobre el agente nervioso Novichok y la toxina Epibatidine. De acuerdo con el Gobierno británico, ambas sustancias fueron utilizadas en operaciones que provocaron víctimas dentro y fuera de Rusia.
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Entre los alcanzados por las sanciones figuran Artur Zhirov, Andrei Antokhin, Sergei Chepur, Vladimir Kondratyev, Aleksandr Makhlay, Ivan Kravstov y Viktor Taranchenko. También fueron incluidos el instituto estatal SC Signal y el Instituto Estatal de Investigación y Pruebas de Medicina Militar (GNIII VM), señalados por Londres como entidades involucradas en el desarrollo y la investigación de agentes químicos prohibidos.
El Ministerio británico afirmó que estas personas y organismos participaron en la producción y estudio de sustancias tóxicas cuyo uso está vetado por la Convención sobre las Armas Químicas. Además recordó que en octubre de 2020 ya había impuesto sanciones contra el Instituto Estatal de Investigación de Química Orgánica y Tecnología (GosNIIOKhT), donde trabaja Vladimir Kondratyev.
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Según la información difundida por el Gobierno británico, Kondratyev fue coautor de un estudio sobre las propiedades tóxicas de la Epibatidine, mientras que Antokhin y Taranchenko estuvieron relacionados con investigaciones sobre el agente nervioso Novichok.
La secretaria británica de Relaciones Exteriores, Yvette Cooper, sostuvo que “el uso reiterado de armas químicas por parte de Rusia constituye una repugnante violación del derecho internacional y una amenaza directa para la seguridad global”.
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La funcionaria agregó que “desde el uso del agente nervioso Novichok en Salisbury hasta la Epibatidine en Siberia, que envenenó a Dawn Sturgess y Alexéi Navalni, Rusia sigue utilizando herramientas bárbaras para causar muerte y sufrimiento a civiles inocentes, también en Ucrania”.
El caso de Navalny continúa siendo uno de los principales puntos de fricción entre Londres y Moscú. El Reino Unido sostiene que la toxina Epibatidine fue utilizada contra el dirigente opositor, fallecido en 2024 mientras permanecía detenido en una colonia penal situada en el Ártico ruso. Las autoridades rusas rechazan esa versión.
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El Novichok también ocupa un lugar central en las acusaciones británicas. Ese agente nervioso fue empleado, según Londres, en el ataque perpetrado en 2018 en la ciudad inglesa de Salisbury contra el exespía ruso Serguéi Skripal y su hija Yulia. Ambos sobrevivieron tras permanecer hospitalizados en estado crítico, pero meses después la británica Dawn Sturgess murió tras entrar en contacto con un recipiente que contenía restos de la sustancia.
El anuncio de las sanciones coincidió con un nuevo episodio de tensión militar entre ambos países. El Ministerio de Defensa británico informó que cazas F-35 despegaron desde el portaaviones HMS Prince of Wales para interceptar un avión ruso Bear-F de patrulla marítima que, según Londres, se aproximó al grupo naval británico mientras desarrollaba operaciones de la OTAN en el mar de Noruega.
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De acuerdo con el comunicado oficial, la aeronave rusa voló “a baja altitud e innecesariamente cerca” del portaaviones y lanzó varias sonoboyas en sus inmediaciones, dispositivos utilizados para detectar submarinos mediante sistemas de sonar.
“Esta actividad fue insegura y poco profesional”, afirmó el Ministerio de Defensa británico. La cartera agregó que los cazas británicos escoltaron al avión ruso “hasta que abandonó el área”, en un nuevo episodio de fricción entre ambos países en el norte de Europa.
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